
«La evolución es para todos, cada uno en su momento y a su propia hora. Nada es casualidad. Todos tenemos un momento exacto para el llamado, para el despertar; y si estás aquí buscando profundizar en estos temas, ten la certeza de que una chispa se está encendiendo dentro de ti y estás buscando evolucionar.»
Desde el momento en que desarrollas la capacidad mental de tomar el control de tu propia vida, adquieres también el poder de controlar todo lo que te rodea. Es ahí donde nace la fuerza para transformar tu realidad por completo y dar un auténtico salto cuántico en cada área de tu existencia. Si tienes estas páginas en tus manos, es porque estás metido de lleno en esa búsqueda, y este libro está hecho para empujarte a cruzar esa línea.
El objetivo de este contenido es directo y sin rodeos: sacudirte para que descubras y forjes tu mejor versión. A lo largo de estas páginas encontrarás contenido diseñado para romper patrones mentales, confrontar lo que no sirve y entregarte herramientas prácticas de transformación. Temas que van a impactar tu mentalidad, que te van a exigir acción y que te mostrarán el camino real para conquistar tu máximo potencial.

«Desde el momento en que desarrollas la capacidad mental de controlar tu propia energía, eres capaz de controlar cualquier cosa a tu alrededor.»
La energía es una frecuencia vibracional que está en todos los rincones, impregna a todos los seres vivos de esta tierra y puede ser manipulada por la consciencia humana, a partir del momento en que la consciencia humana logra tener el control de sí misma. Para que así pueda controlar la propia energía de su cuerpo y, después, tener la condición de controlar la energía a su alrededor.
A partir del momento en que logras tener las condiciones mentales para controlar tu propia energía, vas a conseguir controlar cualquier cosa a tu alrededor...

«El verdadero manipulador de energía logra avanzar cuando se sale afuera y no se queda atrapado en un sistema de creencias repetitivo, que le estorba para poner en movimiento su vida...»
Aprender a desaprender, ese es el punto principal. ¿Qué es aprender para desaprender?
Cuando una persona aprende durante toda su vida un sistema de creencias, una forma de pensar, una manera de generar la vibración, la frecuencia o lo que sea en su vida, y de repente entiende que aquello que estaba viviendo, creyendo y defendiendo no coincide con la verdad; cuando logra entender que la verdad es más amplia y se da cuenta de que la verdad le está siendo transmitida a través de la percepción de otras personas, ahí está el camino difícil...
Desaprender lo que se aprendió a lo largo de la vida es muy difícil. Porque el sistema de creencias es complicadísimo: se queda ahí todo el tiempo entorpeciendo nuestra vida.
Por eso, el hábito de hablar con muletillas como «¿no?», «este...», «o sea», «pues» —lo que llamamos vicios del lenguaje— demuestra lo difícil que es para una persona tomar consciencia de lo que dice y lo difícil que resulta romper con eso.
Imagínate entonces los sistemas de creencias de todo tipo con los que venimos cargados desde que somos pequeños.
Es difícil para la consciencia humana lograr percibir, entender y mejorar la situación a través de un sistema de percepción más amplio.
La mente de un manipulador tiene que estar siempre abierta a conocer cosas nuevas, porque si no, la mente va a creer y quedarse fijada a un sistema de creencias y nunca llegará a ningún lugar...

«¡El éxito de nuestra vida depende de la intensidad y la voluntad que ponemos en aquello que queremos!»
No necesitamos a nadie mandándonos a hacer algo que ya sabemos de sobra que tenemos que hacer. El éxito en nuestra vida depende exclusivamente de la intensidad y las ganas que le metemos a lo que queremos.
No hay forma de que pase nada en nuestra vida si nos quedamos solo quejándonos y diciendo que, si tuviéramos la misma suerte que fulano, nosotros también estaríamos allá...
El éxito es la consecuencia directa de tu enfoque y de tu esfuerzo. Busca aquello que deseas con pasión y con verdadera voluntad, y tendrás lo que quieres.
¡No le tengas miedo a nada ni a nadie!
Si hace falta usar todas tus habilidades, ¡úsalas, hazlo! Lo único que no se vale es decir que la culpa de tu fracaso la tiene alguien más, ni en este mundo ni en ningún otro.
Quien manda en nuestra vida somos nosotros mismos; por eso tenemos el poder de elegir, de ir tras lo nuestro y transformar todo dentro de nosotros.
Podemos sanar nuestra salud, rejuvenecer, casarnos, separarnos, volvernos ricos, despertar habilidades paranormales, conversar con seres extraterrestres; podemos ser y hacer lo que se nos dé la gana. No importa un carajo lo que los demás vayan a decir de ti. Solo nosotros mismos podemos perseguir nuestros sueños y hacerlos realidad. Pero para lograrlo, tenemos que aprender tres cosas fundamentales:
Tristeza, todos tenemos. Perder amigos, todos ya hemos perdido a alguien; pero muy pronto vamos a entender la vida y la muerte de una forma totalmente distinta a lo que nos enseñaron. Y quien sea despierto, quién esté listo para aprender fuera de la caja, ese sí va a aprovechar de verdad el conocimiento que se va a transmitir.
Por eso, ¡al carajo los políticos; al carajo las mentes cuadradas; que se jodan los que no toleran que el mundo se mire desde otra perspectiva!
Para mí, el mundo es convexo. Para mí, el mundo no es solo un planeta, sino un trampolín hacia otras dimensiones. Para mí, Dios es un hombre y una mujer; para mí, sí existen seres extraterrestres que crearon a la humanidad.
Para mí, la amistad vale tanto como una fortuna incalculable; para mí, uno nace, crece y transmuta: ya no muere más.
¿Quieres un consejo? No te detengas por nada ni por nadie. ¡Vas a llegar, claro que sí! ¡Vas a ser feliz, sí!
Verás a los que ya partieron, conseguirás lo que deseas, te vas a levantar de esa cama, tu visión será restablecida, sí. ¡Lo vas a alcanzar todo!
La humanidad clama por ese ser que está decidido a transformarse; la humanidad pide a gritos esta luz.
Así que, ¡vamos, adelante, a transformarnos!

«La proyección fuera del cuerpo o "proyección mental" puede suceder de varias formas, y experimentamos diversas reacciones en nuestro cuerpo justo al inicio, cuando estamos comenzando el proceso de proyección.»
Proyectarse «fuera del cuerpo», «proyección astral» o «proyección mental», son nombres que se le dan a un tipo de habilidad que algunas personas traen despierta desde que nacieron o que desarrollaron a lo largo del tiempo mediante técnicas y práctica constante.
La proyecciología, la proyección «fuera del cuerpo» o el acto de proyectarse, tiene mucho que ver con los sistemas de creencias que algunas personas ya tienen preestablecidos dentro de su mente. A veces se proyectan a un universo completamente diferente de aquel en el que están acostumbradas a vivir. Tienen realmente la sensación física y energética de encontrarse fuera del cuerpo, tienen la nítida impresión de estar en un estado diferente de consciencia; sin embargo, muchas veces no comprenden al 100% lo que les está sucediendo.
Los estudiosos tradicionales de este tema dirán que la persona se proyectó «fuera del cuerpo» conscientemente, que atravesó una experiencia cercana a la muerte, o que simplemente experimentó una alucinación o un sueño creyendo que era la realidad. Pero, para quien ha vivido esta experiencia en carne propia, existe la certeza absoluta de haber experimentado algo completamente fuera de lo normal; algo muy distinto a lo que nuestro día a día nos acostumbra a esperar cuando tenemos un sueño común o cualquier tipo de alucinación.
La persona está plenamente lúcida, se percibe a sí misma fuera del cuerpo físico, tiene la certeza indiscutible de lo que está diciendo, de lo que está percibiendo y de lo que está sintiendo. Y cuando se tiene la habilidad de proyectarse verdaderamente fuera del cuerpo, la persona logra experimentar una visión de 360 grados, un factor determinante para la firmeza y la solidez de su certeza sobre lo que está viviendo y presenciando.
La proyección fuera del cuerpo o proyección mental puede ocurrir de diversas maneras, y nuestro cuerpo experimenta múltiples reacciones justo cuando iniciamos este proceso.

«Cuando ocurre una experiencia "fuera del cuerpo" consciente, sabes perfectamente que no estás dentro de tu cuerpo físico, sabes que eres diferente y que te encuentras en un estado totalmente distinto. Sabes que tu consciencia no tiene límites, que puede ir a donde sea. Experimentas la certeza nítida de todo, con una libertad profunda frente a cualquier atadura física».
Continuando con el tema de las «experiencias fuera del cuerpo», hoy te voy a hablar sobre las distintas formas de proyección y lo que significa cada una de ellas.
Las experiencias fuera del cuerpo pueden ocurrir de tres maneras: consciente, inconsciente y semiconsciente.
Pero a nosotros no nos interesa la inconsciente ni la semiconsciente. La que de verdad nos importa es la lúcida, la consciente, donde tienes pleno control y claridad de lo que quieres hacer.
Por lo tanto, nos enfocaremos de lleno en la experiencia fuera del cuerpo consciente.
El término «proyección fuera del cuerpo» es en realidad algo impreciso, porque puedes tener tu consciencia plena afuera y, al mismo tiempo, seguir conectado al cuerpo físico, ya que energéticamente no lo has abandonado. En ese momento estás duplicado, por así decirlo...
Tu energía, tu frecuencia vibratoria, vive la experiencia de liberarse de ese estado físico en el que conviven e interactúan lo racional, lo inconsciente y lo consciente. En ese instante te desprendes de esas ataduras físicas y pasas a experimentar la verdadera expansión de tu consciencia, encontrándote en una configuración energética totalmente distinta a la forma en la que estás acostumbrado a vivir a diario.
Es un proceso muy similar a lo que ocurre durante el desencarne. Tienes una percepción física y energética hiperlúcida de las cosas que quienes te rodean no poseen. Sin embargo, tú puedes aprovechar esta vivencia en vida para estudiar, investigar, aprender y experimentar realidades sumamente elevadas.
¿Sabías que fuera del cuerpo no existe la mentira?
Es imposible mentir fuera del cuerpo: si te encuentras con alguien con quien convives y ambos están conscientes durante la experiencia, los dos van a percibir de inmediato, el uno del otro, absolutamente toda la verdad de lo que está ocurriendo ahí en la mente. Esto es precisamente lo que nos conduce a reconocer las reacciones y sensaciones iniciales cuando recién estamos aprendiendo a salir del cuerpo.

«Deja de quejarte: no manipules tu energía hacia la frecuencia del fracaso.»
Lo que le pasa a muchísima gente, por desgracia, es que a lo largo de su vida o en su rutina diaria van generando la frecuencia del fracaso, del dolor, de la muerte o del cuarto camino. Se quejan, lloran, se sienten mal, se ponen pésimas, se victimizan, opinan sobre la vida ajena y están todo el tiempo alimentando formas de pensamiento negativas. ¡Y, sin darse cuenta, están manipulando su propia energía hacia su propio fracaso, hacia su propia ruina!
El cuarto camino tiene que ver con esto. Durante días y días vas alimentando una frecuencia negativa, triste, depresiva, quejándote sin parar, atrapado en ese circuito repetitivo, y de pronto esa misma frecuencia se te viene encima y te deja por los suelos. ¡Y todo creado por ti mismo!
Lo peor que un manipulador de energía puede hacerse a sí mismo es quejarse, llorar y andar desahogándose para llamar la atención. Es querer regodearse en sentimientos y emociones que no tienen nada que ver con lo que de verdad le sirve a su crecimiento. Para cada emoción que generas, sea negativa o positiva, hay una consecuencia que será igualmente positiva o negativa, según el patrón que tú mismo hayas construido.
Y esto le ocurre constantemente a la gente: un momento están bien y, de golpe, se vienen abajo. Y pasa porque no tienen la menor consciencia de lo que les está sucediendo...
Lo arrojan todo al subconsciente y el subconsciente lo asume como verdad absoluta, arrastrando a la persona directo al fracaso.
Lo correcto siempre es enfocarse en generar una frecuencia positiva para llegar a donde quieres. Desear, sentir, pensar, montar tus propias novelas mentales con lo que realmente quieres y anhelas, y ponerte a trabajar para que se materialice. Así es como, día tras día, logras desviar el foco de todo lo que no aporta nada.
Por eso mismo, el manipulador de energía tiene que espabilar y ser consciente de que su vida está en sus propias manos. Y como ser consciente, de la misma forma en que te afeitas la barba o te depilas el cuerpo —donde necesitas máxima concentración en cada movimiento para no cortarte—, tienes que mantener esa misma atención cada día de tu vida. ¡De ahí la enorme importancia del enfoque y del hiperenfoque!
El manipulador de energía necesita ser plenamente consciente de todo lo que le sucede a diario. Esto es exactamente lo que significa vibrar en la frecuencia de los 360 grados: la frecuencia de lo que de verdad le importa a tu desarrollo.
Cuando el manipulador empieza a tomar consciencia de su propia energía, mejora al segundo día, al tercero, al cuarto y así sucesivamente. A medida que expande su consciencia, alcanza niveles de transformación y cambio sumamente intensos, y el progreso en su vida se dispara de forma vertiginosa.

«Cada vez que generas una reacción psicoquímica-fisiológica negativa ante cualquier cosa en tu vida, tu cuerpo lo único que hace es aumentar el nivel de tensión y la acumulación de químicos en tu organismo. Por eso las toxinas emocionales te afectan e intoxican tanto como las toxinas de los alimentos.»
¿Qué es una reacción psicoquímica-fisiológica?
Es la llave de mayor poder que tenemos en esta vida, y ni siquiera la valoramos.
Se trata de una reacción mediante la cual la mente actúa directamente sobre el plano físico, alterando la química corporal en función exacta de nuestras sensaciones.
Digamos que esta es la base de la hipnosis: nuestra mente no es capaz de distinguir entre lo que es real y lo que no lo es.
¡La reacción psicoquímica-fisiológica no diferencia entre un pensamiento real y un pensamiento fantasioso o imaginario!
Si piensas en cualquier cosa en tu vida, el más mínimo pensamiento que tengas y que te cause una impresión fuerte en el cuerpo desatará una reacción química inmediata, haciéndote experimentar biológicamente esas sensaciones.
¡Y no creas que esto es algo simplista! No es nada fácil, porque nos han acostumbrado a vivir atrapados en la dualidad negativa. Vivimos una parte positiva y una parte negativa, pero casi siempre volcados más hacia lo negativo. Al fin y al cabo, los medios y las noticias no paran de bombardearnos con tragedias y desgracias, y así es como terminamos generando en nuestro propio organismo las reacciones psicoquímicas de los problemas ajenos.
Pero si empezamos a tomar consciencia de que no tenemos por qué fabricar esa química negativa en nuestro cuerpo, y comenzamos a enfocar la mente en cosas positivas, vibrando en esa dirección constructiva, la reacción psicoquímica conducirá nuestra vida a experimentar lo mejor que existe.
Esto aplica para el dinero, para el ámbito afectivo y para absolutamente todo. El gran problema de la humanidad es creer que quedándose pegado rumiando un problema y quejándose de él, este va a cambiar o a transformarse mágicamente. ¡No, lo único que va a hacer es empeorar!
Por lo tanto, enfoquémonos siempre en pensamientos positivos para que nuestra vida mejore día tras día.

«¿Acaso se alcanza de verdad la vida plena que deseamos quedándonos solo en el pensamiento? ¡No, tiene que haber acción! ¡La acción que necesitamos en nuestra vida comienza por mirarte a ti mismo!»
Pasamos demasiado tiempo de nuestra vida pensando, pensando y pensando, y no llegamos a ningún lado.
¿Se alcanza realmente esa vida plena que tanto anhelamos quedándonos encerrados en el pensamiento? ¡No, tiene que haber acción! ¡La acción que necesitamos en nuestra vida comienza cuando te miras a ti mismo!
La transformación necesaria, la fuerza y el combustible para generar ese gran cambio de vida reside en mirarte a ti mismo, autoobservándote en todo lo que haces: qué comiste, qué dijiste, qué pensaste, qué juzgaste en los demás, etcétera...
A partir del momento en que tomas consciencia de esto, te das cuenta de que eres el ÚNICO responsable de tus actitudes y de tu comportamiento. Te das cuenta de que nadie en esta vida te hizo una zancadilla ni te serruchó el piso, que nadie es responsable de tu fracaso ni de tu éxito.
Solo así comienzas a transitar un camino que puede ser largo o corto; depende exclusivamente de tu desarrollo personal. Y a lo largo de ese camino vas a tener que mantenerte enfocado, ¡totalmente enfocado!
Enfocado al máximo nivel posible, pensando en todo momento en ti, en las cosas que realmente están en tus manos hacer. Observando con atención cada enseñanza y las cosas buenas que los demás ponen frente a ti; solo entonces tendrás la capacidad de empezar a acertar y encaminar tu vida.
¿Te animas a cambiar de una vez por todas y poner en orden tu vida a partir de hoy? ¡Vamos en busca de la mejor versión de nosotros mismos!

«Al fracasado le fascina criticar al que tiene éxito. Le encanta endilgarle sus problemas a los demás. Así tiene la excusa perfecta para justificar por qué su vida es un fracaso y la del otro un éxito.»
¿Te has fijado en la mentalidad de los «prósperos», de aquellos que llegan a ser el número uno en lo que hacen, ya sea en su carrera profesional o en cualquier ámbito? ¿Te has dado cuenta de lo diferente que piensan en comparación con la gran mayoría?
Su mentalidad es de éxito, de crecimiento continuo y de audacia pura para llegar exactamente a donde se proponen. ¡Es la convicción absoluta de creer en sí mismos sin importar las críticas que vayan a recibir!
Al fracasado, en cambio, le fascina criticar al que triunfa. Le encanta poner sus propios problemas en manos ajenas. ¡Así se justifica a sí mismo por qué su vida es un desastre mientras que la del otro es un éxito rotundo!
Es indispensable tomar consciencia de que eres tú quien tiene que cortar de raíz con quejas y sentimentalismos baratos del tipo:
Y grabarte a fuego que todo depende exclusivamente de ti:
En cuanto tu nivel de consciencia es capaz de asimilar esto, las cosas empiezan a fluir en tu vida. Ahí es cuando te toca establecer metas claras, definir con precisión qué es lo que realmente quieres alcanzar y trazar la estrategia para que todo salga adelante.
¡Ahí sí que tu vida entra en un ritmo de dinamismo y enfoque total donde nada ni nadie te va a desviar del camino!

De la unión entre el pensamiento y el acto de sentir se engendra el sentimiento, y del sentimiento nacen las emociones. ¡Esta frecuencia, esta energía que llamamos emoción, es sumamente poderosa!
Se manifiesta directamente en nuestro cuerpo físico y, la gran mayoría de las veces, controla por completo nuestra vida. Al fin y al cabo, vemos e interpretamos el mundo según el estado emocional en el que nos encontramos.
Si hoy te despertaste sintiéndote bien, tendrás un día maravilloso. Si hoy te sientes pésimo, todo tu mundo emocional será un desastre.
Tu vida se va encaminando según el compás de tu estado emocional.
Y como la gran mayoría de la humanidad vive en una constante oscilación emocional —en una gigantesca marea colectiva—, al final terminamos dejándonos arrastrar e influenciar por lo que denominamos «egrégora».

Los 4 Pilares para el Desarrollo de las Habilidades Mentales son:
¡Apunta bien esto y que no se te olvide, ¿eh?! ¡Vamos siempre en busca de la mejor versión de nosotros mismos!

«Miles de millones de personas pensando y creyendo exactamente lo mismo generan una onda energética inmensa que pasa a controlar el campo vibratorio de todos, dejando a los seres humanos como marionetas, fáciles de manipular...»
Continuando con el tema de pensamientos + sentimientos = emociones, hoy vamos a profundizar en lo que es una «egrégora».
Una egrégora es un conjunto de vibraciones similares en el cual los seres humanos son manipulados como auténticas marionetas. Cuando hay miles de millones de personas pensando y creyendo lo mismo, se crea una onda energética descomunal que empieza a dominar el campo vibratorio colectivo.
Al fin y al cabo, si la energía del cuerpo físico se llama emoción y de las emociones surgen las emanaciones, las emanaciones de tu cuerpo pasarán a vibrar según lo que dictan las reglas de los medios de comunicación y de la sociedad. De esta manera, la emoción de miles de millones de personas se canaliza en una misma dirección: fluctuando entre picos altos y bajos, convirtiendo la frecuencia vibratoria en algo sumamente difícil de gobernar para cualquier individuo. Se vuelve muy difícil escapar de esa corriente vibratoria inteligente que alguien diseñó para manipular la consciencia de todos nosotros.
A partir del momento en que el ser humano comienza a volcar toda su atención hacia sí mismo y controla su plano emocional (sin dejarse arrastrar por el sentimentalismo ni el dramatismo), logra también tomar el control de todas esas reacciones confusas que estaban enredadas en esa frecuencia.
Sientes rabia, tristeza, angustia, miedo; vuelves al pasado una y otra vez, regresas al circuito repetitivo sin tener la más mínima percepción de ti mismo, sin darte cuenta de lo que te está pasando. De repente, entre tantas emociones y emanaciones caóticas, el cuerpo físico pierde por completo el control y terminas siendo manipulado en todo momento por las «egrégoras negativas» que tú mismo y millones de personas más han alimentado.
¡El secreto de todo está en el control consciente de tus emociones!

«¿Sabías que solo vemos y escuchamos apenas el 20% de la realidad física?»
En nuestras vidas existe toda una gama de situaciones emocionales, mentales y energéticas guardadas bajo siete llaves en un lugar llamado «inconsciente».
El inconsciente es como una cámara o un depósito donde quedan registradas y grabadas todas las emociones, vivencias y acontecimientos de nuestra vida. Todo queda sellado dentro de nuestro contenido mental y, al transitar las experiencias cotidianas, algunas se convierten en un «patrón» donde todo se repite compulsivamente y terminamos asumiéndolo como verdad absoluta.
En ese punto, dicho patrón se transforma en una frecuencia fuerte, tan potente que empezamos a entrar en desequilibrio. Es como un «cáncer» que comienza a multiplicarse. Y a veces, al multiplicarse con tanta rapidez, este patrón empieza a generar contenidos repetitivos adquiridos a partir de un dolor muy intenso o de un sistema de creencias sumamente rígido.
Son patrones que limitan a la persona, le infunden un miedo paralizante y le impiden dar un solo paso al frente. También pueden arrastrarla a pensar en enfermedades las 24 horas del día y a repetir comportamientos emocionales nocivos de todo tipo y calibre.
Un solo individuo puede acumular millones y millones de patrones que se vuelven tan dominantes y destructivos que terminan encarcelándolo según lo que ese patrón le dicta. Hay personas que arrastran un circuito repetitivo durante toda su vida y por eso no consiguen avanzar ni concretar nada. A estos patrones también se les puede llamar «capullos internos» o «sistemas rígidos de creencias».
Todos estos patrones están apenas «un paso» detrás de las adicciones. Quien padece cualquier adicción —sea a la comida o a las drogas, por ejemplo— tiene detrás un patrón emocional que lo mantiene atado a ese punto; por eso resulta tan difícil erradicar una adicción de raíz. Intentas librarte de ella, pero si no limpias el patrón original que la detonó, todo vuelve a empezar y, lo que es peor, regresa con más fuerza.
También sucede que la adicción migra hacia otra cosa. Por ejemplo: una persona adicta al alcohol decide dejar de beber, se llena de fuerza y no toca una gota más, pero de pronto cae en la adicción a la cocaína. En ese momento trasladó la enfermedad hacia otro punto; ahí reaparece el patrón repetitivo y desencadena nuevas patologías.
El TOC (Trastorno Obsesivo-Compulsivo) proviene directamente de estos patrones. Es sumamente complejo trabajar estas estructuras internas de la mente humana, porque a veces la persona queda completamente bloqueada y no logra manifestar lo mejor de sí misma.
Podemos afirmar que el ser humano está severamente limitado en su verdadero potencial, en lo más poderoso que lleva dentro, porque estos patrones de pensamiento le impiden avanzar. No se consigue leer a velocidad sobrehumana, por ejemplo, ni desplegar las verdaderas capacidades de un superhumano.
Si el ser humano lograra comprender y arrancar de raíz los patrones, las limitaciones y las mentiras que le fueron inculcadas a lo largo de su vida, y pudiera contemplar la realidad tal cual es, sería el mayor superhumano de la Tierra, tal como vemos en los cómics. Desplegaría todo su potencial latente.
¿Sabías que solo vemos y escuchamos apenas el 20% de la realidad física? ¡Solo el 20%!
No tenemos la menor noción de lo que realmente hay ahí afuera. Nuestro cerebro no está activado en su máxima capacidad. ¡Los patrones repetitivos son los responsables directos de crear estos bloqueos e impedirnos desarrollar nuestra plena capacidad de superhumanos!
¡Sí existen fórmulas y métodos para trabajar estos patrones y liberarse definitivamente de estas ataduras!
Alcanzando así un peldaño de consciencia mucho más elevado. Para lograrlo, es fundamental comprender todo el engranaje de la mente y llegar exactamente a donde deseas.

La Kundalini, también llamada «fuego serpentino» (y a la que algunos denominan libido), es una frecuencia sexual que se manifiesta a través del cuerpo de todo ser humano, sin importar credo, creencia ni color de piel. Es una fuerza inherente a nuestra propia naturaleza humana.
Es la responsable directa de todos nuestros controles emocionales y mentales. Es a través de esta frecuencia vibracional que nos enamoramos, tenemos relaciones sexuales, engendramos hijos y construimos las condiciones mentales y emocionales necesarias para disfrutar la vida en plenitud.
La energía sexual ha sido «satanizada» por muchos; creían que cualquiera que se atreviera a trabajar con la Kundalini despertaría y engendraría «un monstruo» en su interior. Sin embargo, se trata de una fuerza, una energía y una frecuencia extraordinariamente poderosa que, si se canaliza de forma adecuada, nos convierte en personas íntegras, plenas, felices y auténticamente capaces de dominar todos los niveles de consciencia.
Ella es la responsable de activar toda la paranormalidad en el ser humano. Se trata de una frecuencia que fue difamada y señalada negativamente a lo largo de milenios; un secreto que a muchísimos no les convenía que saliera a la luz. No obstante, esta fuerza sexual bien encauzada, además de despertar las facultades paranormales, genera la frecuencia de la prosperidad en el ser humano.
También es el motor del dinamismo, de la frecuencia de la riqueza y de prácticamente todo en nuestra existencia. ¡Es sumamente intensa, descomunal y posee un poder gigantesco en cada uno de nosotros!
¿Sabías que el 90% de los seres humanos no logra despertar esta frecuencia debido a que el sistema de creencias nos programó para bloquearla?
Existen miles de enfermedades vinculadas a la Kundalini provocadas justamente por no saber orientarla de forma correcta. Se ha sembrado un sinfín de controversias y bloqueos en los terrenos afectivo, sexual, mental y emocional, y eso frena de forma crítica el potencial del ser humano.
Cuando una persona logra despertar esta energía —es decir, conducirla de forma consciente y precisa hasta transformarla en una fuerza manipulable (y ten por seguro que lo es: puede ser dominada por cualquiera con disciplina y determinación férrea)—, expande su consciencia y se transforma en un individuo profundamente sabio.
Esta es una frecuencia de la que, con solo mencionarla, muchos tuercen el gesto, entran en pánico o se llenan de miedo. Pero es una fuerza viva en el cuerpo de cada uno de nosotros; ignorada, bloqueada y, de cierto modo, intervenida y deliberadamente manipulada para permanecer guardada bajo siete llaves. ¡Porque su poder es extraordinario!
Si se despierta sin control en algunas personas —especialmente en adolescentes a partir de los doce años—, puede detonar fenómenos de tipo poltergeist, cuadros de desequilibrio bioenergético severo e incluso crisis de descontrol total donde el cuerpo entra en una sobrecarga extrema, manifestando lo que se conoce como «bola de fuego» o combustión espontánea.
Esta energía ya ha generado demasiada confusión en el pasado. Ha llegado el momento de aprender a manejarla: tomar esta fuerza, este poder y esta frecuencia mental-sexual dirigida, para transformarnos verdaderamente en sabios y soberanos de nosotros mismos dentro de este maravilloso sistema Tierra.

Como recientemente hablamos sobre la Kundalini, se vuelve indispensable comprender a fondo los «Chakras» o Centros de Fuerza, para tener una visión mucho más amplia y precisa del funcionamiento de nuestro campo bioenergético.
Nuestro cuerpo físico está constituido de carne, hueso y energía.
De esta parte energética, la humanidad prácticamente no tiene consciencia alguna.
En las escuelas jamás nos enseñaron qué son los centros de fuerza ni los meridianos que componen todo este campo vibratorio. Por eso, voy a explicarte de manera breve y directa nuestros centros de fuerza principales, para que entiendas la trascendencia y el impacto que cada uno tiene en nuestra vida cotidiana:
¡Espero que este tema haya expandido tu consciencia! Mantente firme en la búsqueda de la mejor versión de ti mismo.

El Alma es la cantidad de luz que recibes de este universo inmenso y maravilloso que tenemos aquí en la 3.ª Dimensión, 4.ª Dimensión, 5.ª Dimensión, 6.ª Dimensión, 7.ª Dimensión, 8.ª Dimensión y 9.ª Dimensión.
¿De qué tamaño es tu alma? ¿Tu alma es pequeña?
Si tu alma es pequeña, todavía tienes mucho por desarrollar. Porque todo el proceso del ego, la tristeza, la depresión, la angustia, la rabia y todo tipo de situación emocional también están directamente ligados a la cuestión del alma.
Es la cantidad y el tamaño del alma lo que te dará la fuerza suficiente para poder comprender las situaciones que a veces no logramos entender.
Cuanto mayor es la luz que te rodea —o el alma—, mayor es tu comprensión respecto a la vida. Cuanto más entras en procesos emocionales confusos con las personas, cuantos más enemigos tienes y cuantas más cosas negativas generas frente a la vida, más demuestras que tu alma no es tan grande como crees.
Cuanto más logras ser noble e impactar al mundo, pensar en las personas, pensar en el planeta, proyectar una vida próspera y grande, y cuanto menos te victimizas, mayor es la cantidad de luz a tu alrededor y más grande es tu alma.
El alma, al ser una luz, una frecuencia, un patrón vibratorio que oscila a nuestro alrededor, oscila precisamente porque todavía no estamos preparados. Cuanto mayor sea este proceso, mayor será nuestra frecuencia vibratoria en el día a día.
Con un alma grande, con un alma llena de luz, podremos llegar a un punto en el que el alma sea tan intensa que su vibración mueva e impacte a todas las personas que están alrededor.
¡Por eso necesitamos buscar siempre la mejor versión de nosotros mismos!

La depresión es una enfermedad patológica desarrollada muchas veces dentro de un cuadro en el que el circuito repetitivo de la vida de la persona no le da la oportunidad de ser una mejor versión de sí misma.
Al final, esa persona pasa más tiempo dentro de la frecuencia negativa que en la positiva, y al mismo tiempo se va minando a sí misma y alejándose de la frecuencia positiva que de hecho reconoce como verdad en su interior.
Llega un punto en el que el poder mental, el poder vibratorio de la persona, ya no logra actuar de tanto que se sumergió en ese cuadro, en esa frecuencia. Y por permisión de ella misma —la responsabilidad es suya—, las hormonas y la reacción química de su cuerpo quedan por completo sin un factor que las eleve.
Muchas veces no sucede solo por un proceso emocional; a veces muchos minerales, sales y vitaminas del cuerpo son retirados y dejados de lado debido a la pésima alimentación que llevamos aquí en la vida física. Esto hace que las personas comiencen a desnutrirse, incluso teniendo sobrepeso, y con la desnutrición llega la debilidad. Ahí entra en el eje hormonal de su cuerpo un desequilibrio en el que estas situaciones van tomando el control, y necesitamos entender que existe una diferencia clara entre algunas de ellas:
El antídoto para esto es poner manos a la obra, hacer que las cosas sucedan, ¡hacer que aquello que parece imposible para la persona se vuelva posible!
La sanación también reside en un pensamiento más positivo, en una vida más positiva como un todo, en una mejor manera de vivir independientemente de las situaciones que se presenten.
La depresión puede desencadenarse por una pérdida o el fallecimiento de un familiar muy querido, por situaciones como la angustia que mencioné —que termina transformándose en depresión—, por la falta de determinadas hormonas en el cuerpo, por deficiencia de minerales como el litio, etc., por desnutrición y, en realidad, por esa alimentación mental de mantener el pensamiento clavado únicamente en lo pésimo, en lo peor, en aquello que no nos lleva a ningún lado.
¡Cuando se entra en un proceso más positivo, la probabilidad de sanar es enorme!
Pero es necesario tener la voluntad de no querer quedarse estancado en el papel de víctima, de no permitirte todo el tiempo victimizarte por las circunstancias.
Cuando tomas conciencia de esto —y a veces toca tomar la iniciativa de usar un medicamento que ayude a dar ese levantón inicial— y la persona se propone de verdad querer mejorar, en poco tiempo deja el fármaco y pasa a retomar el control total sobre su vida.
La curación se vuelve un proceso tranquilo a partir del momento en que se adquiere esa conciencia respecto a la propia vida. Al mismo tiempo, la prevención de esta enfermedad consiste en mantenerse más optimista, más alegre, dormir mejor, llevar una alimentación más equilibrada y limpia, beber abundante agua, esforzarse de verdad por ser una mejor persona y tomarse la vida con mayor ligereza.
Ligereza para resolver las cosas, ligereza para ponerte en movimiento, sin quedarte tan apegado a las cosas materiales de este plano físico. Si fulano te debe dinero y no te paga, no dejes que eso te hunda en una depresión profunda ni en un apego innecesario.
Piensa en tu vida, piensa en tu verdadero sentido de existir, piensa en tu búsqueda, piensa en cómo organizar tu vida de una manera más productiva y constructiva. Observa con atención tus asuntos: ¡SÉ EL ÁNGEL DE TU PROPIA VIDA!
Pasa a ser quien cuida de ti tal como te gustaría ser cuidado, y cuida también a las personas que amas. Siembra esa búsqueda dentro de ti, porque con toda certeza la transformación será maravillosa y el encanto por la vida volverá; ¡así la luz se enciende y la vida deja de ser gris!
Este texto tiene la intención de darte pautas claras para que todos aquellos que sufren de depresión o están atravesando una tristeza o una pérdida tomen conciencia y busquen ser felices.

El campo áurico se divide en siete capas, y cada una de ellas está subdividida a su vez por frecuencias vibratorias que llamamos láminas de vivencia.
Podríamos decir que las láminas son las vivencias de experiencias pasadas o el registro de existencias anteriores incrustadas en el campo energético de las personas.
Los clarividentes que ya tienen esta habilidad un poco más desarrollada logran visualizar los colores y las capas con solo observar a un individuo.
En las capas del campo áurico podemos percibir enfermedades, estados mentales, estados emocionales como el miedo, las dificultades que la persona pueda estar enfrentando y una serie de otros factores, además de la expansión y la retracción de este campo, que también poseen diversos significados.
Estas capas pueden dividirse en siete estratos principales y hablaremos en detalle sobre cada uno de ellos:
Las capas del campo áurico varían ampliamente en sus tonalidades; colores como el violeta, el azul o el blanco pueden transmitir múltiples significados. Asignar un significado rígido (como afirmar que el violeta siempre es transmutación o el verde siempre es sanación) no siempre refleja la realidad.
Un verde musgo u opaco, por ejemplo, puede indicar un estado depresivo en la persona. En cambio, un verde más claro puede señalar una necesidad de autosanación, mientras que un verde brillante denota que el individuo posee la frecuencia necesaria para proyectar sanación hacia los demás.
De este modo, en las situaciones cotidianas es posible realizar una lectura clara y objetiva de la frecuencia vibratoria a través del campo áurico. Sin embargo, para comprender con certeza la condición y la vida de alguien, quien desarrolle la clarividencia (la capacidad de ver el campo áurico) tendrá que entrenar rigurosamente para interpretar lo que cada color manifiesta, ya que los colores reflejan la impronta vibratoria y sensitiva del cuerpo, permitiendo sentir en el propio campo lo que el otro está experimentando.

Los antiguos solían confundir con frecuencia el Éter con el «prana».
El «prana» es una frecuencia vibratoria que impregna nuestro mundo y que se encuentra principalmente concentrada en el oxígeno. Impregna a todos los seres vivos, y todo lo que tiene vida posee Éter.
El Éter es considerado el 5.º elemento por ser una sustancia que permea todas las cosas, facilitando y haciendo posible que la vida funcione en el mundo físico y tridimensional. El Éter se convirtió en una fuente de estudio sumamente valiosa para los investigadores más avanzados, al ser clave para conocer y comprender a fondo la frecuencia vibratoria.
Nuestro cuerpo físico contiene una inmensa frecuencia de Éter. No se encuentra almacenada en gran cantidad en el centro frontal por defecto, sino acumulada en diversas partes del cuerpo en función del desarrollo mental de cada individuo.
Los más sabios y evolucionados concentran una mayor cantidad de Éter ubicada directamente en el centro frontal.
Quienes no cuentan con este desarrollo mayor pueden, en ocasiones, no lograr captar la frecuencia del Éter, ya que este actúa sobre el cuerpo físico principalmente entre las 22:00 y las 24:00 horas. Ese es el momento exacto en el que el Éter vibra con mayor intensidad en el organismo de las personas.
Puede ser absorbido a través del chakra o centro de fuerza FRONTAL en el momento exacto en que la persona se encuentra en el estado de «casi dormida / casi despierta». Es ese estado de semitranse en el que, si logras mantener la lucidez y consigues que la frecuencia del Éter penetre en el centro FRONTAL, experimentarás una absorción extraordinaria de esta energía. Esto beneficia la salud, el desarrollo espiritual, mental y energético, y todos los campos posibles, otorgándote una condición mucho más refinada y ayudándote a mantener las ondas cerebrales más elevadas.
Actúa también en el proceso de mantenerte enfocado y disciplinado en la práctica diaria de encarar y resolver los problemas de la vida en la tercera dimensión. Digamos que es una energía abundante en nuestro mundo, pero muy mal aprovechada porque la gran mayoría ni siquiera sabe que esta frecuencia existe ni tiene noción de su poder.
Al profundizar en su estudio, podremos comprender mejor la naturaleza de esta energía y, aplicando las técnicas existentes, seremos capaces de desarrollar al máximo nuestro cuerpo.

La humanidad siempre ha buscado su parte complementaria. Los hombres buscaban a la mujer perfecta, las mujeres buscaban al hombre perfecto, y así se crearon millones y millones de fantasías en torno a esta búsqueda.
Nadie se detuvo nunca a pensar y observar que el alma gemela podría ser, en realidad, un estado de conciencia compartido por ambos, a partir del momento en que el nivel de consciencia de los dos alcanza un punto de entendimiento, sintonía y perfeccionamiento total. Así, estos individuos pasarían a tener la parte complementaria correspondiente a lo que ambos anhelaban.
Lo que sucedió a lo largo del tiempo fue que se construyó una fantasía desmedida respecto al alma gemela, generando en la otra persona la expectativa de que vendría a resolver todos los problemas afectivos y emocionales del individuo.
Se proyectaron sobre la pareja —sobre la «otra mitad» o la «media naranja», como dicen por ahí— todas las expectativas de la vida.
Se creó una fantasía tan gigantesca sobre este tema que cualquiera que comenzara a convivir y relacionarse de forma armoniosa con otra persona terminaba diciendo de inmediato que eran almas gemelas.
Sin embargo, en el día a día de la convivencia, en las actitudes infantiles, acertadas o erróneas, mentales y emocionales que cada uno manifestaba en esa vida de pareja, comenzaron a llegar las frustraciones. Y esas frustraciones, al mostrar que aquella persona podía no ser su media naranja, que podía no ser quien tanto se esperaba, provocaban una decepción inmensa en quienes participaban de esa búsqueda. Así terminaba cada quien yéndose por su lado, o uno creyendo que podía ser dueño del otro, haciéndole sufrir psicológica, mental e incluso físicamente, con todo tipo de agresiones que podemos ver ocurrir en nuestra cotidianidad.
El alma gemela vendría a ser un nivel de conciencia, un nivel de percepción mutuo capaz de madurar y expandir el entendimiento.
Sabiendo que la mujer es completamente diferente del hombre y el hombre de la mujer, cuando se produce ese acoplamiento perceptivo y de crecimiento conjunto, el individuo adquiere sabiduría, logrando tener la noción exacta del respeto hacia la otra parte. Así, el alma gemela sería un nivel de conciencia en una dimensión de respeto, armonía, vivencia, crecimiento y madurez, en el cual ambos logran convivir en plenitud aun con todas sus diferencias.
Creciendo siempre juntos, siendo el uno para el otro la llave y la puerta para evolucionar.
Esta percepción en la pareja se da en un nivel en el que ambos buscan ese entendimiento y sintonía, lo cual toma su tiempo. Una pareja joven que inicia una relación afectiva, para poder completar todo un ciclo de maduración, necesita experimentar casi de todo; y lo que realmente hará que esa pareja alcance un nivel de percepción más profundo será, de hecho, la persistencia en la búsqueda de un crecimiento de a dos.
Una relación es un proceso de crecimiento y apertura que se construye a lo largo de toda una vida, y será a través de diversas situaciones que uno conocerá verdaderamente al otro en la cúspide de su madurez. Si al principio no se conocen a fondo y no saben con exactitud cómo es el otro, pero logran encaminarse por una senda constructiva y de evolución, se irán sintonizando y creando una fuerza positiva.
Cuando una pareja deja de sostener esa frecuencia —esa virtud de tener la paciencia para comprender al otro—, la relación termina entrando en un proceso de pérdida: pérdida de rumbo, pérdida de amor, pérdida de vida y pérdida de todo; y es entonces cuando la energía vibra hacia el distanciamiento.
Esta frecuencia de alma gemela, cuando se alcanza un nivel de conciencia y estado mental en el que ambos aprenden y buscan juntos, haciéndose compatibles el uno con el otro, genera una frecuencia tan viva y armónica que, energética y vibratoriamente, produce una elevación hacia la frecuencia vibratoria más profunda e interesante que existe: la frecuencia de la creación, donde el ser humano logra materializar y manifestar esa energía en el mundo.
Hoy en día, en nuestra sociedad actual, estamos muy lejos de esa frecuencia de creación. Predomina la frecuencia del «yo» individualista por encima de la verdadera integración consciente. Esta última es la frecuencia en la que un ser humano, junto a otro, genera una fusión energética de entendimiento total. Pero este entendimiento solo se logra —vuelvo a repetir— mediante la maduración de la conciencia, la paciencia y la expansión de esta vibración; es decir, en esa frecuencia que alcanzan dos seres humanos que se dedican a transitar un camino de movimiento y crecimiento real.
De este modo, se convierten en una pareja creadora y, a partir de ese instante, hacen que su vida y todo a su alrededor comience a transformarse y avanzar.
Esta frecuencia genera una energía idéntica a una comunicación total: lo que uno piensa, el otro lo capta; lo que uno concibe, el otro lo proyecta. La frecuencia se dinamiza y se experimenta esa realidad de frecuencias gemelas o idénticas, compatibles entre sí; por eso surgió el nombre de alma gemela.
El esoterismo y todas las religiones del planeta hablan de esta frecuencia, de esta fusión, de estas almas y de su búsqueda.
Se dice que el origen de la humanidad provino de esta vibración; que no existe un dios solitario y masculino, sino una PAREJA CREADORA que engendró toda la vida y todo cuanto nos rodea, y que todos sus hijos llevan en su esencia la idea de generar la frecuencia del bienestar y de la transformación.
Lo que encontramos hoy con frecuencia no es una pareja enfocada en la creación consciente, sino una pareja que construye su mundo desde el individualismo, probando suerte en el plano físico para ver si llega a algún lado, y que termina separándose o apagándose antes de completar su primer ciclo de movimiento, que normalmente dura siete años.
A partir del momento en que se tiene la paciencia necesaria para superar ese ciclo inicial de siete años y adentrarse en un segundo ciclo de siete años hacia adelante, la pareja se vuelve infinitamente más sólida.
Raramente, una pareja que alcanza los catorce años juntos genera una frecuencia de ruptura. Normalmente, para entonces ya han completado dos ciclos fundamentales de vida, y es ahí cuando logran movilizar plenamente la frecuencia vibratoria de la expansión continua.
Para que una pareja mueva esta energía y todo fluya con éxito, además de hablar el mismo lenguaje, deben compartir la misma paciencia, el mismo entendimiento y los mismos motivos para crear y crecer juntos, manteniendo en su interior una búsqueda profunda de armonía.
Es entonces cuando esta frecuencia da inicio al verdadero proceso del alma gemela, a la que también se le podría llamar alma con el mismo propósito, alma disciplinada o de muchas otras formas.

«Rompe tus propias barreras y libérate de la frecuencia de la miseria».
Últimamente, esta frecuencia se ha estado propagando por los cuatro rincones del planeta y ha sido incentivada por los líderes mundiales para que el ser humano continúe hundiéndose cada vez más en una vida miserable.
La gente ya no sabe adónde quiere ir, no sabe a dónde va a llegar ni qué punto de su existencia alcanzará... La vida de estas personas carece de todo sentido y, por cualquier motivo trivial, la vida del prójimo pasa a ser insignificante para ellas.
Así comienzan a creerse con el derecho de arrebatarle la vida a un semejante, porque la miseria interna que cargan es descomunal. El ser humano en esta condición carece de la abundancia y de la nobleza necesarias para buscar algo que realmente transforme su realidad. Tienen la boca tan cerrada en lo negativo que pareciera que destilan hiel, propagando únicamente cosas dañinas.
La miseria no es solo financiera. La verdadera miseria es mental, emocional y de conciencia; es la que muchas personas experimentan y alimentan en su día a día.
La frecuencia de la miseria debe ser cortada de raíz y en todas sus formas de nuestras vidas, para no seguir creando las condiciones que atraen constantemente este tipo de plagas y aflicciones.
Piénsalo bien: un día entero lleno de cosas buenas que te suceden... Todo eso debería vivirse como una abundancia de cosas positivas, constructivas y enriquecedoras. Por ejemplo, un libro que lees es un tesoro que guardas dentro de ti para toda la vida. Una información positiva que llega a tu camino es un regalo para que pongas manos a la obra y hagas que tu vida avance.
El miserable tiene una fuerte tendencia al victimismo y busca siempre contaminar a los demás con su negatividad. Encuentra satisfacción en quejarse de su vida y en criticar la de los otros; por ejemplo, ante una publicación que alguien comparte en Facebook o en cualquier red social, en lugar de reconocerla o elogiarla, llega a humillar a la persona, buscando cualquier pretexto para pisotearla y contagiarle su propia frustración.
El alma miserable es incapaz de percibir la abundancia y la evolución del alma ajena. Tiende a criticar y menospreciar al otro, rebajándolo para obligarlo a quedar atrapado en su misma frecuencia vibratoria.
El miserable se encuentra en un nivel de conciencia tan bajo que resulta imposible dialogar con él.
Hay miserables entre los científicos, entre los profesores, entre los gobernantes y en todos los ámbitos. El alma miserable carga dentro de sí un veneno terrible para el progreso de la humanidad.
¿Quieres vivir una vida plena? Empieza por buscar la abundancia, sé noble, busca la grandeza interior como persona, busca actuar con nobleza frente a los demás; sé un ejemplo vivo de frecuencia positiva para que otros miren dentro de ti, vean una luz genuina y esa luz logre tocar el alma de todos, propagando lo constructivo.
¿Quieres cambiar el mundo? Erradica la miseria de tu alma, elimina la miseria de tus pensamientos y saca la miseria negativa de tu cuerpo.
¿Quieres que tu vida sea abundante? Deja de andar pidiendo rebajas y mendigando descuentos en todo para no seguir persiguiendo pequeñeces sin sentido, como si no fueras digno ni capaz de generar abundancia y tener todo lo que realmente necesitas y deseas.
¿De verdad quieres ser próspero? Sácate de la cabeza la cantaleta de que fulano y mengano consiguen las cosas y tú no. Busca y transforma tu realidad en lo mejor que puedas crear. Encuentra tu parte más brillante y ponla al servicio del mundo.
Demuéstrale a tu prójimo que tienes tu frecuencia más alta, tu mejor vibración y tu versión más lúcida. Que de tu boca salgan únicamente bálsamos de positividad, amor y crecimiento. No seas esa persona de frecuencia destructiva que solo difunde lo que está mal y lo que no sirve.
Genera en ti una frecuencia armónica y constructiva, pon manos a la obra y haz que las cosas sucedan. No te quedes esperando nada ni aguardes milagros de ningún lado; no esperes a que otros vengan a darte la información masticada: investiga, corre tras tus metas y experimenta en carne propia la verdadera abundancia de vida que posees.
¿Sabías que cada vez que te quejas, lloras, pides descuentos o pretendes que otros paguen tus cuentas, generas una frecuencia de miseria que te persigue durante 7 años en tu vida? No hagas eso: empieza a reconocer todo lo bueno que la vida te ofrece. Dificultades tenemos todos; el secreto está en ver siempre el lado constructivo de las cosas y vibrar en positivo para que la negatividad jamás contamine tus pensamientos. Así entrarás en la auténtica abundancia y prosperidad en todos los sentidos. Al fin y al cabo, ¡vibración atrae vibración!
Los recursos están disponibles para todos y la información está al alcance de cualquiera. La diferencia radica en que algunos saben tomar la información y transformarla en crecimiento real, mientras que otros eligen quedarse en su miseria, perpetuando esa escasez para sí mismos y para el resto de su existencia.

«¿Eres consciente de la consecuencia de las consecuencias en tu vida?»
Todo lo que decimos, pensamos y hacemos en esta vida genera consecuencias positivas o consecuencias negativas. Todo depende de si generas una frecuencia de forma consciente o inconsciente. Esto le ocurre con demasiada frecuencia a la humanidad en su faceta más inconsciente: muchos van por la vida peleando, quejándose de todo y creándose situaciones difíciles para sí mismos y para quienes los rodean, acumulando así una auténtica bomba de tiempo. Se trata de una frecuencia negativa que va gestando la consecuencia de las consecuencias en su propio futuro. Y cuando alcanzan una determinada edad y miran hacia atrás, por lo general no logran ser conscientes de todo lo que sembraron; el individuo solo observa su situación y se lamenta: «¿Por qué mi vida está así? ¿Por qué no logro transformar mi vida en algo bueno? ¿Por qué mi vida sigue siendo confusa, enredada y difícil?».
Si tuviera la percepción clara de la consecuencia de las consecuencias de cada palabra, de cada actitud y de cada situación que sostuvo en su vida, podría revertirlo todo.
A veces no tenemos noción de todo lo que realmente pudimos haber cambiado; sin embargo, a partir del momento en que adquieres el conocimiento de que de aquí en adelante, en una fracción de segundo, puedes cambiar tu rumbo, eres capaz de disolver esos efectos negativos. Basta con que te vuelvas consciente de ti mismo, basta con que te observes con mayor afecto, mires hacia tu interior con claridad y reconozcas cuándo el resultado de lo que vas a decir, pensar o hacer te va a perjudicar. Y si te perjudica a ti, terminará perjudicando también a quienes te rodean; comprender esto hace que el cambio sea totalmente posible.
Elegir a conciencia lo que vas a hacer, teniendo absoluta claridad de si esa acción te traerá una realización o un resultado negativo, marca una diferencia gigantesca en la consecuencia de las consecuencias de tu vida.
Tú bien sabes que si consumes cosas tóxicas para tu cuerpo, con el paso del tiempo el desenlace inevitable será el deterioro de tu salud. Pero si cuidas tu organismo, vigilas tu alimentación, limpias tus pensamientos y haces todos los días cosas que realmente te sumen en un sentido superior, la consecuencia de las consecuencias en tu vida será una salud plena y una mente despejada y lúcida. Por eso nosotros sí podemos elegir qué decir, qué pensar y cómo actuar en este mundo.
Basta con volverte consciente de lo que piensas y de lo que expresas. Esto puede generar una transformación profunda en tu vida y en la de muchas personas, atrayendo resultados positivos. La mejor forma de darte cuenta de lo que estás construyendo es detenerte un instante y pensar en la actitud que vas a tomar o en las palabras que estás a punto de soltar.
Si estás engendrando negatividad dentro de tu mundo, debes tener claro que eso no te llevará a ningún lado: solo te traerá sufrimiento. Nace dentro de ti causándote dolor a ti mismo en primer lugar. Por eso es vital hacer este examen de conciencia para no tomar decisiones ni decir cosas de las que te arrepentirás con el paso del tiempo.
El cambio puede comenzar en el segundo inmediatamente posterior, y esa es la verdadera maravilla de nuestra vida. Sabemos muy bien que una planta de tomate solo puede dar tomates, y que un árbol de aguacates solo puede dar aguacates; nadie ve jamás a un aguacatero dando zanahorias. Existe una relación directa a partir de una frecuencia primordial que engendra otra; y si crees en ello y creas las condiciones necesarias, esa energía emitida por ti provocará una transformación inmensa, si así lo decides.
Las consecuencias de las consecuencias generan frecuencias, y esas frecuencias son emanaciones y vibraciones que salen de tu cuerpo e impregnan todo a tu alrededor.
Puedes ser una persona sumamente positiva y alegre, capaz de transmitir amor, sanación y felicidad adondequiera que vayas; pero si de pronto generas en tu interior una vibración densa y negativa, te resultará imposible llegar a un entorno y contagiar ese amor, esa armonía y esa paz a quienes te rodean. Transmites exactamente lo que vibras; por eso es indispensable ser consciente de qué estás vibrando y cómo lo estás haciendo para que los resultados transformen tu vida.
Lo valioso de esto es que, en cuanto aprendemos a gestionar nuestra frecuencia, agudizamos la percepción y comprendemos que este conocimiento genera vibraciones que resultarán benéficas o perjudiciales para nuestra existencia. Así podemos tomar la decisión correcta y conducir nuestra vida hacia donde verdaderamente deseamos. Podrás alcanzar prosperidad, tener a tu lado a la mejor persona, disfrutar de bienestar y prolongar tu vida con vitalidad. Podrás conquistar lo que te propongas.
¿A cuántas personas vemos caer en un estado mental negativo donde esa espiral tóxica crece y crece sin freno, hasta que terminan autodestruyéndose con un cáncer, con el suicidio, el alcohol, las drogas o un sinfín de formas nefastas de estancar su vida? Todo esto es acumulativo: la mente va fabricando tanta toxicidad para la persona, y la persona va proyectando tanta negatividad a su alrededor, que termina atrayendo todo lo que no sirve.
A partir del momento en que tomas conciencia y comienzas a enfocar tus pensamientos en cosas nobles, a cuidar tu salud, a concentrarte en lo mejor y más constructivo de tu vida elevando tu conciencia al máximo, las vibraciones que generarás a tu alrededor serán de protección y armonía para ti y para tus seres queridos. Así, la vida cobra un sentido mucho más amplio y poderoso. Por eso, detengámonos un momento, reflexionemos y tomemos decisiones conscientes sobre lo que verdaderamente queremos para nosotros.

«Sé el creador de tu propia realidad en la tercera dimensión».
Así llamamos a nuestro mundo, a nuestra dimensión física. ¿Por qué se le llama tercera dimensión? Porque la clasificamos mediante altura, anchura y profundidad; el plano en el que experimentamos el tiempo y el espacio.
Dependiendo de hacia dónde dirijamos nuestra vida, tardamos un tiempo determinado en llegar a un punto específico que podemos definir como meta o punto de llegada. De este modo estructuramos nuestra existencia con base en el tiempo y el espacio. Dentro de nuestra tercera dimensión transcurre nuestra vida práctica y cotidiana: todos los asuntos que experimentamos, todos nuestros problemas y nuestras supuestas verdades mentales y emocionales.
Cuando hablamos de verdades mentales y emocionales, nos referimos a que cada uno de nosotros carga un sistema de creencias, un filtro de percepción que consideramos correcto, y vivimos atrapados dentro de esos patrones intentando ubicarnos en esta tercera dimensión, creyendo erróneamente que esto que experimentamos es una vida consciente, lúcida y plena.
Cuando despiertas un poco a esta comprensión y constatas que nuestro universo es sumamente distinto a lo que creemos, algunos comienzan a sentirse desorientados y perdidos. Y es lógico: desde niños nos enseñaron que la vida tiene una forma fija, que debemos vivirla encasillados en lo establecido y que jamás debemos salirnos de las reglas ni de los rieles impuestos, porque cuando te sales del carril de esas «verdades», pasas a habitar un universo marginado; un universo que la sociedad no acepta.
Por esta razón, quienes estudian físicas alternativas —como la física cuántica— y sostienen teorías diferentes sobre el mundo y sobre inteligencias que habitan en frecuencias distintas, suelen ser catalogados como personas a las que les falta un tornillo, únicamente porque no encajan dentro del molde de creencias que las masas consideran «correcto». Esas falsas «verdades» estancan al individuo en un nivel de conciencia bajísimo: no logra estudiar a fondo, no consigue pensar por sí mismo y se vuelve incapaz de percibir la vida y la realidad desde otro ángulo. Queda atrapado dentro de un sistema ficticio, dentro de un mundo artificial de ilusiones diseñado para que jamás despierte ni descubra la verdadera realidad en la que vive.
Es facilísimo detenerse a notar que aquello que consideramos «concreto» en realidad no lo es; es muchísimo más abstracto de lo que imaginas. Cualquier persona que observe la realidad con atención se da cuenta de que lo que creía concreto, 30 minutos después ya dejó de serlo y se convirtió en algo puramente abstracto, simplemente porque el tiempo transcurrió. Aquello que estabas conversando y tocando con alguien, en cuanto esa persona se marcha, queda reducido en tu mente a un simple recuerdo. Pero ¿a dónde se fue esa cosa supuestamente «concreta» por la que te golpeabas el pecho asegurando que era real? Todo pasa luego a ser memoria. Nuestra realidad física —esa por la que muchos sacan pecho diciendo que es tangible y que solo creen en lo que ven—, en el fondo, no es más que un castillo de naipes sumamente fácil de derrumbar.
Percibimos la vida según nuestro estado emocional. Si tu estado emocional es óptimo, tu día se vuelve óptimo. Si tu estado mental y emocional es pésimo, tu día se vuelve pésimo. Así es como experimentamos toda la realidad física: filtrada a través de nuestra propia estructura mental y afectiva. Si logramos elevar nuestro nivel de conciencia para empezar a pensar por nosotros mismos y ganar claridad sobre todo lo que nos rodea, la realidad física cambiará sin lugar a dudas. Comenzaremos a cuestionarlo todo a nuestro alrededor con una lucidez mental inmensamente superior a la habitual.
Cuando tienes siete años, tu percepción es una; cuando te conviertes en adulto, tu percepción es completamente otra. A medida que el tiempo avanza y vas cuestionando lo que ves, adquieres una perspectiva diferente sobre la existencia.
El nivel de conciencia puede expandir nuestra mente de formas extraordinarias, permitiéndonos notar cosas que antes ignorábamos porque seguíamos bloqueados por un sistema de creencias, por un molde impuesto en nuestra cabeza. Nuestros patrones de pensamiento y sentimiento tienen que renovarse de raíz para que nuestra percepción de la vida comience a expandirse.
Los paradigmas arrastrados desde la infancia, los paradigmas impuestos por la religión y los paradigmas construidos dentro de nuestro sistema mental deben transformarse en algo que impulse el crecimiento de tu vida.
Si sentías miedo de encarar algo que te frenaba y de pronto te llenas de coraje y tomas conciencia de que puedes plantarle cara, sales de ese estado letárgico y bloqueado en el que te encontrabas y comienzas a trazar un rumbo completamente nuevo. Si empiezas a cuestionar la vida y la tercera dimensión de una manera distinta, y comienzas a sentirla con mayor profundidad, conquistas una percepción de la realidad mucho más amplia... Eso es percibir la tercera dimensión con verdadera profundidad.
Por lo tanto, si la tercera dimensión es un reflejo directo de nuestra mente, y si todo lo que expresamos, pensamos y sentimos moldea nuestra percepción en este plano, entonces podemos construir nuestra realidad exactamente como se nos dé la gana.
Si quieres ser miserable, serás miserable; si quieres ser próspero, serás próspero; y si decides expandir tu percepción respecto a esta tercera dimensión, sin duda la expandirás.
Este mundo puede funcionar como una trampa de ilusiones: un plano donde la masa vibratoria colectiva de la Tierra pretende que te mires en su reflejo y formes parte de su inercia. Pero en el instante en que tomas conciencia de tu capacidad real y comprendes que tu realidad se forja a través de tu propia voluntad, tu verdadera realidad comenzará a emerger ante ti. Y tenlo por seguro: habrá muchísima gente diciéndote que estás equivocado, que no eres capaz y que tienes que mantener los pies dentro de las verdades prefabricadas durante siglos. Pero justo ahí está el secreto del asunto: al tomar conciencia de ti mismo, asumir la total responsabilidad sobre tu vida y encarar esta tercera dimensión tal como la percibes, comprendes por fin la verdadera profundidad del lugar donde habitas: cómo es este mundo, de qué forma opera, cómo puedes intervenir en él y lo fascinante que puede ser esta realidad cuando dejas de estar encadenado a mentiras diseñadas para impedir tu crecimiento.
En resumen: tú creas la realidad de la tercera dimensión tal como lo desees y, a partir de ese momento, te conviertes en el amo y creador de tu propia realidad, teniendo dentro de ti la potestad absoluta de hacer que tu vida te pertenezca por completo.

«A lo largo de la vida muchos han oído hablar de esta sensación, pero ¿sabes realmente qué es el estado de gracia?»
A lo largo de la vida muchos han oído hablar de esta sensación, pero ¿sabes realmente qué es el «estado de gracia»?
¿Será acaso estar en paz con uno mismo? ¿Será tener en tu mente un nivel supremo de armonía? ¿O será alcanzar lo que los yoguis llaman «experimentar el samadhi»?
¿Por qué este estado de gracia no dura toda la vida? ¿Por qué suele ser solo un momento fugaz? Nosotros tenemos nuestra conciencia y ella experimenta el día a día según nuestro estado emocional. Hay días en que te sientes óptimo, fuerte, feliz y contento, y entonces todo se vuelve maravilloso, todo fluye bien y se siente una plenitud profunda. Hasta solemos decir: «¡Hoy viví en estado de gracia!». Pero de pronto ocurre algo —una canción, un detonante emocional, una contrariedad— que te saca de ese estado. Y de repente, ahí estás: hundido en el infame estado de la irritabilidad. Con eso volvemos a lo que solemos llamar «estado normal»: la rutina diaria de problemas, tensión, roces y vicisitudes que verdaderamente desgastan nuestro día a día.
Ese estado que acostumbramos calificar como «normal» es el que creemos erróneamente que es el correcto para vivir: el que va a merced de la marea de las circunstancias... Si el día está hermoso, navego en la corriente de lo hermoso. Si el día está pésimo, surfeo las olas turbulentas de la desgracia. Sin embargo, el auténtico estado de gracia consiste en lograr experimentar la neutralidad ante las cosas. Consiste en percibir claramente que existen problemas por resolver, pero en lugar de jalarte los pelos de la cabeza y entrar en el drama del desastre, buscas encarar esos problemas y resolverlos con calma, con serenidad y con firme capacidad de resolución. Si tienes esta conciencia, estás muchísimo más cerca de vivir en un verdadero estado de gracia. La neutralidad te otorgará paz y templanza frente a todo lo que ocurre a tu alrededor.
Cuando experimentas esta neutralidad y comienzas a vivir sin involucramiento emocional destructivo, ciertas situaciones que antes te habrían amargado o tensado comienzas a mirarlas con ojos serenos y armónicos; logras, efectivamente, conducir tu vida con solvencia. Así es exactamente como actúan los bomberos ante una emergencia: tienen que contemplar esa escena, por más desastrosa que sea, desde la absoluta neutralidad. Es imprescindible que hagan su trabajo manteniendo la calma; se trata de una labor que debe ejecutarse sin engancharse emocionalmente con la tragedia para poder rescatar y ayudar con eficacia a los demás.
Lo mismo sucede con las azafatas cuando están en pleno vuelo y un pasajero de pronto se pone agresivo, nervioso o agitado: ellas logran mantener el equilibrio emocional para gestionar lo que acaba de ocurrir. Esta neutralidad es indispensable para detenerse, reflexionar, pensar con frialdad y no proyectar nuestras propias taras y miserias emocionales sobre los demás ni sobre las circunstancias. Si lográramos equilibrarnos y alcanzar este nivel de neutralidad, seríamos capaces de transitar los contratiempos de la vida con muchísima más calma y tranquilidad.
Buscando el equilibrio mental respecto a todo lo que te rodea, manteniendo el enfoque, observando las cosas, a las personas y al mundo con una disciplina diaria que persiga este nivel de conciencia, te irás acercando a este estado de gracia. Entonces notarás que ya no te dejas sacudir por los problemas ajenos, por la irritabilidad de otros, por los chismes, por las proyecciones energéticas densas de tu entorno ni por las noticias alarmistas de la radio o la televisión. Eres capaz de mantener tu compostura y templanza emocional al hablar con otra persona, con tus hijos y con todos a tu alrededor.
A medida que integras esta práctica y comprendes que no necesitas entrar en descalabros mentales ni afectivos, vas encarnando la frecuencia del estado de gracia. Ganas la lucidez para entender tu entorno dentro de la realidad objetiva de lo que está sucediendo, y no a través de las fantasías emocionales y mentales que sueles proyectar sobre todo y sobre todos.
Con esto construyes una percepción de tu vida infinitamente más profunda que cuando te sumerges en delirios, telenovelas mentales, suposiciones infundadas o en la creencia de que «esto me va a destruir», «soy un derrotado» o «el otro me está arruinando la existencia». Cuando conquistas el equilibrio mental y emocional en ti y logras mirar las cosas con neutralidad, la vida se vuelve más bella, aprovechas mejor cada jornada, gozas de mayor salud y haces lo correcto de la forma correcta, sin tener que sufrir las consecuencias de decisiones tomadas desde la ceguera reactiva.
Tomando conciencia de ti mismo, reconociendo que eres el único responsable de tu vida, observando tu entorno con claridad, siendo consciente de lo que dices, piensas y haces, y entendiendo que no eres víctima de nadie y que la solución real está en tus manos, comienzas a percibir que tu vida puede ser un verdadero paraíso y que en todo momento puedes tener absoluta claridad sobre qué actitud tomar. Al comprenderte a ti mismo, no te distanciarás de las personas que amas, no te alejarás de los lugares que disfrutas ni tendrás que abandonar aquel proyecto o estudio apasionante simplemente porque las suposiciones y el desborde emocional te estaban asfixiando.
Gracias a esto lograrás que las cosas en tu vida tengan un principio, un desarrollo y un final concretos. No tendrás que empezar proyectos para abandonarlos a mitad de camino por pura ansiedad antes de que el proceso madure. Tendrás una noción nítida de la realidad y experimentarás con mayor amplitud la amistad, el amor, el cariño y el afecto. Te darás cuenta de que tú contigo mismo puedes alcanzar niveles mucho más elevados de conciencia y, entonces, cosecharás verdaderas amistades, vínculos sólidos y vivencias que llenarán tu existencia con un sentido profundo. Eso es, en verdad, el estado de gracia: la comprensión lúcida, la neutralidad activa, la transformación constante y la forma limpia de vivir la vida, sin permitir que las fantasías mentales te serruchen el piso real y concreto que tienes bajo tus pies.

Si observamos el inicio de la vida de una persona a medida que va creciendo hasta llegar a la adolescencia —es decir, la cúspide de la secreción hormonal del cuerpo, cuando se incrementa de forma considerable la producción de la hormona del crecimiento (GH) para que el organismo se desarrolle; momento en el cual, en los varones, las glándulas testiculares elevan el flujo de hormonas masculinas, en especial de testosterona, consolidando la madurez sexual, y ocurre lo propio en las mujeres con la progesterona, resultando en un aumento de la libido (recordando que en el cuerpo femenino también se eleva la testosterona en menor proporción)—, podemos constatar que el cuerpo físico atraviesa una transformación colosal.
Esta transformación ocurre exactamente al mismo tiempo en el cuerpo energético, pues las glándulas que secretan hormonas —las cuales actúan como mensajeros y transforman el cuerpo, la vida y la salud de la persona para bien o para mal según su alineación en el organismo— tienen una importancia fundamental en la estabilidad biológica. Si la alineación se mantiene en equilibrio, el cuerpo vibrará hacia la salud; si está en desequilibrio, entrará en un proceso de enfermedad. De hecho, cuando el eje hormonal del cuerpo físico y sus glándulas asociadas —la hipófisis, la pineal, la tiroides, el timo, la región de la garganta, la zona inmediatamente inferior al corazón, las glándulas suprarrenales (ubicadas una sobre cada riñón) y las gónadas (ovarios y testículos)— se encuentran en un estado equilibrado, la salud del individuo es íntegra y completa.
Cuando esto ocurre, los chakras experimentan un desarrollo extraordinario. Cada glándula de nuestro organismo está conectada directamente a un vórtice de energía, donde la captación y la proyección energética constante funcionan a toda máquina. En la adolescencia, cuando la secreción hormonal comienza a desencadenar esta metamorfosis para preparar al joven hacia la vida adulta, el cuerpo pasa a recibir y movilizar energías sumamente profundas. En la región base, entre los testículos en los hombres y los ovarios en las mujeres, se gesta una frecuencia denominada Kundalini: una energía de raíz sexual que comienza a activarse. Cuando esta energía se enciende en la frecuencia femenina al final de la segunda infancia y la preadolescencia, hace que el cuerpo físico movilice fuerzas profundas y muy poderosas. Esto activa todo el organismo: todas las capas del campo áurico y del cuerpo físico experimentan una intensa transformación. Al mismo tiempo, la estructura psicológica del joven aún no está madura para asimilar semejante descarga hormonal, y ahí comienzan a brotar los conflictos típicos de esta etapa, los cuales interfieren en el cuerpo de forma aguda. Sin embargo, por norma general y salvo contadas excepciones, el nivel de vitalidad y resistencia física del adolescente es altísimo; su organismo está biológicamente preparado. Pero si su mente no se encuentra en armonía y el individuo posee además facultades paranormales —las cuales son detonadas por esta combinación de factores—, pueden manifestarse los llamados fenómenos poltergeist, fenómenos paranormales en los que algunos jóvenes excitan en exceso su campo biológico y generan intensas interacciones energéticas y físicas con los objetos y el entorno a su alrededor.
La secreción hormonal, principalmente de testosterona a esa edad tanto en hombres como en mujeres, sacude con fuerza la frecuencia de la Kundalini, provocando que esta energía despierte dinámicas particulares en la mente. El joven comienza a captar, percibir, sentir y experimentar procesos mentales como la psicocinesis (la capacidad de mover objetos con la fuerza de la mente), la cual empieza a ganar terreno en su organismo. Sería el momento ideal para que el ser humano explore y desarrolle su potencial interno, físico, mental y bioenergético si contara con una guía adecuada, y si nuestra ciencia se preocupara de verdad por el desarrollo integral de los jóvenes enseñándoles a canalizar todo ese potencial para su propio beneficio.
Al mismo tiempo que el cuerpo físico experimenta este cambio y las hormonas marcan el inicio de la madurez sexual, arranca también el proceso energético, en el que toda la frecuencia del organismo es reconfigurada por estas mismas sustancias. A lo largo de la vida, estas hormonas van ajustando, calibrando y sosteniendo nuestra frecuencia física para permitirnos desenvolvernos con normalidad, cumplir nuestras tareas diarias, razonar con lucidez y brindar a la memoria las condiciones óptimas para procesar y retener información.
Las hormonas son indispensables en el desarrollo del ser humano. Sin embargo, con el paso de los años su producción decae de forma natural. Con el proceso de envejecimiento, al cuerpo le cuesta sintetizarlas y, cuando esto ocurre, los centros de fuerza del cuerpo también decaen. Se produce una caída brusca en el campo energético de cualquier persona que sufra una deficiencia hormonal.
Cuando surge una deficiencia, por ejemplo, en el chakra laríngeo (vinculado a la tiroides) y se produce un bloqueo, exceso o escasez de hormona tiroidea —sea hipertiroidismo o hipotiroidismo—, ese desequilibrio interfiere directamente en todos los estratos energéticos y emocionales del cuerpo.
Con el hipotiroidismo, el cuerpo opera con lentitud, se estanca y no rinde como debería; el chakra laríngeo se contrae, su captación energética disminuye al mínimo, y las vibraciones densas, los pensamientos oscuros y las ideas extrañas se apoderan de la persona, haciéndole perder el contacto lúcido con la realidad. Al mismo tiempo se instala un cuadro similar a la depresión, porque este chakra es el encargado de sublimar la frecuencia sexual y, al estar bloqueado, desestabiliza la psique. La persona cae en un autodesprecio profundo: una baja autoestima tan severa que empieza a verse a sí misma como un monstruo, desatando una cascada de desórdenes físicos. La tiroides descompensada sacude por completo la estructura mental y energética del individuo.
De hecho, la caída en la producción de diversas hormonas con el tiempo desajusta severamente nuestra frecuencia, provocando trastornos del sueño, problemas en la piel y caída del cabello. Todo este declive físico se refleja en el plano energético, generando una disfunción que atrofia los chakras y, por consiguiente, perjudica a las glándulas, volviéndolas disfuncionales. Sumado a esto, está el grave problema de la mala alimentación: una dieta tóxica hace que todo el sistema glandular trabaje de forma completamente errónea.
El impacto de los fitoestrógenos de la soja es un claro ejemplo: su consumo excesivo puede descompensar todo este eje hormonal y desatar patologías. Los alimentos transgénicos, los embutidos y los productos enlatados llenos de conservantes bloquean el cuerpo físico, impidiendo que los chakras giren con fluidez. Cuando los chakras se bloquean, se entorpece el desarrollo de las habilidades mentales y la persona pierde la capacidad de percibir las frecuencias sutiles a su alrededor. La memoria se deteriora notablemente porque, al actuar las hormonas como neurotransmisores, se afecta la transmisión de información entre ambos hemisferios cerebrales; y cuando este puente se interrumpe, la capacidad de razonamiento se desploma.
También ocurre que a veces el cuerpo absorbe más energía de la habitual y no logra drenarla a la misma velocidad. Cuando existen bloqueos, se genera una sobrecarga energética en determinados chakras y puntos clave. Uno de los mayores causantes de bloqueos en la actualidad son los materiales plásticos. Cuando calientas recipientes de plástico, estos liberan sustancias altamente tóxicas como el bisfenol A (BPA) y las dioxinas, las cuales se infiltran en el organismo y provocan reacciones nocivas que ralentizan el cuerpo físico y sabotean nuestra frecuencia mental y emocional.
No obstante, lo que más afecta al ser humano adulto —tanto en la operatividad de sus chakras como en la elevación de su frecuencia vibratoria general y su salud integral— es el desequilibrio entre la progesterona y la testosterona. Esta es la causa principal de crisis entre los hombres a partir de cierta edad: cuando la testosterona cae en picada, el hombre se vuelve apático, angustiado, retraído; pierde el equilibrio mental, se derrumba anímicamente y comienza a creer que padece una depresión clínica. En consecuencia, recurre a los antidepresivos, lo que termina descompensando todavía más sus chakras. En el plano energético todo se vuelve un nudo crítico: el hombre anda cabizbajo creyendo que está deprimido, cuando en realidad lo que ocurre es que su testosterona no está fluyendo, la energía kundalínica (la libido) no asciende y ese fuego o pasión visceral por la vida se apaga. Cuando esto sucede, el hombre enfrenta severas dificultades en su sexualidad; y un hombre con la sexualidad rota se siente profundamente incompleto.
Cuando un hombre besa a una mujer, le transmite a través del beso la testosterona contenida en su saliva. Al asimilar esa testosterona, la mujer experimenta excitación biológica y vitalidad, sintiéndose plena y alegre. Si al besar a su pareja ya no siente ese fuego, percibe de inmediato que algo fundamental falta: el beso se vuelve insípido, la relación se desgasta, el cuerpo físico acusa el malestar y la armonía se desmorona. Ese es el momento de acudir a un especialista, evaluar con precisión el perfil hormonal y realizar una reposición adecuada. Es indispensable buscar asistencia médica para descartar tumores, patologías o deficiencias de minerales y vitaminas. En ocasiones los análisis clínicos no muestran nada evidente; en esos casos, el origen suele ser un desorden en el campo energético provocado por múltiples factores externos que nos afectan de manera sutil pero contundente.
En la mujer ocurre exactamente lo mismo: la secreción de progesterona la impacta de forma determinante. Si no se produce con equilibrio, la mujer comienza a sentirse incómoda consigo misma. Además, la testosterona femenina —que de por sí se encuentra en niveles más bajos— puede descender drásticamente hasta rozar el cero. Este déficit genera estragos en el cuerpo físico y desalinea los chakras, sumiendo a la mujer en cuadros de profunda angustia y depresión. En su mente empiezan a tejerse constantes dramas y novelas mentales, ya que la mujer suele tener mayor tendencia a internalizar los conflictos de forma íntima, lo que desata un caos considerable en su salud.
Lo correcto es cuidar de nosotros entendiendo la salud también desde una perspectiva bioenergética: rodeándonos de personas constructivas y cultivando pensamientos que eleven nuestra conciencia y nos impulsen a evolucionar. Debemos acudir a médicos y especialistas que comprendan que, más allá del balance hormonal, buscamos una integración física, mental y emocional. No profesionales que se limiten a recetar químicos sintéticos que a menudo perjudican más de lo que ayudan, sino terapeutas y médicos enfocados en una verdadera modulación y equilibrio biológico amplio, que promuevan una alimentación limpia y libre de ultraprocesados, aditivos químicos, cigarrillo, acidulantes y conservantes.
En definitiva, necesitamos desprendernos de todo aquello que envenena nuestro organismo y empezar a apostar conscientemente por nuestro bienestar. Tengamos siempre presente que los pensamientos detonan respuestas energéticas, y esas respuestas alteran los chakras y fijan patrones vibratorios densos en el cuerpo. Todo forma parte de un engranaje indivisible: las glándulas regulan las hormonas, las hormonas moldean la estructura física y energética, y ante cualquier desequilibrio el sistema se bloquea por completo. En cuanto comprendemos este mecanismo y buscamos activamente el equilibrio integral, conquistamos una vida infinitamente superior.
Por supuesto, estas líneas representan apenas una noción introductoria de la profunda relación entre hormonas, energía y funcionamiento cerebral.
Quien desee profundizar en este conocimiento debe investigar y consultar fuentes especializadas; existe abundante información seria que te servirá de guía para alcanzar una salud plena y consciente.

«¡Sintoniza tu vibración en la frecuencia correcta!»
Todo en este mundo posee una vibración de ondas, cortas o largas, que se densifican o se sutilizan según la velocidad a la que se mueven los átomos. Podemos decir que una mesa tiene una vibración más corta que le permite manifestarse físicamente y genera una frecuencia que se propaga en la tercera dimensión como un objeto sólido. Pero ¿tienes la costumbre de usar expresiones como: «¡Tengo buena vibra!», «¡Mi frecuencia está genial!», «¡Mi frecuencia está baja!» o «¡Mi vibración es pesada!»? Sea tu respuesta afirmativa o negativa, no importa; en este texto aclararemos con exactitud qué es la vibración, qué es la frecuencia y cuáles son sus diferencias concretas.
¿Cómo podemos trabajar nuestra vibración para que la frecuencia emitida sea completamente distinta?... Voy a explicártelo de forma clara para que todos lo comprendan y puedan aplicarlo en su vida cotidiana.
La vibración serías tú... Pongámoslo en términos directos: ¡tú eres vibración! Eres un conjunto vivo de vibraciones. Tu cuerpo funciona vibrando. Todo en nuestro mundo vibra: todas las cosas oscilan y tienen su propia vibración. La vibración es ese movimiento constante, ese pulso intrínseco de los elementos existentes. La frecuencia es lo que esa vibración emite: es el sonido, la radiación energética, el olor y la señal que esa oscilación proyecta. Así pues, la vibración eres tú, tu esencia, tu cuerpo, la pared, el objeto físico; todo está constituido por conjuntos de vibraciones.
El cuerpo físico es uno de estos complejos paquetes vibratorios. Por ejemplo, cuando una persona es niña, convive con su padre, su madre y sus hermanos. Esa criatura absorbe y aprende a ser un poco del padre, un poco de la madre y un poco de los hermanos; luego va a la escuela y aprende a ser un poco de la escuela. Así va creciendo, aprendiendo a ser como fulano o mengano, aprendiendo a leer y escribir, recibiendo más información y transformándose en un conglomerado de influencias diversas que pueden resultar muy beneficiosas o sumamente dañinas para su vida. Porque, normalmente, no nos formamos solo de aspectos positivos: absorbemos lo bueno y lo malo de los padres, lo bueno y lo malo de la escuela, lo bueno y lo malo que escuchamos en el entorno, y todo eso forja nuestra personalidad. A lo largo de los años, nuestra personalidad intenta convertirse en una estructura que brinde salud, alegría y sentido a nuestra existencia. Eso intentamos hacer con nuestra vida; eso constituye nuestra vibración. Una persona que tuvo una crianza armónica y equilibrada sostiene una vibración más estable; mientras que alguien que creció en medio del desequilibrio de sus padres, ofensas y sufrimientos, carga una vibración que emite frecuencias densas y negativas.
Lo que está en equilibrio emite frecuencias agradables. Es muy común acercarte a una persona y percibir de inmediato una emanación energética tan pesada que te dan ganas de salir corriendo de allí. Ya sea porque no para de hablar cosas destructivas o porque solo se queja, llora, se victimiza y culpa a los demás, rumiando asuntos que no aportan nada y eludiendo toda responsabilidad sobre sus propios problemas.
Ese conjunto de vibraciones que constituye a esa persona proyecta frecuencias, energías y emanaciones corporales que incomodan a todo su entorno. Energéticamente hablando, ese conjunto de vibraciones puede transformarse, puede corregirse. Una persona que acepta reconocer sus propios defectos y empieza a pulir actitudes improductivas comienza a transformar su vida en algo infinitamente más grato. Si despierta esta conciencia y comprende que el sistema de creencias que arrastra no le sirve para hacer florecer su vida, ¿qué sentido tiene seguir cargándolo?
En cuanto toma la decisión de cambiarlo, las cosas comienzan a encaminarse de forma mucho más armónica. Pero si, por el contrario, se aferra tercamente a un sistema de creencias infructuoso creyendo que la vida no vale nada y que todo es una porquería, jamás logrará esa transformación, y sus emanaciones negativas atraerán a su vida exactamente todo aquello que supuestamente deseaba evitar.
Si en mi vida estoy emitiendo frecuencias vibratorias de escasez —y de hecho mi cuerpo emite frecuencias todo el tiempo, porque son la radiación de mi propia vibración— convencido de que no voy a generar dinero, esa frecuencia bloqueará la llegada de la prosperidad económica. Tengo que cambiar mi vibración interna para que mi frecuencia sintonice y atraiga el dinero. Lo mismo opera en las relaciones afectivas: tengo que transformar mi vibración para que mi frecuencia atraiga a mi verdadero amor. Y en la salud ocurre exactamente igual: debo ajustar mi frecuencia para que la vitalidad se manifieste en mi cuerpo.
La vibración es la estructura total que emite durante las 24 horas del día, en cada instante de nuestra existencia, aquello que hablamos, pensamos, sentimos y construimos con nuestros padres, familia, amigos y entorno. Todo esto impacta mental y energéticamente a nuestro cuerpo. Debo ser consciente de que, siendo yo un conjunto de vibraciones, tengo el poder de transformar esa estructura hacia lo constructivo.
Por lo tanto, entendiendo que soy vibración y que puedo moldearla a voluntad, paso a vibrar de forma proactiva: hablando, estudiando, visualizando y sintiendo lo que deseo manifestar. Si logro armonizar mis chakras, estabilizar mi campo, comprender mi propia vibración, activar mis facultades paranormales, proyectarme fuera del cuerpo, percibir el campo energético de las personas, desarrollar la clarividencia y despertar todas las capacidades latentes en mí con total lucidez, es porque transformé mi patrón vibratorio, y ese patrón se convirtió en la realidad tangible que estoy buscando.
Para lograr esto, tengo que elevar mi frecuencia positiva, situando esa vibración en el estándar más alto posible. Es decir: necesito trabajar mi mente por todos los medios para que se expanda, para adquirir sabiduría y construir un panorama mucho más favorable frente a la vida. Solo entonces vibraré en frecuencias superiores que me otorgarán una comprensión inmensamente mayor de las cosas.
Una persona parada al pie de un edificio que intenta abarcar la totalidad del paisaje no lo conseguirá; pero si sube a la azotea y mira hacia abajo, tendrá la panorámica completa. Esto significa que cuanto más alto te posiciones en tu nivel de conciencia, más fructífera será tu búsqueda y mayor será tu progreso; con absoluta certeza, tu vibración emitirá frecuencias que atraerán esa energía las 24 horas del día, estableciendo comunicación con todo lo positivo para que tu vida avance con éxito. Tu frecuencia estará emitiendo, atrayendo y difundiendo positividad de forma continua; de modo que, además de ser un receptor, te convertirás en un faro y propagador de energías benéficas.
El secreto fundamental consiste en aprender a vibrar; y vibrar significa pensar, hablar, articular y gestar dentro de ti una energía superior con la que vayas escalando niveles y peldaños de crecimiento continuo. Si te quedas atrapado en creencias limitantes que te impiden avanzar, quejándote, insultando, peleando y creando conflictos innecesarios, tu vibración se contaminará por completo.
Si durante un momento del día vibras en una frecuencia positiva y constructiva, pero al instante siguiente te pones a alimentar pensamientos densos y nefastos, ¿qué ocurrirá contigo? Una parte de ti estará bien y la otra quedará totalmente bloqueada. En la frecuencia de la elevación de conciencia es imposible sostener la negatividad; si caes en ella, te sales de la vibración donde deseabas permanecer. La vibración siempre atrae a sus iguales: si eres una mezcla de pensamientos negativos y positivos, tu frecuencia será inestable y confusa. Pero si aprendes a dominar toda esa energía y trabajas con disciplina para elevar tu conciencia —leyendo libros nutritivos, asistiendo a conferencias valiosas, rodeándote de cosas extraordinarias—, tu estructura mental alcanzará un estándar elevado, tu frecuencia se transformará y comenzará a emitir patrones superiores. El patrón vibratorio se puede reprogramar: si somos vibración, nuestro cuerpo emite frecuencias ininterrumpidamente.
Si me acerco a una persona enferma y dialogo con ella haciéndola tomar conciencia, y logro emitir frecuencias que provoquen que la vibración de su cuerpo (que es un paquete vibratorio vivo) se reconfigure, esa frecuencia enferma cambia y la persona puede sanar.
En resumen: estamos conformados por un conjunto de vivencias, formas, arquetipos; somos el reflejo de nuestros padres, de nuestras creencias, de nuestra familia, de la pareja, del sistema político; somos la suma de todo lo que nos enseñaron y aceptamos a lo largo de la vida, tanto lo que vale la pena como lo que no sirve. Lo correcto es hacer una pausa, reflexionar y cambiar nuestra vibración para que nuestra frecuencia sea otra, dejando de lado los moldes improductivos heredados, la baja autoestima y cualquier energía densa que pretenda acercarse. En definitiva, debemos blindarnos contra todo lo que genere caos en nuestro interior para sostener una vibración verdaderamente saludable.

La relación afectiva entre los seres humanos se basa, en un principio, en fantasías. Fantaseamos demasiado respecto a la persona amada, como si fuera el ser más hermoso y maravilloso del mundo, porque así deseamos verla.
Nos fijamos en ciertos rasgos, percibimos detalles en la persona que nos cautivan y, sobre esas características físicas, construimos una historia —inconsciente y consciente— de cómo debería ser esa persona. El inicio de todo esto se gesta en la fantasía, a medida que todas las hormonas del cuerpo se van preparando para encontrar a esa persona especial y compartir momentos con ella. Y cuanto más se fantasea sobre esa persona y más expectativas se crean, más se llena el corazón de esa frecuencia, de esa energía y de esas ganas tremendas de estar a su lado.
Esto va forjando un lazo, y ese lazo genera un brillo visible en el cuerpo físico de quien está enamorado: una atracción magnética que a menudo cautiva a la otra persona, dando comienzo a la relación afectiva. Durante los primeros meses de esta unión, el sentimiento predominante en ambos es el de no lastimar al otro. En los primeros tres meses, la relación gira en torno al deseo mutuo de agradarse y de vivenciarse plenamente. El sexo es distinto, el amor se siente diferente, el beso tiene otro sabor; todo comienza a vivirse con una intensidad extraordinaria.
Con el paso de los meses, una de las dos partes empieza a querer imponer ciertas cosas para amoldar la relación a su propio gusto. A veces es el hombre, a veces es la mujer, y a veces ambos entran simultáneamente en esta fase. Todavía solemos decir que es una relación agradable, bonita y saludable. Sin embargo, a partir del momento en que uno de los dos comienza a exteriorizar sus heridas y miserias emocionales, esa conducta admirable de paciencia, cariño y respeto mutuo empieza a enturbiarse. Muchas veces la relación se destruye simplemente porque la percepción de uno comienza a chocar con la del otro.
Pero existe también el camino positivo: aquel que lleva a los seres humanos a consolidar un cariño y un respeto genuinos el uno hacia el otro. Se nivelan conscientemente en su madurez y, entonces, la relación avanza hacia un destino mucho más constructivo, donde ambos asumen el compromiso de construir una realidad compartida. Se genera así una frecuencia sólida que llamamos familia. Esta familia que nace, si se mantiene bien equilibrada dentro de los patrones de respeto mutuo, se encaminará por un sendero donde la proyección de ese amor a futuro será la estructura familiar que creará, los hijos que engendrará y las situaciones positivas que florecerán. Desafortunadamente, en nuestro mundo actual, gran parte de este crecimiento y de la belleza de la relación afectiva se desmorona cuando los desórdenes mentales o las heridas emocionales de uno o de otro desestabilizan a la pareja y la sacan de este carril.
La palabra Namoro (noviazgo), en la lengua IRDIN, significa cuidar del otro, sintonizarse con la frecuencia del otro, perfeccionarse en la convivencia mutua, protegerse en todos los sentidos y profesarse un respeto absoluto. El matrimonio, por su parte, consiste en la unión de dos personas para crecer juntas, expandir su patrimonio personal y emocional, y experimentar la elevación de su frecuencia afectiva en todas las dimensiones, propiciando una energía de evolución mutua. En los últimos tiempos, nuestras relaciones afectivas y sexuales se han visto gravemente sacudidas por el desequilibrio que se proyecta dentro del vínculo. Cuesta dialogar, reflexionar y respetarse. Si existe respeto, si hay afecto mutuo, si se sostiene el diálogo y se busca una vía consciente para sacar adelante la relación, esta se fortalecerá, se volverá placentera y alcanzará un nivel sumamente positivo.
Si no existe ese terreno fértil para que la relación crezca y se consolide, lo más sensato sería que cada uno siga su propio camino. Nadie se convierte en dueño del otro por estar juntos: nadie es dueño de la vida ajena ni de los sentimientos del otro por el simple hecho de compartir una relación.
Lo correcto es que cada quien respete y continúe su camino si la situación no da para más. De nada sirve recurrir a la violencia, a la ignorancia o al descontrol emocional, porque cuando se cae en ese desequilibrio, la frecuencia jamás alcanzará lo que estaba destinada a lograr. Por lo tanto, para que una relación funcione entre personas que se quieren y dicen amarse, en primer lugar tiene que haber respeto. Es indispensable comprender que, para que el otro te valore y para que el vínculo sea sólido, cada uno debe comenzar por cuidar de sí mismo: cuidar su mundo emocional, sanar sus celos, hacerse cargo de sus propias locuras y mantener su universo interior en perfecto equilibrio. Porque en cuanto un individuo hace este trabajo interno, alcanza un nivel de estabilidad que permite que la pareja se nutra de lo mejor de ambos.
La mejor manera de resolver un conflicto en la pareja es que ambos, en lugar de pasarse la vida cobrando facturas, culpándose y presionándose mutuamente, vuelvan la mirada hacia su interior y resuelvan primero la relación consigo mismos antes de pretender lidiar con el otro. El amor y la consideración deben proyectarse hacia todo el mundo: desde el respeto de dar los buenos días al trabajador que está a tu lado, hasta la amabilidad con la gente que camina por la calle... La gentileza en cualquier ámbito de la vida marca una diferencia abismal.
El respeto por ti mismo es fundamental para que nadie venga a pisotearte ni a rebajarte. El respeto hacia ti mismo, en relación con lo que puedes hacer para mejorar tu vida, será siempre el reflejo exacto de lo que proyectarás en tu pareja. Por eso, para que una relación afectiva prospere, el primer paso indiscutible es mirarte a ti mismo, buscarte, examinar tus propios sentimientos, reconocer lo que cargas dentro, reflexionar y armonizar esa frecuencia en tu interior de la mejor manera posible.
La palabra «Tantra» representa con exactitud este principio. El Tantra es una enseñanza milenaria de la India donde se trabajaba profundamente el respeto del «yo conmigo mismo». El «yo soy yo»: ese «yo soy» eres tú contigo mismo en tu centro, y el «yo soy yo» es la integración de todas tus partes en el plano afectivo. A partir de esa base, cultivaban el respeto hacia uno mismo, el respeto hacia fulano, hacia mengano, hacia la familia y hacia todos los que te rodean. Si una persona es incapaz de cultivar ese respeto elemental hacia los demás, jamás podrá respetar a su pareja en el terreno afectivo.
¿Quieres saber si una relación va a funcionar? Tómate el tiempo de observar cómo esa persona trata a los demás, cómo se relaciona con sus compañeros, de qué manera transmite la información y qué nivel de estrés maneja en su vida diaria. Ahí tendrás una radiografía exacta de con quién estás tratando y con quién estás conviviendo.
Por lo tanto, disfruten intensamente de sus relaciones, procuren dar lo mejor de sí mismos, aprendan a respetarse y a respetar a los demás. Recuerda siempre que el impacto negativo que causes en otra persona es exactamente lo que recibirás de vuelta en la relación. Siempre es así: no te engañes creyendo que una mala acción va a resolver tus problemas o te hará sentir bien, porque no será así... Terminará mal, porque lo que nace mal, termina mal. Y bajo esa misma ley, todo lo bueno que hagas por ti y por los demás retornará multiplicado a tu vida. Y a ese bien, a esa corriente, a esa energía, a esa frecuencia —o como prefieras llamarla—, se le llama respeto, se le llama amor, se le llama vida.

La palabra «sensitivo» significa sentir y hacerse sentir. Este término se utilizó para distinguir a aquellas personas que poseen una habilidad fuera de lo común: son capaces de percibir las energías y los acontecimientos de una forma que el ser humano promedio no logra captar. El individuo que posee esta capacidad sutilizada puede leer la mente de otra persona, percibir colores áuricos, frecuencias y luces diferenciadas que el común de la gente no percibe. Tiene sus facultades mentales infinitamente más desarrolladas.
Lo que sucede es que, en nuestra sociedad, la palabra o el término «sensitivo» fue encasillado dentro de ciertas religiones, quedando atrapado en el terreno de los prejuicios de quienes no profesan esos credos. Debido a esto, cuando un individuo comenzaba a manifestar estas habilidades mentales, era perseguido de una u otra manera por personas convencidas de que este tipo de percepción no existe, tildándolo de loco o de charlatán. Esto frenó y perjudicó enormemente el desarrollo de quienes realmente deseaban potenciar sus facultades mentales.
Nosotros poseemos 105 sentidos y más de 4.000 habilidades mentales: capacidades extraordinarias para experimentar todo nuestro potencial. Utilizamos una porción ínfima de nuestro cerebro en relación con nuestras capacidades mentales, y la información que suele circular sobre este tema siempre es negativa o está distorsionada para hacer creer que quien despierta estas habilidades es un ser especial o un «iluminado». En realidad, no tiene nada que ver con eso: estas facultades son inherentes al ser humano. Toda persona posee esta capacidad y este poder, pero no los desarrolla porque jamás fue educada ni entrenada para ello.
Cuando alguien toma conciencia de que está despertando ciertas habilidades, tiende a encerrarse en un mundo hermético por miedo a mencionarlas y que lo acusen de mentiroso o de estar haciendo algo indebido. Por otro lado, algunos que desarrollan estas facultades caen en la trampa del ego de querer ser idolatrados o tratados como seres superiores, bloqueando la transmisión del conocimiento por temor a que otros también se desarrollen. Así se genera este juego de evasivas, miedo e inseguridad en torno a las habilidades mentales y al aspecto sensitivo, terminando por distorsionar por completo este potencial maravilloso que todos portamos.
Somos millonarios en cuanto a nuestras habilidades innatas, pero no sabemos cómo despertarlas ni de qué manera ponerlas en práctica en el mundo exterior por el temor a no ser aceptados por la sociedad, por la familia o por la gente en general; todo ello aun sabiendo que las personas suelen juzgar a cualquiera por cualquier motivo. Sin embargo, la verdad es que no tiene ninguna importancia lo que los demás piensen o sientan al respecto; y el sensitivo debería ser el primero en tomar conciencia de esto.
Tenemos tantas frecuencias fascinantes dentro de nuestra propia energía que, en cuanto logramos despertar estas habilidades y comenzamos a vivenciarlas de forma práctica, la vida cambia radicalmente. Porque a nuestro alrededor se acabará la mentira: un sensitivo es capaz de captar la frecuencia del mentiroso y percibir la realidad tal cual es. Logra descifrar y comprender las vibraciones de su entorno; aunque, aun así, a veces puede quedar entrampado en los sistemas de creencias de su propia mente. Por eso necesita despertar continuamente para alcanzar niveles de conciencia cada vez más elevados.
Yo comparo nuestras habilidades mentales con el entrenamiento para tocar el violín: si una persona toma un violín y practica con pasión, con disciplina, estudia, ensaya, se capacita y persevera día a día, con el tiempo alcanzará la maestría sobre el instrumento. Pero si simplemente toma el violín de vez en cuando, lo mira como un juguete, toca un par de notas y lo vuelve a guardar, jamás desarrollará la habilidad.
Exactamente igual que con las destrezas que debemos aprender para desenvolvernos en la tercera dimensión física, la condición de sensitivo se puede entrenar y perfeccionar mediante el esfuerzo, la constancia y la capacitación mental. Desarrollamos estas facultades creyendo firmemente en la fuerza y en la energía que residen en nuestro interior; a partir del momento en que instalas esa certeza, la energía dentro de ti te demuestra que sí puedes, y terminas por consolidar tus habilidades mentales.
En la parapsicología, estas facultades se dividen fundamentalmente en dos ramas: Psicapa y Psiteta. Psicapa (Psi-kappa) es la capacidad que tiene el ser humano de mover o influir sobre objetos físicos mediante la fuerza de la mente (psicocinesis). Psiteta (Psi-theta) es la facultad que tiene el individuo de percibir todo lo sutilizado y extrasensorial, mucho más allá del rango de sus sentidos físicos habituales.
Quien se desarrolla en este campo no se convierte automáticamente en un ser superior solo por haber despertado habilidades mentales. Se vuelve una persona verdaderamente evolucionada a partir del momento en que utiliza esas facultades como herramientas prácticas para mejorar su propia vida y su entorno. Y como en todo, el cuidado de uno mismo es lo que marca la diferencia: cuanto más te cuidas, más te proteges, más aprendes y más consciente te vuelves, mayor será tu claridad mental y tu sabiduría. Con ese avance continuo, con el paso del tiempo lograrás mantenerte plenamente dueño de tu vida y de tus asuntos, manteniendo siempre los pies bien firmes en la tierra. Si no tienes los pies en la tierra, terminarás completamente perdido y desconectado, como le ocurre a tanta gente en este mundo.
Nosotros clasificamos, por ejemplo, al individuo que posee facultades mentales desarrolladas pero que vive «en la luna», totalmente desfasado de la realidad práctica a su alrededor. Esa falta de coherencia personal demuestra que está viviendo en la frecuencia del astral: la frecuencia de la ilusión, de las suposiciones infundadas y de la falta de discernimiento. ¿Por qué ocurre esto? Porque sus ondas cerebrales permanecen en frecuencias lentas o bajas: desarrolló ciertas habilidades de captación, pero su ego es más fuerte que su percepción y termina confundiéndose y saboteándose a sí mismo.
En cambio, cuando el individuo logra acelerar sus ondas cerebrales, realiza actividad física, cuida su organismo, fortalece su salud, mantiene los pies bien puestos en la tierra y se dedica a estudiar, leer e investigar con disciplina, esa persona está en el camino correcto. Sus ondas cerebrales operan a mayor velocidad y posee la solvencia mental para guiar su vida y hacerla fluir de forma sumamente positiva. Esta es la visión clara que debemos sostener respecto a quien desea desarrollar sus habilidades mentales y, al mismo tiempo, plantarse con éxito en este plano físico sin perder el rumbo. El sensitivo necesita ser lúcido, profundizar en su propio autoconocimiento y, preferentemente, mantenerse libre de dogmas, religiones o cualquier atadura mental que pretenda boicotear su evolución. El conocimiento es eterno y el desarrollo humano tampoco tiene fin.

«El nivel de conciencia se nutre enormemente del conocimiento, pero es la forma en que se utiliza y se experimenta ese saber lo que llevará a la persona a convertirse en una verdadera sabia de sí misma».
Se habla mucho sobre el nivel de conciencia... ¿Qué vendría a ser el nivel de conciencia? ¿Cómo podemos entender el mundo que nos rodea a través de nuestra propia percepción? En primer lugar, nuestra percepción actual de los hechos es sumamente reducida, porque carecemos de la comprensión integral de todo lo que existe a nuestro alrededor.
Para alguien que mira una nube y dice: «¡Vaya, qué nube tan bonita, parece de algodón!», en su mente puede fantasear con que realmente está hecha de algodón. En cambio, para una persona que ya conoce y ha estudiado meteorología, que comprende la dinámica del clima y de las nubes, entenderá que una nube es en realidad una acumulación de determinados gases y vapor de agua que, al combinarse con otros factores, generarán lluvia o tormenta en proporción al desarrollo que alcance la nube.
Son dos cosas totalmente distintas. El conocimiento expande la conciencia: cuanto más conocimiento tenemos, más se ensancha nuestra capacidad de percibir. Sin embargo, cuando el conocimiento se fundamenta en premisas erróneas, produce distorsiones en la comprensión global de la realidad; y cuando el ser humano pasa a creer ciegamente que eso es lo absoluto y lo indiscutible, su capacidad perceptiva se bloquea por completo. Por eso afirmamos que el nivel de conciencia se alimenta del conocimiento, pero es la manera en que aplicas ese conocimiento y lo llevas a la experiencia práctica lo que te convertirá en un auténtico sabio de ti mismo.
El sabio logra comprender y percibir muchas cosas; sin embargo, no pretende abarcarlo todo. Jamás tendrá una percepción absoluta, porque sabe que es humano, que comete errores y que lo que domina en un campo puede ignorarlo en otro. Pero mantiene la mente abierta para explorar nuevos saberes y sacar sus propias conclusiones sobre lo que considera acertado o no, perfeccionándose y viviendo la experiencia en carne propia, sin asumir ciegamente que todo lo que está escrito en un libro es dogma sagrado e inamovible, cerrándose a observar la realidad con ojos frescos.
Comprender la física; entender que la física puede no ser exactamente lo que nos han contado. Comprender nuestro mundo, observarlo y darnos cuenta de que tal vez no funcione como nos dijeron o como creemos que es. Cuando la mente se abre a explorar el mundo sin ataduras, todo se vuelve infinitamente más fascinante. Cuando alguien afirma que no cree en una religión, en una persona o en una frecuencia sutil que otro está experimentando, o decreta que algo «no existe» escudándose en términos científicos para imponer lo que él cree, deberíamos dudar tanto del científico como del religioso. Porque de la misma forma en que el creyente habla desde sus dogmas y creencias sobre lo que asume que existe, el científico dogmático hace exactamente lo mismo. Pero si le preguntamos a quien repite la teoría de un libro si él mismo ha presenciado y comprobado experimentalmente lo que está escrito, ¿cuál será su respuesta?
La gran mayoría de las veces, cuando intenta reproducir los experimentos dictados por los manuales, comienza a toparse con múltiples variables que difieren del punto de vista que algún investigador formuló siglos atrás... Afirmar que la vida en la Tierra es de una forma y que tú creas que es de otra depende enteramente del nivel de conciencia que sostienes en este momento. Con un nivel de conciencia superior, más refinado y libre de manipulaciones, tendríamos una percepción mucho más amplia de la existencia y comprenderíamos su engranaje completo. Veríamos con total claridad que la vida plena no tiene nada que ver con las limitaciones que nos hemos autoimpuesto aquí.
No vemos el viento con los ojos, pero sentimos con total certeza su fuerza golpeando nuestro cuerpo. No vemos la luz ultravioleta ni los demás espectros de color que existen a nuestro alrededor, ni las frecuencias electromagnéticas o las ondas de radio. ¿Acaso por no verlas podemos asegurar que no son reales?
Sin embargo, podemos captarlas y comprobar su presencia mediante ciertos instrumentos. Pero ¿qué pasaría si no tuviéramos esos aparatos, o si jamás se hubiesen inventado? Si en mi sistema de creencias asumiera que eso es imposible y que jamás existirá, me limitaría tercamente a sentenciar que «mi» postura es la única verdad y asunto cerrado. No obstante, siempre surgirán nuevos investigadores, personas con la mente libre y descondicionada, con un nivel de conciencia superior, que no solo demostrarán la existencia de esos fenómenos, sino que abrirán nuevas vías tecnológicas para beneficiar a nuestro mundo. Lo mismo aplica a las personas con sus niveles de conciencia, a la medicina y a todas las ciencias: todo atraviesa un proceso evolutivo. Pero cuando el nivel de conciencia se encadena a un solo dogma, la información permanece congelada durante siglos y siglos. En cambio, cuando el individuo es un buscador inquieto, alguien que no acepta pasivamente las cosas como se las pintaron y que en su búsqueda constante se pule, comprende, siente y experimenta, crece sin frenos y accede a niveles mucho más avanzados y profundos.
Tener un nivel de conciencia elevado es gozar de una percepción multidimensional en todos los sentidos. Es no encasillarse ni fanatizarse con ningún sistema de creencias, ni descartar que algo exista simplemente porque la autoridad de turno dijo que no existe. Es investigar la información hasta sus últimas consecuencias y verificarla por ti mismo desde todos los ángulos posibles: solo así se conquista una verdadera transformación.
Por eso, tener nivel de conciencia es mantener la percepción abierta, sostener una mentalidad transparente y buscar respuestas tanto dentro como fuera de ti, incluso cuando contradigan lo establecido. Es no aceptar una conclusión previa como un punto final, sino convertir ese punto final en el inicio de un nuevo camino para que otros también puedan transitarlo contigo. Es no ser un investigador cómodo que se queda de brazos cruzados esperando que otro haga el trabajo para luego sentenciar qué está bien y qué está mal. El radicalismo, apunte hacia donde apunte, jamás conduce a la lucidez ni a la percepción clara; solo sirve para distorsionar todavía más la realidad.
Por lo tanto, eleva tu nivel de conciencia, asume la actitud de un auténtico investigador, sé de todo corazón esa persona que avanza sin frenos y no desanimes jamás a quien está buscando respuestas o intentando hacer algo diferente. Motiva a la gente a superarse, abraza las propuestas de quienes quieren evolucionar y camina hombro a hombro con ellos. Únete a quienes realmente quieren marcar la diferencia; porque, en verdad, vinimos a este mundo físico a transformar la realidad, no a convertirnos en una copia de lo que ya existe.

«Los diferentes son aquellas personas que piensan de forma completamente distinta a las masas dominadas de la Tierra. Personas que verdaderamente miran hacia el interior de su vida y forjan su propio camino».
Son las personas que piensan de manera completamente diferente a las masas dominadas de la Tierra. Individuos que verdaderamente miran hacia adentro de sus vidas y forjan su propio camino. Conquistan su destino a través del esfuerzo y la fuerza de voluntad; son ejemplos vivos en este mundo. Estos referentes resultan siempre una fuerza motivadora para la evolución ajena: no siguen consignas políticas, no se someten a sistemas religiosos ni construyen dentro de sí patrones que los limiten. Conducen su conciencia con absoluta libertad.
Observan la vida desde una profundidad infinitamente mayor y reconocen que portan en su interior un gran poder que proviene directamente de la fuente creadora. Saben que este poder es sagrado y que su cuerpo físico es un templo vivo que debe ser alimentado con cosas nobles. Por eso, el diferente transforma activamente su cuerpo y su mente para alinearlos con lo que verdaderamente deben ser.
No tiene miedo de invertir en sí mismo, no teme esforzarse ni correr tras su autoconocimiento. Examina su propia vida y se cuestiona con lucidez: «¿Por qué no logro tener dentro de mí el conocimiento integral de mi existencia? Vivo y experimento infinidad de cosas aquí, pero en el fondo no sé con certeza quién soy, dónde estoy ubicado, hacia dónde voy, quién fui en mis existencias pasadas, dónde estuve en los intervalos entre mis vidas ni quién fui en el origen primordial de la creación». Estas son las preguntas fundamentales que el diferente se formula a sí mismo, porque es un buscador incansable que no le teme a nada y que abriga en su interior un anhelo ardiente de llegar a la meta.
La ignorancia es el trampolín hacia la sabiduría; si tú eres así, ¡felicidades!, eres un diferente. Tienes ante ti un sendero hermoso y extraordinario por recorrer: busca el conocimiento que yace dentro de ti y el que se encuentra fuera, en todos los rincones del cosmos. Haz de ese conocimiento el asfalto firme para pavimentar el camino de tu vida, y comienza a transitar tus experiencias en perfecta sintonía con aquello que viniste a buscar en este mundo.

«Un grupo de investigadores en todas las áreas del conocimiento humano que fue revelando y cubriendo los vacíos que los científicos de la ciencia tradicional no lograban responder».
Hasta hace algún tiempo, Dakila Pesquisas se conocía bajo el nombre de Proyecto Portal.
Fue un proyecto que nació impulsado por frecuencias vibratorias elevadas transmitidas a un ser humano llamado Urandir Fernandes de Oliveira: una persona que, con enorme valentía y en una época en la que era impensable hablar abiertamente de seres extraterrestres y de frecuencias sutiles sin correr el riesgo de ser tildado de loco, charlatán o embaucador, decidió actuar. Este hombre valiente y lleno de determinación buscó a otros que también eran diferentes, que pensaban fuera del molde y que deseaban de corazón un cambio real. Eran buscadores que anhelaban una transformación profunda y que se negaban a aceptar las mentiras impuestas por las cúpulas del poder mundial.
Urandir logró convocar a diversos individuos que compartían esa misma sed de saber respecto a la vida, a sí mismos y a todo su entorno. Personas que cuestionaban la realidad establecida y buscaban un propósito existencial superior que no se limitara a la rutina mecánica impuesta por la sociedad: nacer, estudiar, trabajar, pagar cuentas y morir.
El grupo fue evolucionando y, con el paso de los años, aprendió a alimentarse de forma consciente y saludable, y a perfeccionar la convivencia y el trato mutuo entre los seres humanos... Descubriendo cómo opera el organismo humano y de qué manera funciona verdaderamente el mundo. Así, este equipo multidisciplinario de investigación en todas las ramas del saber fue desentrañando y cubriendo los grandes vacíos que la ciencia convencional no abordaba por los prejuicios de muchos académicos que solo creen en lo que está impreso en los manuales oficiales.
Estos investigadores profundizaron en la genética, en la cosmología y la verdadera forma de la Tierra, en la parapsicología y el poder de la mente, en los universos paralelos que interactúan con nuestro mundo, en la naturaleza del tiempo y el espacio, en el uso correcto de la palabra como verbo creador, y en toda la información fundamental que estas realidades paralelas pueden transmitir.
Ese grupo que inició como Proyecto Portal se transformó en la asociación Dakila Pesquisas: un colectivo sólido de personas decididas a tomar las riendas de su propia existencia, que forjó una escuela práctica para mostrar a sus integrantes y a la sociedad la forma más elevada de vivir en este plano físico, recordando siempre que la responsabilidad de tu vida está únicamente en tus manos.
Este grupo de investigación demostró que, para alcanzar tu máximo nivel de vida, debes comenzar por construir tu propio camino, comprenderlo a fondo y transitarlo a través de tu experiencia empírica directa.
Hoy en día, Dakila es reconocida a nivel mundial, contando con núcleos y sedes en todo Brasil y en diversos países, todos unidos por el mismo propósito de crecer, transformarse y alcanzar un estándar superior de conciencia.
A través del trabajo de campo riguroso y la investigación constante durante décadas, se han alcanzado descubrimientos extraordinarios respecto a la realidad que nos rodea.
Es un colectivo que impulsa la evolución integral, guiado siempre por la bandera del discernimiento, el desarrollo humano, la transformación y la investigación empírica libre de sesgos ideológicos que nublen la verdad. Se trata de un grupo que enseña a cada individuo a consolidar su propia esfera de soberanía y, desde ese centro, conquistar niveles cada vez más elevados de conciencia.
Un fuerte abrazo a todos. Quien tenga interés en conocer este trabajo puede ingresar a la página web de Dakila Pesquisas, contactar al núcleo más cercano y prepararse para vivir una experiencia extraordinaria de investigación y descubrimiento.

Si lo consideramos como un elemento reflexivo e inductor de acciones comunicativas, podemos llamarlo también la «magia de la voz». Muchas personas poseen el don de la oratoria, la capacidad de guiar a multitudes hacia el crecimiento, la transformación y el cambio. Al mismo tiempo, cuando pronunciamos algo negativo sobre nosotros mismos, podemos decretar y sentenciar nuestro propio destino. En las palabras reside una fuerza gigantesca, un poder inmenso para cambiar, despertar, transformar y modular la vida: la nuestra y la de otros seres, animales, plantas y minerales. Entornos enteros pueden ser profundamente influenciados por la frecuencia de la voz.
Siendo el verbo una frecuencia vibratoria guiada por tu intención y cargada con tu emoción, tienes el poder de modular la vida a tu alrededor, convirtiéndote en el cocreador de tu propio universo. A medida que expresas tus sentimientos a través del sonido y proyectas tu frecuencia hacia el exterior, vas sentenciando tu vibración, tu frecuencia y tu mundo. Cuanto más expresas lo que sientes a través de la voz, más fijas esa emisión como una frecuencia real, y esa frecuencia hará que tu vida se amolde exactamente a lo que estás declarando. El verbo tiene un poder descomunal: a través de él podemos crear vínculos de amor, manifestar salud y engendrar realidades maravillosas a nuestro alrededor; o podemos también destruirlo todo. ¡Arruinarlo absolutamente todo!
En la frecuencia del verbo proyectas tus emociones y tu verdad convertidas en ondas que evolucionarán o se estancarán. En la medida en que emitas esa frecuencia para que tu universo comience a volverse constructivo, generarás resonancia con personas que vibran en esa misma sintonía. Esa frecuencia vibratoria será tu camino, tu futuro más probable, la consecuencia de las consecuencias de tu propia vida. Por eso aquello que expresamos y pensamos, al ser sentenciado con la fuerza de la voz, tiende a materializarse.
Ahí radica el control absoluto sobre nuestra existencia. Podemos pensar lo que queramos de nuestra vida y conducirla exactamente hacia donde deseamos; y a medida que vas verbalizando, emitiendo tu sonido y proyectando tu mensaje en el planeta, vas contribuyendo o no a la realización y transformación de la realidad. Si nosotros, que somos seres vibrantes y energéticos con capacidades extraordinarias, emitimos sonido en frecuencias negativas y quejumbrosas, jamás lograremos una verdadera transformación, ni en nosotros mismos ni en los demás. Las quejas constantes, el «yo soy así», «mi vida está así o asá y no voy a llegar a ninguna parte»... Todo eso te deja paralizado en el mismo escalón evolutivo. En el momento en que comprendes esta premisa, te pones en marcha para que las cosas sucedan y te mantienes firme en pensamientos constructivos y en el dominio de tu emisión sonora, comienzas a marcar una diferencia real en este mundo. La sanación, la transformación de nuestras vidas y los cambios profundos nacen de ahí. Todos deseamos vibrar en armonía a través de nuestra voz; y es así como vamos a inspirar, conmover, liderar y transformar a quienes nos rodean.
Pensemos en los músicos que tienen ese don de cantar y cautivar almas: cuando canalizan su energía proyectando su sonido de forma poética, tocan los corazones y dejan una huella profunda en la Tierra. Es muy común tener una canción que marcó una época o un instante decisivo en tu vida, que expresaba exactamente lo que estabas sintiendo y de cuya vibración te alimentabas. Por eso es vital orientar tu voz hacia el crecimiento propio y el de tu entorno. Nadie puede excusarse diciendo que no tiene poder, que no es capaz o que no puede: desde el instante en que emites sonido a través de tu voz y de tu palabra, estás activando una transformación directa en tu interior. Cuanto más carguemos nuestra energía de positividad, amor y voluntad de cambio al proyectar nuestra voz, mayor será el impacto que lograremos. El verbo es la frecuencia vibratoria que transforma vidas; asimilando y dominando este proceso llegaremos con certeza a donde debemos estar.
Antiguamente, en las épocas doradas de la Tierra, se proyectaban sonidos sagrados que se denominaban mantras, pues repetían una vibración precisa con una intención enfocada, generando transformaciones biológicas y energéticas directas en distintas partes del cuerpo humano. Al modular tu voz y emitir el sonido con intención consciente, puedes hacer que las células de tu organismo reaccionen de forma positiva o negativa. Puedes proyectar la impronta de lo que deseas directamente en la mente de otra persona: si ella está sintonizada en tu frecuencia, recibirá esa energía y su vida se transformará. Conduciendo tu energía de forma sana y altruista, transformarás las circunstancias y cambiarás tu destino. Piensa muy bien cada vez que vayas a pronunciar una palabra: estás dictando sentencia sobre lo que estás proyectando, y con tu emoción impregnada en el verbo, la manifestación es inmediata. ¡Toma conciencia!

«Para tener paz de espíritu, para poder realmente apoyar la cabeza en la almohada y dormir el sueño de los justos, tienes que observar tu vida, el discernimiento a tu alrededor y lo que estás proyectando hacia los demás. Y tienes que transformar todo eso en cosas buenas...»
Cuando interiorizamos tristeza o angustia —pertenezcan o no a nuestra propia vida— perdemos por completo nuestra paz, desregulamos nuestra frecuencia y nos salimos de nuestros rieles, de nuestro propio camino. Para alcanzar la paz es indispensable comprender que nuestra vida nos pertenece únicamente a nosotros. Que nadie es responsable de ella excepto nosotros mismos y que, al ser nuestra, podemos modularla de acuerdo con lo que consideremos verdaderamente importante. Si para nosotros lo prioritario es generar dinero y eso nos brinda paz, debemos trabajar nuestra mente para sintonizar por todos los medios esa frecuencia financiera; mientras no nos hagamos daño a nosotros mismos ni perjudiquemos a terceros, esa frecuencia solo nos hará crecer. Si, por el contrario, lo que buscamos es el amor de pareja, debemos empezar por comprendernos a nosotros mismos, respetarnos y ser pacientes, porque eso será imprescindible para vivenciar plenamente una relación afectiva.
En una relación de pareja, la base de todo es la comprensión. Sin comprensión, sin discernimiento de lo que se está buscando y sin la claridad objetiva de lo que se desea construir con la otra persona, nada va a florecer. Tienes que ser plenamente consciente de lo que esperas de tu vínculo amoroso y entender que el esfuerzo requerido no es pequeño. La percepción clara de tus objetivos te otorgará una apertura en la relación que te brindará una inmensa paz interior.
Si lo que te amarga es que estás con sobrepeso y no logras alcanzar tu peso ideal, y por eso no paras de quejarte una y otra vez, ¡deja de quejarte y haz lo que tiene que hacerse! Quizás lo que te está haciendo falta sea simplemente cerrar la boca, porque tal vez anda demasiado inquieta por la ansiedad: masticando de más, hablando de más y haciendo de menos. Muy probablemente te encuentres en esa fase. Así que obsérvate con honestidad, deja de quejarte, para de hablar tanto ¡y actúa! Haz que tu vida tenga sentido. Haz que tu vida fluya. Esto es matemático.
De nada sirve justificarte diciendo que es un problema de esto o de aquello, que son las glándulas o cualquier otro pretexto. ¡Lo que te está haciendo engordar es únicamente tu actitud descuidada contigo mismo! No te autoengañes: lo que te incomoda y te hace perder el sueño por las noches es simplemente que estás comiendo de más y ejercitándote de menos. Cambia esa actitud y cambiarás, con absoluta certeza, esta etapa de tu vida. Sé más activo, muéstrate a ti mismo todas las opciones y todo el poder que tienes frente a tu problema, y busca ayuda profesional si la necesitas.
Cualquier cosa que deseemos en la vida, si la buscamos con determinación, ¡la conseguiremos! ¡Sin duda alguna llegaremos a la meta! Para tener paz de espíritu, para poder apoyar la cabeza en la almohada y dormir el sueño de los justos, tienes que examinar tu vida, el discernimiento del mundo a tu alrededor y lo que estás emanando hacia los demás. Y tienes que transformar todo eso en acciones constructivas. La frecuencia de la positividad, el pensamiento enfocado y la proyección de tu vida construida sobre lo que vas a hacer de ahora en adelante es lo que verdaderamente te transformará.
Recordemos que la vida no se reduce a los próximos tres meses: tenemos toda la vida por delante y, para que florezca, tenemos que trabajar duro —pero muy duro de verdad— en nosotros mismos. Cambiarlo todo, tener autocrítica sincera sobre lo que no está funcionando y hacer algo efectivo, en lugar de pasarse el tiempo quejándose y señalando defectos en uno mismo o en los demás. Debes tomar las riendas de tu vida y transformarla por completo, haciendo que las cosas marchen bien para ti sin miedo, sin lamentos y sin autosabotaje. Eso de que comienzas algo y te detienes, reinicias y vuelves a parar, tiene que acabarse. Es necesario comprender que para llegar del punto A (donde estoy iniciando) al punto B, hay un camino concreto que recorrer; y para ello se requiere fijar una meta, imponerse disciplina, concentrarse en uno mismo, ejecutar y escuchar a quienes saben para verificar que ese es el rumbo correcto.
La paz se consolida cuando alcanzas el llamado estado de neutralidad. Es ese estado en el que no tienes ganas de pelear con nadie, no estás dispuesto a contaminarte con quejas ajenas, te encuentras en armonía contigo mismo y nada te saca de tu eje. Es entonces cuando te sostienes y gestionas tu vida dentro de esa frecuencia estable. Eso sí es el verdadero estado de paz: el estado de realidad y de percepción lúcida de todo lo que tienes por hacer. Es sabiduría pura en una escala del uno al mil. Busca la sabiduría, busca el conocimiento, aplica esa sabiduría y pon en práctica ese conocimiento; haz que las cosas sucedan, quéjate poco, llora poco y haz que tu vida se transforme. Eso es tener paz.

«¿Eres natural, mental o integrado?»
Los naturales son seres humanos que viven su vida estrictamente condicionados por el entorno. Conducen su día a día, sus tensiones, sus fanatismos partidarios y sus peleas cotidianas de forma puramente orgánica, reaccionando de manera automática únicamente a estímulos externos. Sus apegos y sentimientos son inducidos e influenciados por quienes manejan los hilos del mundo: aquellos que, en realidad, determinan su baja frecuencia. Son personas que carecen de la conciencia de que existe algo más allá de lo que sus ojos físicos ven. Para ellos, lo «natural» es nacer, crecer, envejecer y morir sin acceder jamás a un conocimiento superior; de hecho, esa búsqueda no forma parte de sus intereses ni les preocupa en lo más mínimo.
En el fondo, pretenden que los demás hagan las cosas por ellos y eluden tomar decisiones por cuenta propia. Para ellos la culpa nunca es suya: la responsabilidad siempre recae en los que están a su alrededor. No tienen discernimiento sobre lo que hacen, dicen o piensan, y ese patrón se perpetúa a lo largo de toda su existencia. Llegan al final de su vida terrenal sosteniendo casi la misma mentalidad inmadura que tenían en la adolescencia. Se aferran con terquedad a heridas del pasado y permanecen encadenados a ellas, como si quien los lastimó o abandonó fuera el culpable absoluto del fracaso de su destino.
Los mentales son completamente diferentes: se sitúan en una escala energética y evolutiva muy por encima de los naturales. Son personas que piensan por sí mismas y sienten una nostalgia profunda e inexplicable por lugares que ni siquiera recuerdan conscientemente. Poseen intuición activa y van tras ella; buscan información diferente, saberes que van mucho más allá del guion preestablecido. Aunque pueden verse afectados momentáneamente por las presiones emocionales del mundo, se cuestionan constantemente qué es lo que realmente está ocurriendo. Estas personas, ya desde su adolescencia, manifiestan habilidades mentales particulares: tienen intuiciones certeras, sueños premonitorios y visiones de sucesos que luego se comprueban en los hechos a medida que los experimentan. Algunos mentales logran alcanzar niveles de conciencia muy elevados; sin embargo, cuando quedan atrapados en dogmas religiosos, su evolución se estanca. No obstante, en cuanto reciben el entrenamiento adecuado y se determinan a dar el salto, retoman con fuerza el camino del crecimiento.
Podemos ilustrar esto en una escala evolutiva del 1 al 100: los mentales se ubican en este rango por encima de los naturales. Quienes están en el nivel 1 se encuentran en el aprendizaje mental básico, intentando evolucionar y encontrar un propósito constructivo para su vida. Quien se sitúa del nivel 50 en adelante ya es capaz de percibir las energías sutiles, manipularlas, direccionarlas y transitar un rumbo distinto, reconociendo el universo como un escenario colmado de posibilidades para transformar la realidad y comprendiendo el uso de sus facultades mentales. A partir del nivel 50, el individuo alcanza la estatura de discípulo: entendiendo por discípulo a aquella persona rigurosamente disciplinada en el dominio del conocimiento. Por lo tanto, en esta escala del 1 al 100, los mentales tienen un aporte inmenso que brindar a la humanidad.
Los integrados poseen un nivel de conciencia superior a 100, posicionándose en una escala que se expande hasta el millón. Dominan las leyes universales, conocen la mecánica de los universos, dominan facultades avanzadas como el teletransporte y descifran todas las frecuencias de este mundo. Su percepción opera en otra dimensión: han transmutado su patrón vibratorio a un estándar superior. Se han convertido en auténticos sabios de sí mismos, hallando en su interior la fuerza cósmica que todos portamos en potencia.
Son capaces de utilizar todas sus facultades mentales con absoluta coherencia frente a lo que perciben. Vibran constantemente en frecuencias elevadas de positividad, pero poseen además la capacidad y la humildad de modular su nivel de conciencia hacia frecuencias más accesibles para hacerse entender por las personas comunes, como el grupo de los naturales. Los integrados son seres que alcanzaron una metamorfosis integral: conviven conscientemente con las múltiples dimensiones y universos paralelos que interactúan a su alrededor. Sostienen una percepción privilegiada y, en esa escala de uno a un millón, evolucionan sin descanso, conscientes de que el perfeccionamiento es eterno.
Los integrados irradian en la frecuencia del amor con una pureza y una magnitud que el ser humano común ni siquiera imagina que existe. Poseen un poder mental que trasciende todo lo concebible en la Tierra: dominan el poder creador del verbo, dominan su mente y dominan su cuerpo físico, siendo impecables en el cuidado de su propia existencia. Conquistaron este sendero erradicando de raíz las toxinas biológicas y los pensamientos oscuros, conduciendo su vida mediante un discernimiento ético inquebrantable frente a los demás. Transitaron un camino a menudo solitario, pero consolidaron una sintonía profunda con la vida y con sus semejantes.
Por cada millón de naturales existe apenas un mental; y por cada mil millones de mentales surge un integrado. Aunque esta proporción matemática no sea exacta, ilustra la extrema rareza de los integrados en la Tierra. Y esto es así porque han superado pruebas sumamente duras: en la vida diaria el ser humano tiende a oscilar con facilidad; basta descuidar por un instante el estado de conciencia alcanzado para caer en frecuencias densas, y esa inestabilidad desgasta profundamente el cuerpo y sabotea el avance, en especial en el plano material y financiero.
Por lo tanto, para alcanzar la frecuencia de los integrados —un estado energético de soberanía y positividad absoluta— es indispensable transitar un camino de transformación interna radical, de autoobservación lúcida y de disciplina constante, reconociendo que tu mayor enemigo es tu propio ego. El ego se resiste tercamente a dar el brazo a torcer ante las circunstancias: pretende «protegerte» inventando amenazas imaginarias; pero cuando aplicas el discernimiento y disuelves los impulsos egoístas, descubres que el ego no es un monstruo invencible. Basta tener ojos para ver, oídos para escuchar y el coraje necesario para ejecutar lo que debe hacerse, desprendiéndote del miedo y de los viejos hábitos reactivos para retomar los rieles de tu verdadera existencia. Busquemos el conocimiento superior y transformemos de raíz nuestra vida.

Los seres extraterrestres son, como su propio nombre lo indica, seres de fuera de la Tierra, habitantes de otros mundos. Muchas personas se preguntan: ¿realmente existen seres en otros planetas? ¿Estamos solos en este universo? ¿Quiénes son estos seres extraterrestres? ¿Por qué no los vemos ni conversamos abiertamente con ellos? Estas preguntas nos hacen reflexionar y cuestionarlo todo; cuestionarlo absolutamente todo. En primer lugar, estamos parados sobre un planeta, sobre un mundo; vivimos en este mundo y no sabemos prácticamente nada sobre nuestro universo. Nos limitamos a creer ciegamente en lo que nos dicen los científicos o las instituciones oficiales de investigación alrededor del mundo. Pero, en realidad, ¿alguien aquí ha estado fuera de nuestro planeta? ¿Será que todo aquello que nos muestran en las pantallas es verdad? Y por el solo hecho de cuestionar esto, ¿voy a ser tildado de loco o de hereje?
Debemos tener el discernimiento lúcido de notar que no todo lo que nos cuentan es verdad. De la misma forma en que utilizan discursos oficiales para afirmar categóricamente que los seres extraterrestres no existen, nosotros podemos usar esa misma duda crítica frente a todo lo que pretenden inculcarnos. ¿Por qué no investigar cosas diferentes a las dictadas por las cúpulas del poder mundial? ¿Por qué tenemos que tragarlo todo sin chistar y decir: «¡Ah, esto no existe!», punto final y se acabó?
Como dije al principio: si estamos pisando este mundo y aquí florece la vida, es obvio que existirán otros lugares con condiciones idénticas o superiores para albergar vida. Es completamente ilógico pensar que, por una simple casualidad cósmica, seamos los únicos habitantes en semejante inmensidad; viviendo, cuestionando y creyendo que solo existimos nosotros y nadie más. Es de puro sentido común comprender que si existen inteligencias conscientes en otros mundos con capacidad mental para cuestionar y crear, no van a querer interactuar ni dialogar con seres que no estén a su misma altura en nivel de conciencia.
Por otra parte, si cuestionamos las estructuras monumentales de nuestro mundo y los innumerables vestigios inexplicables que existen sobre la Tierra, nos daremos cuenta de que hay huellas evidentes de tecnologías completamente distintas. Pretender que las pirámides de Egipto fueron construidas por esclavos que arrastraban bloques de más de cien toneladas... Hay bloques en las pirámides que ni siquiera con la tecnología de HOY EN DÍA pueden ser levantados, porque no existen grúas con la capacidad de izaje suficiente para maniobrarlos. Aun así, insisten, manipulan la historia y obligan a la gente a creer que fueron hechas a mano por seres humanos primitivos. De este modo, quien lee un libro escolar se conforma con esa fábula y se da por satisfecho. Pero si eres un auténtico investigador, un buscador que va al terreno, mide y calcula rigurosamente el peso y la ingeniería, verás de inmediato que es imposible... ¿Por qué seguimos creyendo en estas mentiras a pesar de tener la evidencia frente a los ojos? Porque tenemos miedo: miedo de pensar por nosotros mismos y pavor al ridículo social. Cuando, en verdad, lo verdaderamente ridículo es seguir creyendo en toda esa farsa que nos fue impuesta.
Tenemos que comprender que los seres extraterrestres no son monstruos de fantasía: son personas que habitan en otros mundos y dimensiones; y el conocimiento sobre esta realidad nos fue arrebatado y censurado por las cúpulas del poder mundial para arrojarnos al descrédito total si intentamos demostrar algo diferente.
Pero a mí me gustan los rebeldes, me gustan los poetas, me gustan los diferentes; me gustan los investigadores que no se conforman, que van tras las respuestas y piensan de esa forma lúcida a la que el sistema califica de «errónea». Cuestiona, piensa, reflexiona y observa. Si algún día llegas a tener contacto con un ser extraterrestre, ¿sufrirás una verdadera transformación en tu vida? ¿Serás capaz de derribar todo este sistema de creencias falso que te impide confiar en tu propio potencial y que te mantiene atrapado en el ciclo de la tristeza, en el ciclo de la angustia y en el ciclo de la enfermedad? ¿Será que, al contactar con frecuencias superiores y más evolucionadas, tu existencia dará un salto real?
Si estás dispuesto a rasgar el velo de la ignorancia y comenzar a buscar el conocimiento para gestar una metamorfosis en tu interior... sí, ten por seguro que cambiarás. Conquistarás una herramienta extraordinaria que te impulsará a evolucionar. Pero si solo acumulas esta información y no la llevas a la práctica diaria, tu vida jamás experimentará la transformación que anhelas, porque el cambio real solo se manifiesta si lo buscas y lo aplicas con disciplina en los hechos.

Hoy en día nos topamos constantemente con una serie de términos y expresiones que se han vuelto comunes en nuestra cotidianidad: alimentación saludable, dieta paleolítica, dieta low carb, cetogénica y muchas otras. ¿A qué se debe esto? ¿Qué es lo que verdaderamente nos alimenta y nutre de verdad? ¿Cómo podemos consumir alimentos que efectivamente nos hagan bien? ¿De qué manera podemos conquistar una vida plena y sana a través de la comida?
Alimentarse bien consiste, en esencia, en comer comida real; ese es el punto central. Lo que vemos hoy es que nuestra alimentación se volvió completamente artificial e industrializada. En prácticamente todo encontramos hoy una sustancia química llamada dioxina, la cual se libera principalmente a través del plástico cuando este es sometido al calor.
Además de las dioxinas, encontramos muchos otros elementos artificiales inyectados en los alimentos, destacando los acidulantes químicos y los conservantes. Se trata de compuestos utilizados en la fabricación de plásticos, hierro y otros materiales industriales, sobre todo en la construcción civil, que lamentablemente terminan en nuestra mesa a través de la comida procesada. Y por si fuera poco este consumo desmedido de ultraprocesados cargados de aditivos, debemos sumar el uso indiscriminado de pesticidas y agrotóxicos en los productos frescos del campo, como frutas, verduras y hortalizas, sin olvidar la alarmante contaminación del agua, elemento indispensable para la existencia de los seres vivos en la Tierra. Estamos ingiriendo una cantidad absurda de sustancias artificiales, muchas de las cuales jamás deberían entrar en contacto con nuestro organismo dado su altísimo nivel de toxicidad. Sin embargo, las consumimos cada vez más, desatando graves problemas de salud en millones de personas.
Entre los industrializados más dañinos destacan los refrescos y gaseosas, cargados con miles de químicos sintéticos y un exceso brutal de azúcar. En realidad, se ha diseñado toda una ingeniería alimentaria adictiva para atraparnos por el paladar y empujarnos al consumo masivo, siendo esta la causa directa de la epidemia de enfermedades en la sociedad actual. Vemos personas con obesidad severa desde la niñez más tierna (siete u ocho años) hasta la vejez avanzada (ochenta o noventa años) sin tener la menor conciencia de qué es lo que las está matando: hipertensión grave, diabetes tipo 1, diabetes tipo 2, cánceres de todo tipo y un sinfín de padecimientos derivados de cómo nos alimentamos hoy. No podemos seguir aceptando ser envenenados ni continuar dándoles veneno a nuestros hijos y a toda nuestra familia como lo venimos haciendo. Tenemos que elevar nuestro nivel de conciencia respecto a este problema.
Debemos ser plenamente conscientes del daño que cada producto empaquetado que compramos puede causarle a nuestra vida. Esa idea de: «Bueno, a mi hijo solo le doy estos snacks y papitas el fin de semana...» es exactamente lo mismo que darle un poco de veneno durante el fin de semana bajo la excusa de que, en teoría, comió bien de lunes a viernes... En realidad, comió mal toda la semana, porque consumió otros productos procesados menos atractivos pero igualmente cargados de químicos, disfrazados de nutrientes. Quien piensa de esa manera no está alimentando correctamente a sus hijos.
La alimentación es un tema complejo y genera innumerables controversias. Incluso los vegetarianos, los veganos y aquellos que aseguran comer sano caen en la trampa de la industria alimentaria: fabrican productos ultraprocesados con etiquetas que dicen «vegano» y «saludable»... pero, hermano mío, desde el instante en que fue empaquetado, desde que entró en una fábrica y recibió conservantes y químicos sintéticos, dejó de ser un alimento natural. Ya no es ese producto vivo que creías que ayudaría a tu salud: está adulterado y te va a provocar severos problemas en el organismo, tenlo por seguro. Del mismo modo, ten la certeza absoluta de que, si transformas tu alimentación y erradicas esos químicos de tu vida, tu salud mejorará enormemente y saldrás ganando en vitalidad. Pero como la industria perdería millones, recurre a campañas publicitarias multimillonarias, utilizando a médicos y nutricionistas comprados para convencerte de que sus productos son buenos, saludables y necesarios, cuando en realidad son dañinos.
Lo verdaderamente bueno es aquello que sabes que proviene directamente de la naturaleza, lo que cosechaste tú mismo o compraste fresco, lo que ves que no pasó por una fábrica ni fue bombardeado con químicos agresivos para matar plagas. Ese alimento que proviene de un cultivo orgánico real, que puedes pelar con las manos y cuyo aroma a tierra viva puedes sentir; ese sí te hará un bien inmenso. No obstante, si te resulta imposible cultivar tu propia comida y tienes que recurrir a vegetales convencionales —como una coliflor, por ejemplo—, aunque haya recibido agroquímicos, si aplicas métodos de desinfección y purificación caseros para retirar la mayor cantidad posible de esa carga tóxica, seguirá siendo infinitamente mejor que consumir un ultraprocesado empaquetado.
No digo que debamos conformarnos con comer alimentos fumigados, pero si no hay otra alternativa, retirar el exceso de ese veneno superficial mediante sustancias purificadoras te permitirá ingerir muchas menos toxinas que las que vienen concentradas dentro de los productos industriales. Los conservantes artificiales destruyen tus arterias y el exceso de sodio eleva tu presión arterial de forma peligrosa, haciéndote dependiente de fármacos de por vida. Desarrollar hipertensión dispara exponencialmente el riesgo de sufrir un aneurisma, una parálisis facial o un infarto cardíaco fulminante.
Al mismo tiempo que aprendemos a elegir mejor lo que comemos, tenemos que entender que no necesitamos comer «como si no hubiera un mañana»... Podemos reducir nuestra ingesta a la mitad. En lugar de atiborrarte a diario con porciones gigantescas, corta tu comida al 50%. Prueba comer un 50% menos de lo que consumes hoy y verás cómo eso te ayudará enormemente a perder peso y a encender tu vitalidad. Prioriza el consumo de alimentos crudos y vivos, adquiridos en ferias locales, pequeñas granjas o mercados orgánicos; eso marcará una diferencia radical en tu salud.
«Ah, pero lo orgánico es más caro»... Cuesta apenas unas monedas más, unos centavos de diferencia, no pasa de ahí. Pero pregúntate con honestidad: ¿quieres tener salud real o prefieres pagar después medicamentos carísimos de cientos de dólares —que tendrás que comprar por el resto de tu vida— solo para INTENTAR recuperar la salud perdida? Es infinitamente mejor cuidarla ahora.
En el terreno de la nutrición reina una incoherencia tremenda: verás a supuestos expertos diciendo una cosa y a otros afirmando exactamente lo contrario, convirtiendo la salud en un debate fanático como el fútbol o la política. Pero tú tienes que pensar en ti: eres tú quien pone la comida en su boca. Ten coherencia, ten discernimiento con lo que compras, lee las etiquetas de los ingredientes, infórmate, estudia investigaciones serias sobre nutrición celular y despierta tu conciencia al comer. Se trata de tu salud, de tu vida y de tu longevidad en esta Tierra. Se trata de cómo quieres estar en los próximos años: ¿quieres verte postrado en un sofá quejándote de dolores de cabeza, achaques en el cuerpo y sintiéndote pésimo, o prefieres gozar de una salud desbordante, viviendo al máximo tu sexualidad, tu inteligencia y tu bienestar?
Todo comienza en la alimentación: todo arranca cuando despiertas la conciencia sobre tu salud biológica.
Los acidulantes sintéticos, los aditivos y los conservantes jamás fueron diseñados para habitar en tu cuerpo; nunca deberían circular por tus venas ni por tus arterias. Tu hígado te agradecerá profundamente que dejes de envenenarlo a diario. Infórmate sobre cómo comer bien: comprende qué son los carbohidratos simples, los complejos, los de alto y bajo índice glucémico, y qué fuentes limpias de proteínas le hacen bien a tu organismo.
Recuerda: no necesitas químicos sintéticos en tu cuerpo; no calman tu sed, no te dan fuerza muscular, no generan salud ni te hacen sentir mejor.
El alcohol es otro problema gravísimo. La supuesta diversión de «tomarse unos tragos» con los amigos en nombre de la socialización se traduce en una intoxicación severa y destructiva de tu cuerpo. ¿Cómo va a estar tu organismo de aquí a unos años? ¿Sabes lo que es una cirrosis hepática, esa enfermedad devastadora que destruye la vida de miles de personas? Quien bebe con frecuencia tiene un riesgo altísimo de arruinar su hígado, llegando a necesitar un trasplante de emergencia... y no hay hígados compatibles esperándote en bandeja a la vuelta de la esquina. Además, el daño hepático y vascular te acarreará limitaciones físicas y sexuales severas de por vida.
¿Vale la pena el placer fugaz de emborracharse para luego pagar semejante factura de sufrimiento? Mírate al espejo y pregúntate si eso es lo que realmente quieres. Y no creas que esto tarda décadas en manifestarse: con la carga actual de toxinas, el estrés, la falta de sueño y el sedentarismo, el colapso biológico llega de forma sumamente prematura.
El otro veneno letal es el tabaco: intoxica tu organismo, destruye tus pulmones, tu corazón, tus neuronas y tu piel, envejeciéndote antes de tiempo y robándote la fuerza vital. ¿Vale la pena tirar tu salud a la basura por un placer minúsculo y momentáneo? Toma conciencia de tu cuerpo y de tu salud biológica. Recuerda siempre que el único responsable de tu vida eres tú. Sé la mejor versión de ti mismo.

Activar el cuerpo y hacer que entre en una rutina de desarrollo constante es algo fundamental para nuestra existencia. Cuanto más estimulas tu organismo y más lo pones en movimiento, mejores condiciones de salud construyes dentro de ti. Digámoslo así: una infinidad de enfermedades podrían curarse o prevenirse mediante la actividad física regular. Quien entrena su cuerpo pone el tiempo a su favor: cuanto más entrena, mayor salud conquista; al gozar de salud, prolonga su vida; y de la mano de una vida prolongada, florece la sabiduría. El tiempo juega a favor de quien practica ejercicio físico.
Si eres de los que viven atrapados en el estrés, la tristeza y la angustia, rumiando en ellas sin mover el cuerpo, la tendencia inevitable será caer en cuadros de depresión severa y enfermedades de todo tipo.
Especialmente las afecciones cardíacas, que repercuten en todos los órganos del cuerpo. La presión arterial alta —un mal que azota a una enorme porción de la población— es un claro ejemplo de dolencia que puede controlarse y revertirse de forma sumamente eficaz a través del ejercicio.
Cuanta más actividad física realizas, más intensificas la carga eléctrica y bioenergética de tu cuerpo. Estas cargas eléctricas son lo suficientemente poderosas como para blindar tu salud, impidiendo que la acidez sanguínea se apodere de tu organismo. Con una sangre de pH más alcalino y básico, las probabilidades de desarrollar enfermedades degenerativas como el cáncer disminuyen drásticamente, porque un cuerpo alcalino almacena mucha más energía. A mayor energía, mayor vitalidad; y toda esa vivacidad acelera y vuelve infinitamente más eficiente el proceso natural de autocuración de tu cuerpo. Muchas veces he escuchado a personas decir: «¡Ah, estás enfermo!... ¡Tienes que quedarte en cama guardando reposo un buen tiempo!». Hasta cierto punto estoy de acuerdo: si contrajiste dengue o una gripe fuerte y estás en una fase en la que apenas puedes moverte, tu organismo necesita un breve descanso para recuperarse. Pero en cuanto comiences a sentirte mejor, lo ideal es empezar a activarte de inmediato, de forma progresiva y sin forzar de golpe, para volver gradualmente a la normalidad de tu entrenamiento habitual.
Ejercitar el cuerpo creando una rutina diaria —ya sea musculación, caminata, artes marciales, danza o cualquier disciplina que te mantenga en movimiento— es totalmente válido. Este proceso de estimular la carga eléctrica facilitará de forma extraordinaria el despertar y desarrollo de tus habilidades mentales. Quien sostiene una actividad física constante no solo fortalece sus músculos: expande su mente y activa facultades psíquicas latentes que, dicho sea de paso, son numerosísimas. Las toxinas y el sedentarismo impiden que el cuerpo florezca como debería; en cambio, quien mantiene su cuerpo activo tiene una facilidad inmensamente mayor para trabajar con sus facultades mentales y utilizarlas a su favor.
Una persona que se ejercita físicamente desarrolla una conciencia de salud muy superior a quien es sedentario. Quien estimula su cuerpo sabe que debe alimentarse mejor; comprende que los ultraprocesados y los aditivos químicos sabotean la ganancia de masa magra y bloquean la pérdida de grasa. El ejercicio físico ordena y estructura una dieta limpia. Además, en la gran mayoría de las personas, esta conciencia corporal se traduce en un sueño mucho más profundo y reparador: si duermes mejor, tendrás más energía al día siguiente y comenzarás a sentir la vida con una armonía semejante a la de los niños. Los niños de tres a ocho años sienten un gozo genuino al despertar temprano para correr, saltar y jugar; les encanta el movimiento constante. Pero al crecer comienzan a absorber los malos hábitos sedentarios de los adultos, pasándose horas enteras inmóviles frente a videojuegos y pantallas de celular; y no es nada saludable que un niño permanezca estático.
Aunque nuestra cotidianidad ya no sea como la de los años ochenta —cuando los juegos eran libres y activos en la calle—, hoy debemos tomar la firme determinación de ejercitarnos a diario. No podemos seguir postergándolo. Es imprescindible que hagas un esfuerzo extra durante los primeros quince días al arrancar una actividad física, por más torturante o pesado que te resulte al principio. Sentirás dolores musculares, notarás la pesadez y el cuerpo jadeará porque no está acostumbrado; pero en cuanto perseveres, esa voluntad inicial se transformará en garra: el cuerpo recordará la activación hormonal, las glándulas comenzarán a secretar vitalidad y terminarás enamorándote con pasión de la actividad que practicas.
Cuando adoptas esta postura, empiezas a amar verdaderamente tu vida. Construyes las condiciones para sentirte pleno en el mundo, despertando un amor propio genuino y esa sensación de bienestar que te confirma que estás ascendiendo a un nivel superior. Al desarrollar esta pasión por ti mismo, buscarás también la expansión de tu conciencia; y cuando unes conciencia, actividad física y nutrición limpia, se conforma un triángulo maravilloso. La existencia cobra un sentido pleno. Este es el consejo que les doy a todos: ya tengas quince, veinte, treinta, sesenta o cien años, consulta a un profesional de la salud, hazte un chequeo médico completo y evalúa tu condición física. Investiga, infórmate y descubre cuál es la disciplina más adecuada para ti.
Lánzate de cabeza a esta transformación, porque estarás forjando un pacto de amor contigo mismo. La recompensa serán días alegres, sensaciones de bienestar y una salud radiante. Dejarás de depender de un arsenal de medicamentos, evitarás enfermarte y prolongarás tus años con vitalidad en esta Tierra.
Quien practica actividad física de forma consciente despierta a una vida auténticamente plena. Este es el primer escalón de un camino de satisfacción y soberanía personal al alcance de cualquiera, sin importar la edad, erradicando para siempre la falsa creencia de que eres incapaz. Es el puente directo hacia tu máximo potencial. Siempre lo digo: haz de ti tu mejor versión. Despierta esa fuerza en tu interior y vive con la máxima plenitud.

Kundaliny, en sánscrito, significa «fuego serpentino» o «fuego que activa». Kundaliny es un término femenino, y por eso al pronunciarlo se pone un énfasis marcado en la «K» inicial y en la «Y» final. En español y portugués solemos escribirlo con «i» latina, pero la pronunciación tradicional, tal como se vocaliza en sánscrito, es con «Y». Al ser una palabra de una lengua sagrada antigua, algunas personas la pronuncian o escriben de forma errónea. Pero ¿qué tiene que ver esto con la frecuencia vibratoria kundalínica? Tiene todo que ver: porque la palabra Kundaliny, según cómo se vocaliza, genera una frecuencia precisa desde la pronunciación exacta hasta su correcta activación, recorriendo todos los campos de fuerza hasta alcanzar el punto culminante: el almacenamiento de esa vibración en el centro frontal (el chakra frontal).
Es un secreto que las élites religiosas y las cúpulas del poder mundial jamás transmitieron, porque tenían un interés deliberado en que el ser humano ignorara este detalle decisivo: dónde y de qué manera puede almacenarse esta fuerza. El ser humano que accede a esta frecuencia vibratoria y no se deja arrastrar por patrones de pensamiento negativos, logra activar de manera profunda todas las habilidades mentales que porta en su interior. Porque esta energía es una chispa activadora que erróneamente fue tachada de fuerza negativa. En realidad, es una fuerza biológica y vital positiva: define al hombre como hombre y a la mujer como mujer, detona la maduración hormonal del cuerpo en el momento exacto, enciende la vitalidad y permite que la frecuencia del ser humano transite un proceso evolutivo natural.
El despertar kundalínico ocurrirá con toda la humanidad: en algunos dentro de miles de millones de años, en otros mucho más rápido. Aquellos que ya saben cómo activarlo conscientemente lograrán elevar esta energía hasta el centro frontal, encendiendo el chakra frontal y despertando su máximo potencial. Estas fuerzas pertenecen a nuestro propio organismo: liberan pensamientos positivos, acciones benéficas para la salud y la expansión de una conciencia inspiradora. Eso es lo que ocurre cuando el ser humano despierta esta frecuencia en su interior.
Al ser una fuerza electroenergética que desata un poder vibratorio en el organismo, algunas personas sienten mucho miedo al activarla, porque es una corriente formidable que recorre el cuerpo. Llega a generar un zumbido o crepitar físico que asusta a quienes no están acostumbrados a manipular bioenergía. Por eso muchos practicantes creen falsamente que necesitan de un gurú o maestro externo para guiar la Kundaliny hasta el frontal. Es verdad que, sin conocimiento ni comprensión sobre cómo responde el cuerpo físico ante esta fuerza tangible, pueden presentarse desajustes en quienes intentan forzarla sin saber cómo hacerla fluir. Sin embargo, enfocándonos en el lado positivo (y no en el miedo ni en el conflicto), la energía kundalínica jamás generará perversión ni daño alguno si en el interior de la persona no existen previamente esas sombras. Si el alma está orientada al crecimiento, a la madurez y a la conquista de su mayor nivel, no hay nada que temer: lo que se activará en ti es exactamente lo que tienes en tu interior; lo más fuerte y noble en ti saldrá a la luz.
Esta energía puede conducirse de forma totalmente pacífica mediante el simple deseo enfocado de sublimar esa fuerza en tu chakra frontal. Es el camino más seguro para evolucionar gradualmente: eleva tu atención hacia la frente e imagina que esa zona se encuentra activa y luminosa... Visualiza que toda esa fuerza que nace en la base de tu columna asciende de forma continua hacia el chakra frontal en tu entrecejo. Así, poco a poco y en dosis homeopáticas, irás conquistando un mayor dominio de esta frecuencia. Obviamente, existen puntos de aplicación precisos, secretos y técnicas milenarias para este despertar; pero en la intimidad de tu hogar ya puedes comenzar a activar gradualmente esta fuerza. La comprensión de esta energía debe ser cristalina para quien busca desarrollar su potencial.
Tenemos que desmitificar esta fuerza y entender que le pertenece por derecho de nacimiento al ser humano: es un arte innato de la persona, sea consciente de ello o no. Actúa en momentos clave de la vida: es la responsable de las pasiones y de la salud... tanto es así que el Caduceo de Hermes que la representa es el símbolo universal de la medicina. Proviene de la frecuencia primordial del despertar. Antiguamente, se sabía que, si esta fuerza se activaba de forma consciente y correcta, generaba en el cuerpo una salud extraordinaria, convirtiendo a la persona en un superhumano. Con el tiempo se fue distorsionando y llenando de mitos oscuros para reprimir el uso de esta energía, dejando a la gente sin explicaciones claras y bloqueando su desarrollo.
Esta energía puede despertarse y, al pertenecer a la humanidad, es un conocimiento que debe compartirse abiertamente, permitiendo que las personas maduren en su sexualidad y en sus pensamientos sin caer en frecuencias bajas, elevando la conciencia hacia el crecimiento interior.
Cuando decides trabajar con la Kundaliny y la energía sexual, debes asumir un compromiso integral con tu salud: no tiene sentido pretender manejar una fuerza tan potente si estás saturado de toxinas, si consumes drogas o si sostienes vínculos sexuales vacíos que no te aportan ni te elevan. Se requiere paz interior: busca primero esa estabilidad física y resuelve tus conflictos cotidianos antes de activar esta frecuencia. Recuerda siempre que es una fuerza biológica y que tú eres quien la conduce, la direcciona y la utiliza.
El despertar de las habilidades mentales latentes le otorga a la persona una herramienta práctica para su vida diaria. Esto no significa que quien desarrolla facultades mentales sea superior a los demás: ¡eso es una tontería! Nadie es superior por tener habilidades parapsicológicas. La paranormalidad no es sinónimo automático de sabiduría... Un paranormal no es necesariamente un sabio, ¡pero una persona sabia es necesariamente un gran paranormal!
A partir del momento en que te vuelves sabio, buscas la conciencia y te conviertes en un espejo para los demás —sin pagar con la misma moneda las bajezas ajenas—, comprendes que puedes crecer y dirigir esta fuerza hacia tu entrecejo para expandirte. Al estudiar estos temas sin fantasías ni prejuicios que denigren esta frecuencia, el ser humano despertará y comprenderá sus capacidades reales.
La fuerza kundalínica —lo repito— ¡es para todos! Todos los seres humanos de la Tierra la poseen, al igual que los animales y las plantas; toda la naturaleza porta esta energía. Dicen algunos que solo unos «elegidos» pueden acceder a ella y que debe guardarse bajo siete llaves porque la humanidad supuestamente no está preparada. Eso es una soberana patraña: el ser humano tiene el derecho y el deber de conocerla. Debe explicarse que es una fuerza noble que puede conducirse con serenidad para elevar a las personas hacia un nivel superior. Hay que retirar el estigma místico de la Kundaliny y situarla en la vida práctica y en la mentalidad cotidiana, porque con esta fuerza regulas el eje hormonal de tu cuerpo, forjando salud y bienestar duraderos.
El individuo que entra en pánico creyendo que esta fuerza lo destruirá, cayendo en la típica histeria victimista de afirmar que no tiene autocontrol y culpando a espíritus o energías externas de sus problemas, es alguien que se niega a asumir la responsabilidad sobre sí mismo. Esta energía te mantiene con vida: te pertenece, naciste con ella, está dentro de ti y debe ser elevada hacia tu centro superior. Y será elevada: de una forma u otra, a lo largo de los siglos o mediante el trabajo consciente de tus días y meses, según cómo decidas guiarla.
Para concluir: la energía kundalínica es una fuerza viva en nuestro organismo que activa el funcionamiento integral de todos los chakras. Al encenderse el cuerpo, la energía fluye por cada poro y se almacena en el centro frontal; y cuando logras establecer conexiones con la realidad a través de esta fuerza, experimentas un despertar extraordinario al que todos deberíamos acceder.
No es patrimonio exclusivo del sánscrito en la India, ni de China ni de ninguna tradición cerrada: es un poder de la humanidad a disposición de cualquiera que desee comprenderlo. Muchas veces una persona sencilla logra desarrollarla mucho mejor que un erudito atrapado en dogmas y teorías rígidas. Es una fuerza bioenergética para usar en el día a día: al hacer la limpieza de tu casa, al conducir tu vehículo... es el entusiasmo y la pasión que debemos poner en todo lo que hacemos; es lo que te conecta con la frecuencia de la vida. Cuando hablo de pasión y fuego vital, me refiero al deseo puro de vivir. Es la fuerza de la libido que te impulsa a alcanzar tus metas mediante el esfuerzo consciente. Por eso, la Kundaliny es la frecuencia de la vida: en verdad, ella es la vida misma.

¿Y si tomáramos todo el conocimiento útil que hemos recibido a lo largo de nuestra vida y comenzáramos a aplicarlo de verdad? ¿Y si pusiéramos en práctica todo lo que hemos aprendido sobre la salud de forma tangible? ¿Y si de aquí en adelante aplicáramos todo lo que aprendimos sobre el pensamiento constructivo y todo lo que sabemos sobre el entrenamiento físico? ¿Y si, sumado a la alimentación limpia, al enfoque mental y al cuidado del cuerpo, empezáramos a expandir esto al terreno financiero, sanando también nuestra economía?
Al adquirir mayor conocimiento sobre las finanzas, comprenderemos con claridad qué es la frecuencia de la miseria y qué es la frecuencia de la abundancia. Si comenzáramos a trabajar con disciplina sobre esto, ampliando nuestras acciones y equilibrando nuestros chakras, nuestro campo bioenergético, nuestras fuerzas, nuestras habilidades mentales, nuestro potencial acumulado y poniéndolo todo en práctica mediante un programa diario que nos conduzca al desarrollo personal pleno —aprendiendo a gestionar el dinero, la salud, las emociones, la comida y la bioenergía—, si aprendiéramos a priorizar el tiempo dedicado a lo que verdaderamente nos hace crecer...
Si calculáramos las horas que perdemos scrolleando en Facebook, en WhatsApp o atrapados en prisiones mentales semejantes, nos sobraría tiempo para entrenar, calibrar y sostener este programa de conocimiento aplicado día a día en nuestras vidas. Con absoluta certeza conquistaríamos transformaciones extraordinarias: la mente se expandiría, la salud se estabilizaría, el cuerpo estaría lleno de vitalidad y ganaríamos un dinamismo propio para enfocarnos y concentrarnos. Estaríamos en condiciones infinitamente superiores para sacar adelante todos nuestros proyectos.
Lo que nos ocurre es que fuimos programados para arrastrar una vida repetitiva, monótona y colmada de quejas sobre quejas, donde la culpa siempre es del otro, del gobierno o del mundo entero, pero jamás asumimos nuestra responsabilidad. Y para resolver nuestros problemas internos, pretendemos curar las enfermedades esperando un milagro caído del cielo, sin mover un solo dedo para que las cosas sucedan. Nos dejamos desviar del camino, provocando que nuestro organismo colapse en el desequilibrio por nuestra propia desconexión; incluso los accidentes cotidianos nacen de un desajuste interno no resuelto. Pero en cuanto comenzamos a utilizar la energía interna que portamos en acciones con sentido real, en lugar de dejarla arrumbada y oxidándose en el sótano del inconsciente, somos capaces de realizar proezas increíbles.
Todo lo que aprendemos en la vida cobra valor si lo llevamos a los hechos: si bebemos abundante agua pura, si nos alimentamos con comida viva, si desterramos las dioxinas de los plásticos calentados y los aditivos químicos de nuestra rutina, si dormimos mejor y aplicamos hábitos conscientes, conquistaremos nuestra verdadera metamorfosis.
Comúnmente, cuando una persona lee un libro o recibe un conocimiento valioso, lo deja archivado en la teoría o se sienta a esperar un salto mágico, un milagro o que alguien venga a sacudirla por la fuerza. Pero mientras espera, la vida pasa, el tiempo vuela, y la persona se va oxidando, engordando, envejeciendo, enfermando y jamás llega a donde soñaba ni alcanza el potencial que portaba.
Imaginemos una escalera: nos paramos en el primer escalón y, en lugar de quedarnos estancados ahí por meses, nos dedicamos a subir y subir sin pausa, sabiendo que en la cima nos espera una realidad infinitamente superior a la que dejamos abajo. Si avanzamos otorgándole propósito a esa búsqueda, la vida adquiere una fluidez maravillosa... A eso llamo progreso, cambio, transformación y crecimiento real en términos prácticos.
Haciendo fluir la energía, transformo mi realidad exterior; convierto el conocimiento adquirido en una auténtica dínamo dentro de mí: una brújula para ubicarme, darme sentido y hacer de mi existencia algo trascendente. Es un desafío diario aprender algo nuevo y ponerlo inmediatamente por obra; es un reto reeducarme para que mi salud florezca, para que mi organismo asimile los nutrientes limpios, para que mi mente sintonice las frecuencias más altas y para que mis palabras alegren, construyan y transformen mi entorno y el de las personas a mi alrededor. Es un desafío que debemos contagiar a los demás para abrir un canal de abundancia, comprendiendo que cada uno es la solución viva a sus propios problemas y a los del mundo.
Esa debe ser nuestra dinámica de ahora en adelante: buscar en nuestro interior la fuerza motriz para que las cosas tengan sentido, gestando la transformación de adentro hacia afuera en todos los planos. Mucho se ha repetido eso de «cambiar de adentro hacia afuera», pero pocos entienden qué significa en la práctica. Cambiar internamente es romper con los viejos hábitos destructivos y reprogramar el sistema de creencias; es no ser esclavo de nadie, no ser esclavo del sistema, no ser esclavo de una religión ni de las imposiciones que otros pretenden encajarte.
Tú puedes experimentar, puedes ser libre, soltar las amarras y sentirte verdaderamente vivo. Puedes forjar tu propio sendero, sintiéndote lo bastante fuerte para asumir que tu vida te pertenece única y exclusivamente a ti. Eres tú quien va a hacer que tu vida avance o quien la va a arruinar. No es tu pareja, no es tu matrimonio, no es el pastor, no es el sacerdote, no es el vidente ni es nadie externo quien empujará tu destino. Eres tú: tú con el conocimiento que portas y con la fuerza que habita en ti. Solo tú puedes darle sentido a tu existencia. Para lograrlo es indispensable liberarse de creencias arcaicas, de mentiras impuestas y del «mimimí» victimista de los demás. Recuerda que no solo eres esclavo del sistema financiero que te limita los ingresos: también eres esclavo de las manipulaciones, los dogmas y los lamentos ajenos. Si decides dar un giro radical en tu vida, habrá quienes lloren, se quejen, te reclamen y armen dramas; y si te dejas chantajear por eso, te quedarás estancado en esa vida de mierda por muchísimo más tiempo.
Rompe ese molde a través de la acción: pon el conocimiento en la práctica diaria, vívelo en tu cotidianidad ¡y sé la mejor versión de ti mismo!
¿Qué significa ser la mejor versión de ti mismo? Significa mirar hacia atrás y darte cuenta de que hace un tiempo estabas desorientado, con sobrepeso, bebiendo de más y ahogado en mil problemas; pero tuviste el coraje de cambiar ese panorama y hoy lo celebras con orgullo porque estás fuerte físicamente, lúcido, próspero y en paz. ¡Eso es ser la mejor versión de ti mismo!

Mucho se escucha hablar sobre el poder liberador de mandar todo al carajo, especialmente en las redes sociales. Que se vaya al carajo esto, que se vaya al carajo aquello... Parece un festival de culto al hedonismo verbal. ¿Una mala palabra? Hoy en día ya no tanto. Parece algo negativo, y puede serlo según cómo y desde qué intención se pronuncie: puede ser una grosería, una frecuencia densa o un patrón que demuestre desprecio total hacia los demás. Sin embargo, encierra una profunda genialidad: la astucia de no engancharte en el victimismo, en el lamento, en la tristeza ni en la rabia que te impiden crecer en la vida. Si tienes una deuda y en este momento no tienes cómo pagarla, y esa situación está destruyendo tu paz interior —sabiendo que necesitas estar lúcido y en calma para que se te ocurran ideas brillantes sobre cómo generar dinero y saldarla—, tienes que encontrar una forma con sentido del humor que realmente relaje tu mente. Ahí es donde entra la expresión: «¡Al carajo!».
Funciona como una auténtica válvula de escape: «Debo dinero, no lo niego; lo pagaré más adelante, ¡y que se vaya todo al carajo!...». Porque si te quedas obsesionado y atrapado en la deuda, serás incapaz de darle un respiro a tu mente y terminarás sufriendo innecesariamente.
En cuanto a las personas que te miran con desprecio, diciendo que no vales nada o proyectando toda su frustración sobre ti... ¿De verdad vale la pena quedarse atrapado en el veneno y en la amargura que intentan contagiarte? A veces ni siquiera has tenido una discusión con esa persona; ella jamás cruzó una palabra contigo, simplemente se le metió en la cabeza que es superior a ti y que tú no sirves. Si te quedas enganchado, llorando y sufriendo porque no le agradas, ¿qué vas a solucionar? ¡Lo mejor es literalmente mandar todo al carajo! Así logras desconectarte de inmediato de esa persona y el problema deja de ser tuyo. Porque, en realidad, esa persona quiere transferirte su basura emocional; y si aceptas su juego, recibirás su problema, lo meterás en tu vida y lo sufrirás como si te perteneciera. ¡Corta de raíz! ¡Manda todo al carajo! ¡Saca esa toxicidad de tu vida!
Como te decía, es una táctica que, si se aplica con sabiduría, produce un alivio y una paz interior inmensa. Mandar todo al carajo no significa volverte un grosero ni despreciar o faltarles el respeto a las personas; es la habilidad consciente de no permitir que tu mente quede encadenada a un sistema que te tira hacia abajo.
Muchas críticas pueden ser constructivas. Por ejemplo, si alguien tiene mal aliento y alguien cercano se lo dice con tacto y de buena manera, puede ayudarle a solucionar un problema del cual tal vez no era consciente. Pero si esa persona se acerca de forma abrupta, con hostilidad y desprecio, solo generará una vibración densa y todo se arruinará. Puedes notar que hay un mal olor, pero si activas el filtro de que te importe un carajo la mala intención, la situación no te arruinará el buen humor.
Nosotros debemos caminar junto a las personas que vibran en nuestra misma frecuencia. A quienes no vibran como nosotros, debemos desearles lo mejor y dejarlos seguir su propio camino; sin armar discusiones, peleas ni dramas innecesarios que nos aten a su amargura. El odio, la rabia y el rencor nos encadenan exactamente a lo que más detestamos. La frecuencia del amor es todo lo contrario: el amor es libertad y tranquilidad; y cuando lo encarnas, despiertas lo más luminoso en ti. Mandar al carajo ciertas situaciones te abrirá las puertas incluso a la experiencia terrenal del amor. Si de pronto una mujer o un hombre ya no te quiere y tú estás ahí mendigando migajas de atención y afecto, sufriendo por los rincones... ¿De verdad quieres quedarte en esa condición miserable, sintiéndote derrotado y arrastrado? ¡Manda todo al carajo respecto a esa persona! Recuerda que tienes todo el potencial para encontrar a alguien que te ame de verdad, que disfrute de tu compañía y que te valore como te mereces. No te quedes atrapado en esa miseria emocional. Manda todo al carajo. En cuanto lo haces, puedes apoyar la cabeza en la almohada y dormir plácidamente como un ángel... No hay nada más reconfortante y liberador que decirse con convicción: «¡Al carajo! ¡Yo no voy a seguir atrapado en esta basura!». Despréndete de esa energía negativa que pretende hundirte.
Vivir es un arte exigente, porque no todos nacemos siendo artistas consumados. Tienes que aprender a ser el artista de tu propia vida a medida que avanzas, haciendo que tu realidad fluya con maestría, porque la obra cumbre de tu existencia eres tú contigo mismo forjando tu propio camino. Bastantes desafíos tenemos ya como para andar cargando con los problemas de los demás como si fueran nuestros. Hay que ser hábiles y saber esquivar ciertas situaciones tóxicas. Y cuando una situación ya no da para más, es ahí donde mandar todo al carajo entra como un rotundo: «¡Basta, se acabó y punto final! No tengo por qué seguir soportando esto...».
Sé la mejor versión de ti mismo: preséntate ante ti con la misma dignidad con la que te presentarías ante una conciencia superior y una frecuencia más elevada.

«El mayor secreto que las cúpulas religiosas jamás quisieron que descubrieras es el más simple y liberador de todos: el diablo no existe».
Desde que nacemos, nos han infundido terror con una figura oscura cargada de nombres y apodos: el Diablo, Lucifer, Satanás, el Demonio, el Maligno o el «padre de la mentira». Representa uno de los mayores miedos del inconsciente colectivo de la humanidad, especialmente en el mundo occidental. Y hoy vamos a derribar de raíz esa farsa milenaria.
Habrá quienes salgan con el típico cliché religioso prefabricado: «¡Esa es la mayor trampa del diablo, hacerte creer que no existe!». Pero si estás buscando evolucionar y tener criterio propio, no puedes conformarte con frases hechas de manipulación. Cuando acudes a la etimología original de los textos hebreos, al contexto histórico y a la ciencia parapsicológica, queda demostrado de forma contundente que esa figura diabólica como rival de Dios es un mito folclórico, un grave error de traducción y una herramienta de control mental institucionalizada.
Comencemos por el término «Lucifer». Esta palabra aparece únicamente en un pasaje de toda la Biblia: en el libro de Isaías: «¡Cómo caíste del cielo, oh Lucero, hijo de la mañana! Cortado fuiste por tierra, tú que debilitabas a las naciones. Tú que decías en tu corazón: Subiré al cielo; en lo alto, junto a las estrellas de Dios, levantaré mi trono...»
¿Acaso el profeta estaba hablando de un ángel caído que se rebeló contra Dios? De ninguna manera. En el texto hebreo original, la expresión utilizada es Heylel Ben-Shahar, que traduce literalmente «estrella de la mañana» o «hijo de la aurora». En el latín de San Jerónimo se tradujo como Lux-fer («el portador de la luz»).
Para los astrónomos de la antigüedad (caldeos y hebreos), la «estrella de la mañana» era el planeta Venus, el cual aparecía brillante en el horizonte justo antes de la salida del sol; pero al ponerse el sol, Venus desaparecía rápidamente de la bóveda nocturna. Los pueblos antiguos construyeron una metáfora poética diciendo que Venus era «tan orgullosa» que pretendía brillar más que los dioses celestes, y por eso era expulsada del firmamento.
El profeta Isaías utilizó esa metáfora astronómica de Venus para retratar la caída de un personaje histórico de carne y hueso: el rey Nabucodonosor de Babilonia. Tras conquistar Jerusalén, Nabucodonosor se volvió un tirano soberbio y despiadado que se creía un dios viviente sobre la Tierra. Todo el capítulo 14 de Isaías es un poema dedicado a la ruina de ese rey humano. Cambia la palabra «Lucero/Lucifer» por «Nabucodonosor» y verás cómo el texto encaja con total perfección histórica. Jamás se habló de un demonio cósmico; la Iglesia tergiversó una sátira política para inventar un monstruo sobrenatural.
La imagen del diablo rojo, con cuernos, cola y tridente, fue una construcción política y medieval fabricada alrededor de los siglos XIII y XIV durante la persecución eclesiástica contra los Caballeros Templarios. Los Templarios veneraban el símbolo de Baphomet, una representación hermética ancestral del intelecto y la sabiduría cósmica (donde los cuernos simbolizaban la iluminación y la apertura de los centros superiores). La Inquisición manipuló esa figura para acusarlos de adorar al demonio y confiscar sus riquezas.
Lo mismo ocurrió con los supuestos relatos donde Jesús «baja a los infiernos a combatir al diablo». En el texto apócrifo de Bartolomé, Jesús explica que tras la crucifixión dio 500 pasos bajo tierra hacia el Hades. La palabra Hades en la cosmología griega describe una región subterránea y dimensional donde habitan ciertas conciencias del bajo astral (vinculada a figuras míticas como Hades y Belial). Cuando los traductores llevaron esto al latín, cambiaron Hades por «Infierno» y a los seres de esa región los llamaron «Satanás». Una falsificación grotesca sobre un plano dimensional que nada tenía que ver con un dios del mal.
Emanuel (Jesús) era una conciencia cósmica muy avanzada para su tiempo: hablaba en parábolas para explicar física cuántica, electromagnetismo y el colapso de la realidad material a personas que apenas comprendían el mundo físico.
Cuando Jesús utilizaba el término Satán o Diablo, se estaba refiriendo exclusivamente al ego humano y a la ilusión de separación de Dios.
Dios es el Todo: la energía viva y la conciencia que lo sostiene todo, incluyéndonos a cada uno de nosotros. Cada vez que el ser humano se olvida de su esencia divina y se siente un individuo aislado, lleno de miedo, culpa, odio, celos y soberbia, entra en la frecuencia del ego. Cuando Jesús reprendía a sus discípulos diciendo «¡Apártate de mí, Satanás!», no le hablaba a un espíritu con patas de cabra, sino a la mente egóica y mezquina de sus propios seguidores que intentaba desviarlo de su misión superior.
La creación de un Diablo personalizado fue la obra maestra del poder religioso para dominar a la población mediante el miedo: la Iglesia y el Estado crearon las leyes y, al mismo tiempo, crearon al «acusador invisible» que te vigila y te condena. Y a la masa le resulta comodísimo: no hay nada más fácil para eludir la propia responsabilidad que cometer bajezas, estafas y maldades para luego lavarse las manos diciendo: «Fue el diablo que me tentó».
La idea de un Dios omnipotente y amoroso que convive con un archienemigo infernal al que permite torturar a sus propios hijos no tiene la menor lógica: parece un guion de cine donde un héroe necesita de un villano para existir. El mito del libro de Job —donde supuestamente Dios apuesta con Satanás y permite el asesinato de los hijos de un hombre justo para probar su lealtad— es una aberración incompatible con una inteligencia divina real.
¿Significa esto que podemos hacer lo que queramos sin consecuencias porque el diablo y el infierno no existen? ¡De ninguna manera!
La muerte física no existe; lo que existe es el cambio de frecuencia. Cuando desencarnas y dejas tu cuerpo físico, la ley del electromagnetismo actúa de forma exacta: si viviste vibrando en el odio, en la envidia, en la depresión y en la maldad, tu campo bioenergético quedará atraído por resonancia hacia el Umbral (la franja electromagnética densa que rodea las capas bajas de la Tierra). Ese estado de sufrimiento y oscuridad no fue creado por Dios para castigarte: fue creado y proyectado por tu propia mente y por la masa colectiva que vibra en esa misma sintonía. Como sentenciaba la ley hermética: «El Todo es Mente; el universo es mental».
Del mismo modo, cuando Jesús afirmó que «el reino de Dios no vendrá con advertencia, porque el reino de Dios está dentro de ustedes», dejó claro que el cielo y el infierno no son destinos geográficos tras la muerte: son estados de conciencia. Quien vive hundido en la queja, el resentimiento y la amargura ya está habitando su propio infierno aquí y ahora.
Incluso el célebre pasaje de los 40 días de Jesús en el desierto fue manipulado: Jesús no estuvo allí conversando con un demonio cornudo, sino atravesando un entrenamiento bioenergético de alta exigencia junto a los hermanos de las estrellas (inteligencias extraterrestres avanzadas que siempre acompañaron su misión), alineando sus centros de fuerza y refinando su cuerpo físico para manifestar su potencial divino en la materia.
Cada vez que sientes miedo, cada vez que alimentas la culpa y cada vez que odias o envidias a tu prójimo, estás sintonizando con la frecuencia del ego: te estás desconectando de tu propia divinidad y creyendo en una separación que no existe.
Deja de buscar demonios afuera: el único obstáculo que debes vencer es tu propia ignorancia y las trampas de tu propio ego. Asume la total responsabilidad sobre tus pensamientos, tus emociones y tus acciones. Conéctate con la frecuencia de la unidad, del conocimiento y de la armonía, ¡y sé la mejor versión de ti mismo!

Todo en este mundo posee dualidad: tiene una frecuencia compuesta u opuesta a otra. Compuesta, porque puede estar constituida por una frecuencia vibratoria con energías «X» e «Y» en un mismo objeto o en una misma persona; u opuesta, cuando coexisten una polaridad positiva y una polaridad negativa en el mismo elemento. Todo en este mundo encierra ese lado oculto: las enfermedades ocultas, el sufrimiento oculto y los pensamientos ocultos; y todo ello engendra intensas constantes vibratorias en determinados ambientes.
Hay casas que quedan programadas sin que el propio residente lo note en su día a día, marcadas por lo que hablan las personas que transitan por allí y por sus pensamientos positivos o negativos. Muchas veces estas cargas ganan una fuerza descomunal porque todo pensamiento negativo arrastra consigo una fuerte descarga emocional.
Los gritos, los insultos, el llanto desesperado y los lamentos continuos van impregnando los objetos y las paredes. Ciertos objetos se van saturando durante meses, años e incluso siglos con este tipo de negatividad, quedando toda esa frecuencia atrapada y oculta en su estructura. En contrapartida, existen lugares que reciben energías elevadas y son altamente positivos, a pesar de que la energía densa colectiva del planeta tienda con frecuencia hacia lo desfavorable.
Todo a nuestro alrededor queda atrapado dentro de esta dinámica vibratoria: los objetos inanimados que absorben la energía densa del entorno terminan acumulándola hasta convertirse en verdaderos generadores de negatividad. Cuanto mayor es el flujo de personas y más circulan individuos con pensamientos dañinos en un lugar, más caótica y contaminada se vuelve la concentración vibratoria. Un claro ejemplo de esto son los llamados miasmas. Los miasmas energéticos son frecuencias densas y negativas que quedan estancadas como una especie de cieno o sustancia viscosa sutil, capaz de adherirse fácilmente a cualquiera que no esté debidamente blindado. ¿Y cómo protegerse de estas energías negativas? La mente debe mantenerse acelerada por encima de los 17 Hertz, sostenida en el pensamiento constructivo. Las ondas cerebrales a partir de los 17 Hertz permiten que la persona rompa y escape de esa contaminación. ¿Y cómo se alcanzan esos 17 Hertz de activación bioenergética? Manteniéndote activo, en movimiento constante y pensando en positivo; así es como logras manipular y ordenar adecuadamente estas energías.
Existen muchísimas cosas ocultas a nuestra vista física: el ser humano no alcanza a ver prácticamente nada de la realidad multidimensional de este mundo, y las vibraciones que quedan estacionadas en un ambiente se denominan formas de pensamiento. Estas formas de pensamiento van contaminando el entorno y el hogar; y como existen personas que tienen el hábito repetitivo de pronunciar quejas y palabras destructivas, provocan que la frecuencia se sintonice exactamente con aquello que dicen temer. Y termina ocurriendo. ¿Por qué? Porque lo proyectan las 24 horas del día: bromean con la desgracia, la repiten y la fijan en su mente como un decreto irrevocable, hasta que esa negatividad se convierte en su realidad física y tangible. Una persona está constituida por las múltiples formas de pensamiento que ella misma engendró a lo largo de su vida: la pobreza, la enfermedad, la baja autoestima y demás patrones.
Todo esto queda adherido a los objetos y a las cosas a tu alrededor, generando formas de pensamiento densas que terminan bloqueando a la persona para impedirle llegar a donde sueña. De la misma manera, se puede pensar en positivo, cultivar ideas nobles, generar belleza y crear frecuencias armónicas para que todo el ambiente se sintonice con el bienestar. Esto también opera de forma invisible a los ojos, pero debemos activar esa frecuencia dentro de nosotros. Muchas personas incuban enfermedades que se gestan de forma oculta: van alimentando un estado interno tóxico y esa enfermedad invisible se va infiltrando en el hígado, en el bazo, en el páncreas, en la columna y en diversos órganos, hasta consolidarse en la materia física como un cuadro grave.
Existen también lugares con una altísima concentración de frecuencias densas, como sitios donde se consumen drogas o donde predomina la violencia. Esto ocurre comúnmente bajo viaductos, puentes, callejones oscuros y sitios que generan un patrón de curvatura espacial que densifica con gran facilidad la energía negativa del ambiente. En esos puntos la frecuencia se desploma con rapidez: es muy habitual pasar cerca de ciertos pasos a desnivel o carreteras donde han ocurrido muchos accidentes fatales y notar una neblina densa y oscura flotando a baja altura. Esa nube oscura no es más que un conglomerado de formas de pensamiento atrapadas en el lugar, retroalimentando vibraciones de tragedia. Esas cargas solo pueden disolverse si interviene alguien con suficiente consistencia y dominio bioenergético para dispersarlas y purificar el entorno.
Por lo general, los bosques y selvas vírgenes son capaces de disolver estas formas de pensamiento, porque en la naturaleza habitan fuerzas elementales que ayudan a diluir las frecuencias densas. Muchos de estos bolsillos de energía oscura son incapaces de propagarse en la selva, porque el bosque en su totalidad opera como una tecnología viva: una frecuencia inteligente diseñada para limpiar, transmutar y neutralizar la vibración, ajustándola siempre hacia un estado neutro. Esa frecuencia neutral de la naturaleza virgen —que a menudo nos pasa inadvertida— es la que llamamos Tiempo Cero: la frecuencia de la neutralidad absoluta, donde toda la energía se encuentra en un balance perfecto que permite a cada ser convertirse en dueño absoluto de sí mismo. Esta es la ley de la naturaleza: cada quien haciéndose cargo de su propia vida.
Cuando los seres humanos nos adentramos en la selva y la frecuencia del Tiempo Cero comienza a actuar, experimentamos en el cuerpo físico una sensación profunda de quietud y silencio absoluto, como si nada a nuestro alrededor se moviera ni emitiera sonido alguno. Sentirás una paz extraordinaria, pero estarás bajo tu propia responsabilidad, pudiendo decantarte hacia lo positivo o hacia lo negativo, pues en la neutralidad pura eres tú quien define la polaridad. Lograr sostenerte en la neutralidad a través del llamado giro de 360 grados de conciencia —que es el pensamiento elevado en su sentido más amplio— te permite mantener el equilibrio perfecto, comprendiendo los mecanismos profundos de la existencia y otorgándote un poder de análisis lúcido para elegir tus pasos.
En el universo oculto de las cosas existen también innumerables frecuencias vibratorias positivas y determinantes para el individuo, siempre que aprenda a interactuar con ellas. Desde el momento en que toma conciencia y despierta su percepción sutil —trabajando con esta energía, la vea o no físicamente—, comienza a modificar todo su entorno, impregnando los objetos de frecuencias luminosas para que armonicen con el resto del espacio. Esto crea un terreno fértil para que la vida fluya: cualquiera que entre en un hogar o ambiente así percibe de inmediato una atmósfera de confort, descanso y bienestar genuino.
Las formas de pensamiento colectivas a nivel mundial, alimentadas por la repetición mental de millones de personas, terminan atrapando a las masas dentro de rígidos sistemas de creencias. La persona cree en un dogma, esa forma de pensamiento sintoniza con el egregor, el egregor consolida un escenario de circunstancias y la persona queda encadenada a ese patrón vibratorio oculto, recibiendo inducciones energéticas constantes que manipulan su mente e impiden que eleve su conciencia. Acelerar tus ondas cerebrales te desconecta de inmediato de esa masa manipulada y de ese circuito repetitivo, permitiéndote pensar por ti mismo.
Lo fundamental es tomar conciencia de todo aquello que permanece oculto a nuestros ojos físicos, entendiendo que cada pensamiento, cada palabra y cada intención impregna la materia y los espacios; pero sabiendo además que tenemos el poder de purificar esos lugares mediante el enfoque mental positivo. Otra técnica poderosa de limpieza consiste en proyectar mentalmente un haz de luz blanca y brillante —lo que llamamos energía dirigida— emanando desde las palmas de tus manos hacia todos los rincones del ambiente, reajustando las cargas y restaurando una atmósfera de armonía constante.
Al comprender este proceso de purificación consciente, de elevación del discernimiento y de erradicación de las formas de pensamiento negativas bajo el escudo de la positividad activa, comenzamos a descifrar los misterios de la vida con total claridad. Y en verdad los llamamos «misterios» únicamente porque la gran mayoría aún no ha despertado a su existencia.
Pero para quien ya abrió los ojos, ha dejado de ser un misterio: ha comenzado a dominar el engranaje, a descifrar el sistema y a moldear su realidad de forma totalmente consciente.

Estos tres conceptos están íntimamente ligados a nuestra vida cotidiana y a nuestra propia existencia. Son temas con los que todo el mundo debería familiarizarse desde la más tierna infancia, para no caer a lo largo del camino en ciertas trampas paralizantes.
La motivación es el punto donde el cuerpo y la mente se predisponen para crear algo o transformar una realidad. Es muy común entusiasmarse y sentirse lleno de motivación cuando uno decide, por ejemplo, empezar a entrenar en el gimnasio. Pero a la hora de llevarlo a los hechos —a la hora de salir de casa para entrenar todos los días sin falta—, ahí es donde entra en juego el factor determinante: la disciplina.
La motivación es valiosísima para que el individuo dé el primer paso, pero la disciplina es el proceso innegociable de continuidad hasta alcanzar la meta soñada. Si tienes motivación, logras encender tu cuerpo; pero si careces de disciplina, te resultará imposible llegar al punto culminante de tu transformación. Muchas veces la disciplina es infinitamente más importante que la motivación, porque si la desarrollas, sacas adelante tus proyectos contra viento y marea; y con absoluta certeza conquistarás lo que deseas.
La disciplina te posiciona exactamente donde quieres estar. No se trata de una rigidez mental obsesiva donde solo piensas de forma fanática en una sola cosa: de ese modo no llegarás a ningún lado. La disciplina opera de verdad cuando te comprometes a hacer algo e inyectas esa energía en tu día a día, escalando peldaño a peldaño para conquistar lo que planificaste.
La motivación fluctúa según cómo amanece tu día, según tu estado emocional y según si tuviste o no problemas en la jornada. Es ahí donde descubres que la motivación es volátil y que a menudo no es tan grande como debería. Por eso la disciplina tiene que estar presente: hay que forjarla, aplicarla y obstinarse con verdadera terquedad positiva para llegar a donde anhelas. La procrastinación o postergación, por su parte, es el proceso de retrasar indefinidamente aquello que ambicionas. Muchas veces podríamos encontrarnos hoy en una posición mucho más próspera si en el pasado hubiésemos concluido con disciplina los proyectos iniciados. Mucha gente es incapaz de salir de su círculo repetitivo porque cae en la trampa de aplazarlo todo, dejando para después lo que urge hacer hoy. Saben que necesitan bajar de peso, que deben leer, que tienen que estudiar y que urge hacer algo verdaderamente significativo por sí mismos, pero terminan postergándolo. ¿Por qué aplazamos aquello que tanto buscamos? ¿Qué es lo que verdaderamente nos impide hacer avanzar nuestra propia vida?
Todo esto se debe a las trabas internas, al autosabotaje, a la debilidad mental y a la falta de disciplina en la vida. Para alcanzar lo que ambicionas, tienes que poner tu deseo, tu voluntad y tu acción por encima de cualquier excusa: motivándote, ejecutando, transformando y creando las condiciones reales para llegar a la cima. Sin esa energía, sin esa fuerza y sin esa frecuencia para movilizar tu existencia, no hay manera de llegar a ningún lado.
Por eso, dentro de esta tríada de motivación, disciplina y procrastinación, lo crucial es desarrollar al máximo la disciplina. Disciplinando tu mente y disciplinando tu cuerpo, creas una rutina mental y física sólida que te impulsará con fuerza hacia el nivel donde deseas estar.
La ansiedad es un proceso mental en el que pretendes alcanzar un gran objetivo por la vía más corta; pero ese atajo no existe. Recordemos que estamos hablando de transformaciones de gran impacto en tu vida, no de asuntos ordinarios o rutinarios como llegar diez minutos antes al trabajo. Para una gran metamorfosis no existe el milagro de comenzar hoy y estar listo mañana. Según la magnitud de tu proyecto, estarás inmerso en un proceso de cambio profundo; y todo cambio requiere una medida de tiempo que, con toda seguridad, no es corta. Por lo general, cualquier meta trascendente en nuestra vida exige un tiempo y un espacio determinados para madurar, y para ello es indispensable construir condiciones favorables.
Existen ciertos ejercicios que funcionan como disparadores mentales para trabajar esta frecuencia con eficacia. Tomemos como ejemplo a quien tiene sobrepeso y necesita adelgazar con urgencia: al mirarte al espejo, aprieta con tus propias manos la grasa acumulada en tu cuerpo, tómate fotografías de frente y de perfil y comienza a observarte sin engaños. En primer lugar, eso creará un impacto motivacional directo para perder peso. En segundo lugar, generará un deseo ardiente de conquistar esa transformación. Y es ahí donde entra la disciplina que deberás implementar, eligiendo la mejor estrategia física y nutricional para alcanzar tu meta.
En el estudio y la capacitación ocurre exactamente lo mismo: ponte a prueba a ti mismo. Dialoga contigo, evalúa con honestidad en qué nivel te encuentras y persigue el crecimiento para que esa frecuencia vibratoria transforme tu realidad en lo que anhelas. Recuerda siempre que el verdadero milagro lo construyes tú. Digámoslo claro: «Los milagros caídos del cielo no existen...». Quizás no exista el milagro mágico de transformar a un ignorante en un sabio de la noche a la mañana; pero lo que sí es absolutamente seguro es que, con persistencia, disciplina, motivación correcta y un deseo ardiente, ¡todo es posible! ¡No importa cuál sea tu punto de partida! Puedes estar cursando el primer año de la escuela básica y soñar con convertirte en juez: si trazas un camino, estudias, te enfocas y eres disciplinado —consciente del largo trayecto por delante—, con voluntad y determinación llegarás a donde quieras. ¿Quieres ser un transmutado, una persona que domina las energías y alcanza todas las frecuencias sutiles? Estudia, aprende a manipular tu bioenergía, entrénate y busca técnicas serias.
No te quedes atrapado en las creencias limitantes de los demás, no te encadenes a los techos mentales ajenos ni permitas que las ilusiones de otros colonicen tu cabeza; no dejes que nadie te imponga el rumbo: guíate a ti mismo hacia donde deseas llegar. Sé lo que quieras ser: graba en tu interior la certeza de que lo vas a lograr. Es con esa motivación y con esa disciplina con las que debes salir a buscar tu destino; ese es el único camino real, no existen opciones fáciles.
El problema está frente a ti, y es ese mismo desafío el que te motivará a transformarte y hallar la solución. La otra opción es tirarte a la cama a llorar, quejarte y culpar al mundo... pero verás que dentro de dos o tres años seguirás exactamente igual. Esa salida cobarde de caer en cama, lamentarse, despotricar y permanecer inerte solo hace que los años pasen en vano sin ninguna mejora. Y cuando por fin despiertes y comprendas que el único camino real era esforzarse y atravesar el dolor de la transformación, tal vez ya no te quede tiempo... y termines muriendo a mitad del camino. ¡No existe transformación sin dolor! El dolor inicial del esfuerzo te motiva a buscar una vía superior libre de sufrimiento crónico. No existe metamorfosis real sin entregarte por completo a lo que deseas. Por eso: busca, conquista, transfórmate y encarna aquello que más amas.

Hoy en día somos testigos de cómo miles de enfermedades se propagan por todo el mundo, aquejando a miles de millones de seres humanos que cargan además con un agotamiento crónico, tristeza, angustia, depresión y toda clase de plagas sociales. El mundo actual está obsesivamente enfocado en el dolor y en el sufrimiento. Resulta sumamente fácil ver a personas deseándole el mal al prójimo, así como es común observar pensamientos destructivos que se expresan verbalmente de forma continua. La humanidad se ha tragado mentiras tan absurdas que ha llegado a asumir el sufrimiento no como una anomalía, sino como algo «natural», como si fuera una consecuencia inevitable del mero hecho de estar vivos.
La mente humana es capaz de fabricar una avalancha de ideas tóxicas contra sí misma, las cuales anulan por completo el discernimiento del individuo. Una persona que carece de la fuerza mental necesaria para romper esa barrera suele pasar décadas enteras estancada, sin crecer y sin evolucionar... En realidad, la tendencia es que empeore cada vez más, al ser incapaz de soportar la carga que el entorno le arroja encima a diario. Y cada vez que la observas, no para de quejarse de la vida, lo cual le causa un daño atroz a su salud, pues no hace más que reforzar el dogma de que su destino no tiene escapatoria. Frente a este panorama complejo, podemos clasificar estas enfermedades en tres tipos fundamentales: físicas, mentales y emocionales.
Con una mente saturada de negatividad, las enfermedades mentales encuentran el terreno más fértil para florecer. Los circuitos repetitivos, las ideas obsesivas y la toxicidad emocional van ganando terreno y estructuran una rutina de amargura que deriva velozmente en dolor físico; esto ocurre porque el plano emocional, bombardeado sin tregua por esos pensamientos oscuros, emana vibraciones densas que envuelven al cuerpo físico en un caos vibratorio, provocando rupturas y desórdenes biológicos internos.
Todo comienza en el pensamiento, pasa por las emociones y desagua en el cuerpo físico. Y cuando este proceso se desata, sumado a una alimentación pésima atiborrada de toxinas —esa increíble cantidad de comida basura que aprendimos a normalizar en las últimas décadas—, el cuerpo entra en un proceso de putrefacción celular progresiva. Esta putrefacción no es otra cosa que las enfermedades materializadas en la carne, de todas las formas y gravedades imaginables. Se gestan en este punto exacto y se multiplican a gran velocidad si no se frena el proceso, en especial cuando se combinan con drogas, cigarrillo, alcohol y los acidulantes químicos y conservantes de los alimentos ultraprocesados. Esa bola de nieve física, mental y emocional conduce de manera sistemática a la muerte prematura.
Por eso es fundamental que tomes el control de tu mente, haciendo una limpieza exhaustiva cada noche al acostarte en tu cama. Detente, piensa, reflexiona, ámate de verdad, emite únicamente pensamientos nobles, perdónate a ti mismo, perdona a quien tienes al lado y perdona todas las circunstancias que te tocaron vivir. Construye un espacio de relajación profunda. Perdonar significa resolver: cuando perdonas a alguien, resuelves ese nudo en tu cabeza y te liberas de quedar encadenado a esa energía tóxica. Quedar atrapado en el resentimiento hacia otra persona inicia de inmediato ese ciclo destructivo que mencionamos, donde el rencor mental envenena la emoción y termina desaguando en una enfermedad física.
Cambiando tus conceptos, enfocándote y realizando ejercicios de introspección por las noches, tus pensamientos se volverán constructivos y reconfigurarán tu estado emocional, haciéndote sentir renovado; de este modo, lo que desaguará en tu cuerpo será una frecuencia positiva y de plena conciencia, donde te iluminarás internamente y dejarás de alimentarte de veneno.
Toda enfermedad se origina en la mente; por eso, quien está enfermo y desea sanar de verdad tiene que transformar de raíz su forma de pensar. Enfócate de un modo distinto: no compres la mentira de que estás condenado a morir sin remedio y que ya no hay nada que hacer. ¡Claro que hay solución! De la misma manera en que la toxicidad desagua en el cuerpo físico, el organismo también puede responder ante el amor propio, ante la energía positiva y ante una nutrición limpia que desintoxique cada célula.
Pero de nada sirve intentar desintoxicar únicamente el cuerpo si continúas emitiendo frecuencias mentales destructivas... Si en tu mente no crees en la transformación y te niegas a aceptar que los químicos te están matando, seguirás engañado, comiendo basura que te destruye y, lo que es peor, sin capacidad para notar en qué te estás equivocando. Por eso, haz un examen de conciencia riguroso cada noche: detente a reflexionar sobre tus tropiezos, observa qué puedes corregir y atrae pensamientos nobles y buenas energías hacia tu existencia.
Transforma tu vida de la mejor manera que puedas: busca, investiga, aprende, haz que tu jornada sea placentera y llénala de vivencias positivas. Evita consumir en la televisión contenidos que te arrastren al morbo o la desesperanza, y rehúye de programas y noticias que te intoxiquen el ánimo. Alimenta tu interior con conocimiento sólido, reconoce que el mundo es fascinante y hermoso, y conviértete en un ser despierto que revoluciona su salud. Esto no significa volverte un soñador ingenuo: significa tener los pies bien puestos en la tierra y dirigir tu vida por el rumbo que sabes que realmente transforma la materia: el camino del pensamiento positivo, que engendra emociones armónicas y sana tu cuerpo físico a través de una nutrición limpia y de los nutrientes exactos que tu biología necesita.

«El Amor es una energía que emana desde el centro de la galaxia hacia todos los universos. Esta vibración es experimentada por el ser humano a través de su propio nivel de conciencia».
Es una vibración que emite una frecuencia. El Amor vendría a ser una energía que proviene directamente del centro de la galaxia hacia todos los universos. Esta vibración es experimentada por el ser humano a través de su particular nivel de conciencia: si su nivel es bajo, interpretará el sentimiento de amor como una sensación agradable y noble, pero será incapaz de comprender toda la profundidad de esta frecuencia; asumirá que lo que siente es muy hermoso y valioso, pero por temor a perderlo intentará poseerlo y defenderlo a toda costa, como si fuera lo más frágil e importante del mundo. Sin embargo, muchas veces eso no es más que la interpretación limitada que su propio nivel de conciencia hace frente a dicha vibración.
A medida que el ser humano evoluciona y adquiere mayor lucidez y percepción sobre este sentimiento y sobre esta energía, comienza a notar que esta frecuencia no aprisiona ni genera ataduras ni apegos asfixiantes. Al contrario: irradia una sensación de bienestar pleno, orientando al individuo hacia la cúspide más noble y elevada de la conciencia.
Una vez que el ser humano logra comprender esta magnitud vibratoria —esta energía colosal experimentada en el centro del corazón, que enlaza y crea un manto de protección sobre uno mismo y hacia los demás, a la que llamamos Amor—, consigue romper esa cáscara que le impedía percibir lo verdaderamente profundo. Cuanto más evoluciona una persona, mayor es su capacidad para sintonizar la energía del Amor, para comprenderla y vivenciarla como un punto de poder que se proyecta hacia todos los seres humanos. Y teniendo en cuenta que esta chispa ya reside en el corazón de cada persona, su comprensión desata un anhelo ardiente de despertar a una escala mayor.
Por lo tanto, podemos afirmar que el amor es una energía pura y noble que emana de la frecuencia de los creadores. Digámoslo de esta forma: Dios sería una mujer y un hombre, una Pareja Creadora; una pareja primordial que emana la más profunda de las vibraciones, cuyo nombre —asignado por nosotros— es Amor. Y cuando sus creaciones logran establecer esa sintonía dentro de un nivel óptimo de conciencia, van madurando y comprendiendo paso a paso la verdadera naturaleza de este amor. Al integrar la profundidad vibratoria que corresponde a esta frecuencia, el ser humano experimenta la vida con una intensidad superior, permitiendo que la energía fluya libremente en todas las direcciones.
Lo que debemos hacer es desobstruir nuestros canales mentales para poder sentir esta vibración en la forma más pura en que es emitida por el universo. Si logramos abrir nuestra conciencia a la frecuencia del Amor, comprendiéndola en la elegante simplicidad de este universo y dentro de la dualidad divina, la vivenciaremos con una fuerza cada vez mayor.
Lo que tenemos que hacer es retirar de una vez la cáscara que nos bloquea y nos impide sentir esta vibración emanada directamente de la fuente.
Esa cáscara se llama ego: es lo que intenta ponerle nombres, etiquetas y divisiones a todo: «Si no estás en mi mismo nivel de conciencia, no sirves; si no tienes mi mismo color de ojos, no sirves; si no vives bajo los dogmas de mi doctrina, ¡no sirves para nada!». Si no logramos arrancarnos este envoltorio que frena nuestra evolución, jamás podremos experimentar la verdadera energía del Amor. Permaneceremos siempre estancados en un nivel de conciencia estrecho y mediocre, porque nuestro entendimiento frente a este principio universal seguirá siendo diminuto. Pero al quebrar esa coraza densa llamada ego y permitir que esta vibración penetre de lleno en nosotros, podremos —al igual que la fuerza creadora que dio origen al universo y a todo cuanto nos rodea— expandirla hacia todos los seres para que ellos también experimenten esta frecuencia.
Si todos comprendieran que lo que nos impide sentir el amor auténtico es únicamente nuestro ego —nuestra manera errónea de interpretar y etiquetar las cosas de la vida— y lográramos que las personas se abran a esta realidad, la conciencia se multiplicaría de uno a otro, y en poco tiempo consolidaríamos una red viva de entendimiento y percepción que fluiría con total libertad. Ya no necesitaríamos acumular posesiones materiales de forma compulsiva en nombre de ese placer pasajero que a menudo confundimos con la frecuencia del Amor.
Necesitamos comprender que el Amor es lo más grandioso que existe a nuestro alrededor y dentro de cada uno de nosotros; y que todo lo que acumulamos por codicia no es más que un capricho del ego. Comprendiendo esto podremos profundizar y permitir que todo y todos vibren en esta frecuencia. Ya no necesitaremos tomar partido fanático, ni pelearnos por ser del equipo A o del equipo B, ni alimentar una mentalidad opresora o aires de superioridad sobre nadie; porque estaremos simplemente sintonizados con la frecuencia de nuestros creadores, sintiendo la vibración viva que emana de ellos. A partir del momento en que tocamos esa frecuencia, elevamos nuestra conciencia hacia un estándar superior, conquistando peldaños de sabiduría, discernimiento y plenitud vibratoria. Esta energía engendra frutos extraordinarios: comprensión, sabiduría, armonía, serenidad, alegría, verdad y un bienestar indestructible. El velo que nos impide contemplar y experimentar los matices de este glorioso universo es también una trampa que nos ata a la limitación terrenal: cuando lo rasgamos, nuestra conciencia se expande sin límites y pasamos a comprenderlo todo con lucidez, en la medida en que dejamos que el Amor opere dentro de nosotros.
En conclusión: tener conciencia del amor es entender que esta frecuencia existe para todos, que habita en nuestro interior y que es irradiada por el Creador y la Creadora. Y siendo esta Pareja Creadora el Amor vivo que lo originó todo, podemos acudir directamente a su encuentro, permitiendo que esta vibración descienda pura, fluida y transparente hacia nosotros, sin que el ego interfiera interpretándola según su diminuta visión de las cosas. Cuanto más elevemos nuestros pensamientos, ensanchando nuestra conciencia y rompiendo el envoltorio del ego, más avanzaremos hacia la verdadera sabiduría, convirtiéndonos día a día en la mejor versión de nosotros mismos.

Son personas que alcanzan un nivel superior de conciencia sobre sí mismas y sobre todo lo que las rodea. Son aquellos que dejaron el ego atrás; que no permiten que su mente siga repitiendo palabras o pensamientos derrotistas que los hagan retroceder. El vencedor es plenamente consciente de lo que habla, de lo que piensa, de lo que siente y de cómo dirigir toda esa energía. Su camino es uno solo: transitar una senda clara, hermosa y profunda. Comprende perfectamente que si arma un berrinche, si se queja y se victimiza en el sufrimiento, retrocederá de inmediato a su antiguo nivel de percepción y será incapaz de alcanzar la realidad que anhela.
El vencedor es dueño de sus sentimientos y de sus emociones, y sabe que el camino apenas está comenzando. No se cree en la cúspide de la evolución: sabe cómo ejecutar lo que llamamos el giro de 360 grados, que es la capacidad de percibir con absoluta claridad cada aspecto de su vida. Trabaja con disciplina su economía, su mundo emocional, su energía sexual, su entendimiento mental, su salud física y todo lo que esté a su alcance para expandirse. Se mantiene alerta, consciente y rigurosamente disciplinado respecto al camino que debe recorrer.
Al hombre disciplinado, al vencedor, se le otorga la oportunidad de seguir aprendiendo sin frenos: él ya no repite de curso en la escuela de la vida, ya no se queda estancado en conversaciones ni rencores del pasado.
Haz un ejercicio mental: toma a una persona que siempre se está quejando, amargada y atrapada en los mismos problemas de siempre, y proyecta su vida diez años hacia el futuro... Con toda seguridad verás que, transcurrida esa década, seguirá exactamente en el mismo lugar: no habrá evolucionado absolutamente nada. Ahora realiza el mismo ejercicio con alguien que encarna la conciencia de los vencedores, armada con todo el conocimiento posible, y proyecta su vida diez años hacia adelante: te darás cuenta de que su cuerpo físico, su conciencia, su agudeza perceptiva y su realidad entera habrán dado un salto evolutivo gigantesco en esos diez años.
Por eso llamamos vencedor a quien verdaderamente logra dominar su percepción y dar ese giro de 360 grados, rompiendo la coraza del ego para trascender hacia una frecuencia superior. A ese lo llamamos el vencedor de sí mismo.

Los seres humanos vivimos una paradoja existencial inevitable: por más personas que tengamos a nuestro lado, de una forma u otra siempre estamos solos. A lo largo de la vida, nuestra conciencia va buscando una pareja, un compañero o compañera con quien poder desahogar los procesos mentales y emocionales que cargamos en nuestro interior.
Sin embargo, el dilema radica en que, por mucho que te desahogues, por mucho que hables y por más que tengas a alguien con quien compartir tus vivencias, de un modo u otro nuestro nivel de conciencia determina cuán solos nos encontraremos; y esto ocurre independientemente de que lo queramos o no: en el fondo, estamos solos en nuestra propia experiencia.
Estamos solos en nuestro sendero individual, pero debemos ser solidarios con quienes llegan hasta nosotros. Solidarios con aquellas personas que realmente necesitan del conocimiento y de las herramientas que portamos para poder movilizar y transformar sus vidas.
Ser solidario en el sentido más elevado: transmitir el conocimiento que hemos conquistado para que los demás también logren comprender el engranaje de su propia existencia, y ser solidarios mediante el afecto, el cariño y el amor consciente que podemos proyectar sobre los otros. Solo así alcanzaremos una vida verdaderamente plena.

Vendría a ser aquello que se piensa con intensidad, cargado de emoción, y que genera determinadas figuras o condensaciones energéticas. Estas formas se van modelando a partir de lo que cada persona esté experimentando en su interior... pueden ser agresivas, alegres, constructivas, amorosas, etcétera.
Cada uno de nosotros, a lo largo de su vida, piensa miles y miles de cosas, generando miles de formas de pensamiento. Estas formas de pensamiento son alimentadas día tras día. Sean positivas o negativas —da igual—, muchas de ellas se quedan ancladas flotando dentro de nuestros hogares.
La mayoría de las formas de pensamiento de un individuo se enlazan con las de otras personas que piensan exactamente igual, creando una red de frecuencia orientada al éxito o al fracaso. Según los pensamientos obsesivos y repetitivos que una persona sostenga, se van gestando auténticos monstruos energéticos dentro de las casas. Sin embargo, así como una forma de pensamiento de vibración negativa puede desatar estos cuadros destructivos, existen maneras de crear formas positivas que nos ayuden a ser plenamente felices. Al tomar conciencia de que cualquier reflexión genera una forma de pensamiento viva, puedes crear algunas que producirán verdaderos milagros en tu vida. Si creas una forma de pensamiento que emane una fuerza y una vibración continua de paz, amor, alegría y prosperidad en tu casa, y alimentas esa fuente todos los días con los mismos pensamientos conscientes, generarás una frecuencia sumamente positiva para ti.
Con esto construimos las condiciones para transformar nuestra vida. Sabiendo que a cualquier lugar al que vayamos nos toparemos con las formas de pensamiento de quienes estuvieron allí antes —sea una iglesia, un motel, un hotel o cualquier otro sitio—, en todas partes nos cruzaremos con frecuencias vibratorias que son formas de pensamiento ajenas. Al ingresar a cualquier espacio, lo primero que debes hacer para elevar la frecuencia es visualizar una luz blanca y brillante, como si fueran sales efervescentes que al caer en el agua burbujean intensamente desintegrando toda impureza... Eso purifica el ambiente de inmediato. Basta con proyectar una forma de pensamiento de limpieza, con la firme intención de purificar e imaginando que el espacio queda limpio, para transformar por completo el lugar en un ambiente positivo. De nada sirve recurrir a métodos físicos para una limpieza energética: las formas de pensamiento no se disuelven con agua, ni con lejía, ni con inciensos, ni con meditaciones pasivas ni con nada material que pretendas colocar allí. Las formas de pensamiento solo se limpian con otras formas de pensamiento.
Así vas tomando conciencia de que puedes contribuir a que un ambiente se vuelva extraordinario o puedes hacer que se vuelva profundamente denso. Comprenderás que tu mayor enemigo eres tú mismo o las personas a tu alrededor que resuenan en esas mismas frecuencias negativas. Evita las formas de pensamiento que te arrastren al sufrimiento, que lastimen a otros o que propaguen la cultura del odio.
Cuanta más cultura del odio permitamos a nuestro alrededor, más contribuiremos a que esa frecuencia destructiva siga intoxicando nuestro mundo. Piensa en la salud, enfócate en objetivos claros, proyecta un día excelente, visualiza un día siguiente todavía mejor, piensa en un fin de semana maravilloso, enfócate en un trabajo gratificante, imagínate generando abundante dinero, siendo próspero y exitoso. Vivencia esas emociones en tu cuerpo, siéntelas como reales y rodéate de esa frecuencia de riqueza y abundancia. Solo entonces generarás una atmósfera de salud, prosperidad y armonía a tu alrededor. Forjarás múltiples formas de pensamiento luminosas que trabajarán activamente a tu favor. Cuanto más entrenes con esta disciplina, más próspero, pleno y emocionalmente equilibrado serás.

En la misma línea de las formas de pensamiento, existe otra creación fascinante que podemos desarrollar y que puede auxiliarnos enormemente en nuestra vida: los dispositivos o aparatos energéticos.
¿Qué son los aparatos energéticos? ¿Cómo podemos construir estas formas de pensamiento estructuradas a partir de todo lo que nos rodea?
Por increíble que parezca, podemos crear mentalmente un espacio colosal que emane frecuencias positivas y alimentar ese dispositivo con nuestra intención continua. Podemos programarlo para que calibre y ayude a nuestro cuerpo físico a elevar y estabilizar su frecuencia. Por ejemplo, una persona con problemas de movilidad, dificultades motoras o una lesión en la columna —que no camina o ha perdido la fuerza— puede construir en su mente una forma de pensamiento estructurada como un aparato (por ejemplo, un equipo de resonancia magnética regenerativa, recordando que debe ser la propia persona quien lo construya) que proyecte una frecuencia constante de regeneración sobre el tejido espinal, los nervios o los órganos afectados para que restablezcan sus funciones. Esto ocurre a partir del momento en que dicho dispositivo energético es alimentado, día tras día, con pensamientos de certeza y salud, proyectando esa energía de forma focalizada e intensa hasta desencadenar reacciones psicoquímicas fisiológicas que estimulen a la región afectada a producir nuevas conexiones neuronales y tisulares.
Es algo que la persona puede lograr por sí misma, porque el verdadero milagro reside en su interior: la fuerza y la convicción biológica para sanar nacen de adentro. Muchas personas que superaron cuadros clínicos graves lo consiguieron precisamente porque lograron activar en sí mismas estas formas de pensamiento estructuradas, generando su propio milagro mediante una frecuencia positiva sostenida.
Es indispensable comprender que esto es un pilar fundamental dentro de la manipulación de la energía: manipula tu conciencia, domina tu mente y lograrás gobernar todo lo que te rodea. Pero para tener maestría sobre tu mente necesitas conquistar el enfoque absoluto, el control estricto sobre tus pensamientos y emociones, y el dominio sobre cómo y hacia dónde mueves tu cuerpo. Es necesario ser consciente de tu frecuencia, de tu energía, de lo que comes, de lo que hablas, de tu forma de caminar y de si te sientes en armonía o no. Es imprescindible desarrollar una conciencia corporal integral en todos los sentidos: solo así tendrás dominio sobre tu mente, sobre las formas de pensamiento y sobre las frecuencias vibratorias de tu entorno, volviendo tu vida infinitamente más dinámica.
La meditación en su sentido ancestral y profundo —la verdadera meditación— tenía como propósito otorgarle al individuo una percepción lúcida de su propio cuerpo, de su momento presente, de sus actos y de sus palabras: era convertir a la persona en juez de sí misma. Sin embargo, con el paso de los siglos ese concepto se fue distorsionando, haciéndonos creer que meditar es simplemente callar la cabeza, poner la mente en blanco, no pensar en nada y permanecer en una inercia pasiva sin actitud alguna. Tú necesitas tomar conciencia de ti mismo: conciencia de lo que quieres, de quién eres y de cómo operas. Pregúntale a cualquiera: «¿Quién eres tú?», y te responderá qué títulos ostenta, en qué trabaja o qué actividades hace; pero difícilmente sabrá responderte con lucidez quién es en realidad. Casi nadie es consciente de su verdadera identidad porque jamás nos enseñaron a mirar hacia adentro, a descubrirnos, a reconocer nuestras fallas, a enfrentar nuestros miedos y a detectar todo aquello que nos está frenando.
Estando despierto a esto y teniendo plena conciencia de tu cuerpo, estarás en condiciones reales de manipular tu bioenergía y las formas de pensamiento a tu alrededor, creando diversos aparatos energéticos que calibren tu frecuencia y liberen todo tu potencial latente, impulsándote mucho más allá de donde te encuentras hoy. Solo necesitas descubrirte de verdad, buscando siempre la mejor versión de ti mismo.

Ser conscientes de nuestro propio ego es una tarea compleja, porque el ego vendría a ser algo que vestimos: una especie de ropaje o armadura en este mundo que comienza a tejerse cuando somos muy pequeños, apenas unos bebés, y que se va alimentando de las formas de nuestro entorno, de las creencias de nuestros padres y de infinidad de informaciones externas.
Con el paso de los años, empezamos a defender banderas de aquí y de allá, ciertas formas fijas de actuar y certezas que se van convirtiendo en dogmas inamovibles en nuestro interior, enquistándose en nuestro corazón. Es ahí cuando desarrollamos una coraza alrededor de nuestra vida que nos impide aprender cosas nuevas y nos bloquea para comprender la perspectiva del otro, obligándonos a ponernos permanentemente a la defensiva ante todo lo que nos rodea.
Por un lado, el ego protege nuestra existencia, le da forma a nuestra personalidad y crea las condiciones necesarias para interactuar con el mundo; pero, por el otro, nos cierra puertas, nos impide vernos en el espejo del prójimo y ponernos verdaderamente en el lugar del otro, empujándonos a sentirnos superiores o inferiores a los demás. Cuando el ego se infla, nos sentimos los amos y señores del terreno: creemos dominar absolutamente un tema y asumimos que siempre tenemos la razón.
En nuestra mente no cabe otra posibilidad. Y si por casualidad no dominamos a fondo un asunto, nuestra creencia inventará justificaciones y pretextos para defender esa postura como si fuera la verdad absoluta, ignorando todas las demás perspectivas posibles. Y si hiciera falta recurrir a la agresividad, nos volvemos agresivos; y si necesitamos defendernos atacando con palabras hirientes, lo haremos sin titubear.
De igual modo, si sentimos la necesidad de empequeñecer a quienes nos rodean para sentirnos grandes, sin duda lo haremos. Y es exactamente a partir de este punto donde nace el peligro de las enfermedades mentales y emocionales, pues desde ese estado reactivo el ego se atrinchera para defender lo que considera su territorio. Es ahí donde brotan los llamados trastornos.
Aparecen los trastornos obsesivo-compulsivos, los trastornos de la personalidad y la fragmentación psíquica, donde la mente del individuo se fractura en múltiples personajes que cree ser. Es también cuando quienes tienen esa predisposición caen en la bipolaridad, oscilando entre una euforia desmedida —creyéndose con el derecho de pisotear y humillar al prójimo— y una baja autoestima hundida en una tristeza devastadora. Y en esa brecha se instalan el dolor, las depresiones, las angustias y todas las patologías emocionales.
Por una parte, el ego nos otorga el carácter para liderar, sostener la fuerza y avanzar; pero, cuando ese ego enferma, resulta casi imposible para una conciencia común frenar la espiral de desequilibrios que se desata en esa frecuencia. Cuando vives levantando muros defensivos, enarbolando banderas fanáticas que ni siquiera te pertenecen, comprando las ideas de terceros y renunciando a pensar por ti mismo, abres las puertas para enfermarte en múltiples niveles, porque pierdes la conciencia de ti mismo y te conviertes en un simple repetidor de lo que otros dicen, piensan o sienten.
La aniquilación total del ego parecería ser la salida ideal para liberarnos mentalmente. Pero si el ego es nuestra vestimenta, nuestro salvavidas y nuestra estructura básica para operar en este mundo, ¿cómo romperlo de golpe sin quedar completamente desnudos e indefensos? Para lograrlo, nuestro ego tiene que evolucionar a la par de la propia conciencia. Tendríamos que abrirnos a la capacidad de autoobservarnos y de ponernos genuinamente en el lugar del otro, abriendo nuestra mente a la verdadera sabiduría.
La sabiduría nos otorga la capacidad de contemplar la realidad desde un ángulo completamente nuevo. Es sumamente enriquecedor comprender al prójimo no de forma superficial, sino en su cultura, en su sistema de creencias, en su estado mental, en su ego, en sus heridas, en sus enfermedades y en su grado de madurez mental y afectiva. Si esa persona se encuentra en un nivel de comprensión inferior al tuyo, deberías tener la paciencia y la nobleza de ayudarla a alcanzar una percepción más amplia y elevada. Esto jamás nos lo enseñaron en la escuela: nunca nos enseñaron a descifrar nuestro propio ser, no nos enseñaron quiénes somos realmente, ni de qué manera se comportan nuestras estructuras mentales y emocionales aquí en la Tierra.
Lo que nos inculcaron fue a defender a capa y espada nuestras banderas mentales y afectivas. No nos enseñaron a abrir los ojos para comprender la estructura viva de la realidad: cómo opera o de qué forma podríamos hacerla más plena, más gratificante y verdaderamente evolutiva.
Es indispensable comprender cómo opera el ego, de qué manera podemos sanarlo y cómo estructurar nuestra vida mediante la sabiduría, la percepción y el conocimiento real: no ese conocimiento dogmático que encarcela, sino el conocimiento vivo que expande la conciencia. Solo así tendremos una apertura mayor para elevarnos día tras día.
Que cada jornada de nuestra existencia sea un escalón, un aliento y una cura para transformar nuestra estructura mental y emocional en un ego sano, un ego evolucionado que se vaya refinando hasta que un día deje de ser necesario... quedando únicamente el puro ser.

Para comenzar a comprender la vida, la primera y más importante actitud es la observación. Observarte a ti mismo, mirarte con honestidad, examinar todo lo que te rodea e informarte de lo que realmente está sucediendo. Si eres consciente de lo que tú estás diciendo, de lo que los demás están hablando y de lo que ocurre en tu entorno, jamás proyectarás la culpa de tus problemas sobre los otros: ni sobre tu país, ni sobre el lugar donde te encuentres.
Esto te ahorrará una infinidad de amarguras y desgastes emocionales que, en verdad, no conducen a nada. ¡Cuántas cosas en tu vida podrías haber cambiado, transformado o hecho de forma distinta y no hiciste porque tu conciencia, hasta ahora, no entendía lo que significa estar verdaderamente contigo mismo!... Así que pon los pies firmes en la tierra para observarte: ¿tienes la seguridad suficiente para mirar a tu alrededor y admitir con valentía que tu vida te pertenece a ti y que eres tú quien la hace caminar?
¿Cuántas veces hemos proyectado los problemas de nuestra vida en los demás, en un partido de fútbol, en una disputa política o en riñas familiares con fulano, mengano o zutano? Y así terminamos enredándonos y descalabrándonos por completo. El propio matrimonio se ve envuelto en luchas de poder sobre quién manda más, quién no manda, quién hace, quién no hace y hasta dónde se puede o no se puede llegar. Esas relaciones afectivas turbulentas con los demás no son más que el reflejo directo de la falta de una relación equilibrada con nosotros mismos... No sabemos ponernos en nuestro lugar, detenernos a pensar y plantarnos con los pies firmes en la tierra para observar la realidad.
Cuando conquistamos esa firmeza sobre el suelo, comprendemos que la responsabilidad de nuestra vida es únicamente nuestra. Y que podemos ser ricos o pobres, felices o desdichados, según nuestras propias actitudes, nuestra búsqueda y nuestro crecimiento. Cuando asumimos nuestra propia vida y dejamos de entrometernos en la de los demás, comenzamos a mirarnos al espejo y descubrimos que solo poniendo manos a la obra es como las cosas suceden. No te quedes esperando que otros vengan a darte asistencia, a rescatarte o a hacer esto y aquello por ti; porque si comienzas a caminar con las piernas de otros, tu propio mérito de evolución jamás existirá: no aprenderás nada y serás incapaz de sacar adelante las cosas verdaderamente importantes que tienes por hacer.
Lo ideal es que te pongas manos a la obra, te lo ganes con esfuerzo propio, luches por tus metas y entrenes tu cuerpo para conectar con tu dimensión más profunda: solo así harás crecer tu vida. Porque la verdadera trascendencia de nuestra existencia reside exactamente en aquello donde invertimos nuestra fuerza.
Sin embargo, como te dije antes, es indispensable mantener los pies en la tierra para asimilar este axioma de que tu vida te pertenece a ti mismo; porque al adentrarte en conocimientos más profundos que eleven tu conciencia —los cuales abordan realidades muy diferentes en este universo—, si no tienes los pies bien clavados en el suelo, podrías perder el juicio. Te enfrentarás a conceptos y descubrimientos que te demostrarán que el mundo es sumamente distinto a lo que imaginas o sospechas.
Si no tienes los pies firmemente plantados en la tierra para comprender esta nueva concepción de la realidad que rompe con lo que te enseñaron, te quedarás encadenado a las creencias ajenas: no investigarás, no estudiarás ni profundizarás por ti mismo. Quedarás reducido a la verdad que otros te impongan, viviendo la farsa que el sistema construyó para ti, y por eso jamás avanzarás.
Los grandes investigadores que lograron descubrimientos trascendentales —como medicamentos extraordinarios que libraron a la humanidad de múltiples enfermedades— fueron personas que se atrevieron a salirse de la «cajita cerrada»: ese molde rígido donde les aseguraban que algo era «incurable». Ellos pensaron de forma diferente, cuestionaron ese dogma y buscaron todos los medios empíricos para demostrar que tenían la razón.
Estoy convencido de que el mundo actual sería infinitamente mejor si la codicia pasara a un segundo plano; de ese modo, quienes verdaderamente desean hacer algo por mejorar la vida de sus semejantes tendrían libertad y espacio para actuar, y el planeta no se movería únicamente en función del lucro. El mundo sería mucho más fascinante si integráramos esta conciencia: los pies firmes en la tierra y la cabeza en lo alto, expandiendo nuestra mente y enfocándonos en la evolución constante. No estaríamos atrapados en un sistema que nos prohíbe ser felices.
¿Cuánto de nuestra vida se ha ido directo a la basura por culpa de enredos mentales y emocionales? Nos arrebatan la alegría, nos quitan el crecimiento y marchitan nuestros sueños. Nos falta llegar a la certeza absoluta de que nuestro mundo, nuestra vida y nuestros sentidos nos pertenecen por completo. Cuando cada ser humano asuma esto, dará lo mejor de sí en todo: porque al hacer lo mejor para ti, harás lo mejor para el prójimo. Si tienes la convicción de que eres una perla viva que está siendo pulida ininterrumpidamente para resplandecer con mayor belleza, actuarás siempre en positivo y serás coherente con lo que piensas y buscas en tu interior.
No se trata de llenarte la boca diciendo que quieres un mundo diferente sin negatividad y luego, a la primera oportunidad, cuando un camión cargado de neumáticos vuelca en la carretera, correr a saquearlo y llevarte una llanta a tu casa pensando: «Hubo un accidente allí adelante, ¡surgió la oportunidad perfecta para sacar ventaja!»... Eso no es nobleza, eso no es evolucionar, eso no es pensar en el prójimo ni generar una frecuencia de abundancia. Eso es pura escasez, miseria y pobreza mental: una mentira ruin, totalmente opuesta a lo que dices buscar.
Comienza a trabajar con disciplina en esa mentalidad de crecimiento dentro de ti: solo así será posible ser feliz y conquistar metas luminosas. Sé coherente con lo que buscas para que, el día en que te encuentres en posición de enseñar, tu mensaje sea genuino, verdadero y capaz de encender la conciencia de quienes buscan tu luz. Si tú lo decides, esa luz puede expandirse por todo el mundo.

Los siete pecados capitales pueden considerarse como los excesos de las enfermedades mentales y emocionales en nuestro organismo: la raíz de múltiples patrones repetitivos que impiden que nuestra vida fluya como deseamos.
Las enfermedades psicoemocionales pueden nacer a partir de uno solo de los siete pecados capitales o de la combinación de los siete a la vez. El exceso de conflictos internos y la dificultad para comprenderse a uno mismo —que bloquean el avance satisfactorio de la existencia— derivan, principalmente, del cultivo de estas plagas en nuestro interior.
Cargamos muchos de estos pecados dentro de nosotros; algunos, incluso, los tienen todos sumamente activos y arraigados. Y resulta muy difícil reconocerlos en uno mismo.
Cuanto mayor es tu nivel de conciencia, más activas el llamado giro de 360 grados de percepción, el cual te permite purgar y expulsar desde tu interior —desde tu ego— esas emociones nocivas que van contaminando tu cotidianidad y tu destino.
Al tomar conciencia y trabajar la raíz que originó el anclaje de los siete pecados capitales en nosotros, logramos transformaciones positivas extraordinarias. Principalmente, porque, cuando uno o todos estos pecados se activan en nuestro organismo, se ramifican en un sinfín de enfermedades psicosomáticas que acarrean un profundo sufrimiento.
El trastorno obsesivo-compulsivo y las patologías psíquicas más densas —como el trastorno bipolar— nacen de una sobrecarga de informaciones y cargas negativas que se van instalando hasta poner a nuestra mente a trabajar en nuestra propia contra. Pongámoslo de esta forma: los siete pecados capitales son los excesos de todo aquello que no sirve y que cargamos innecesariamente, como basura acumulada que debió desecharse hace mucho tiempo y que nos negamos a soltar.
Al tomar conciencia de estas patologías psicoemocionales —los siete pecados capitales alojados en nuestra psique— y observar los bloqueos que nos provocan sus excesos, estarás en condiciones de enfrentar tus problemas con madurez. Mirar cara a cara a tus miedos, a tus monstruos y a tus propios demonios internos es la única manera real de vencerlos y conquistar la vida que verdaderamente deseas vivir.

Uno de los casos más estudiados y documentados en la historia de la parapsicología es el de la rusa Nina Kulagina: se hizo mundialmente famosa por lograr mover pequeños objetos a distancia utilizando únicamente el poder de su mente. Pero ¿qué es verdaderamente la psicocinesis?
Es la capacidad que tiene un individuo para desplazar e interactuar con cualquier objeto físico mediante la fuerza concentrada del pensamiento. Se trata de una habilidad inherente a la biología del ser humano. Puede desarrollarse mediante entrenamiento o manifestarse de forma espontánea durante la infancia y en la transición hacia la adolescencia. Algunas personas despiertan esta capacidad en esa etapa de la vida; sin embargo, debido a la ignorancia o a la falta de información seria, a menudo recurren a personas fanatizadas que les dicen que eso «es cosa del demonio» o una manifestación maligna. A partir del instante en que ese don se canaliza a través del miedo, se desata un descontrol caótico de frecuencias, ya que estamos ante un individuo con la capacidad real de plasmar su mente sobre la materia. Si un niño o adolescente vive en una familia dogmática donde le aseguran que son fuerzas oscuras las que actúan en la casa, ¿qué ocurrirá con él? Preso del pánico, emitirá frecuencias desordenadas que generarán mayores disturbios: caerán piedras, se desatarán fenómenos poltergeist, golpes en las paredes, fuegos espontáneos y todo tipo de anomalías físicas alimentadas por su propio terror.
Lo ideal cuando estas manifestaciones surgen en la niñez o pubertad —etapas donde las hormonas están en plena efervescencia y la mente aún no ha sido del todo contaminada por el sistema— es educar y orientar al joven para que aprenda a canalizar esa habilidad paranormal hacia el bien y la creatividad.
Cualquier joven puede generar una frecuencia constructiva si se le motiva a vivenciar estos dones de manera afirmativa y natural. Es fundamental no infundirle miedo, no atribuirlo a espíritus malignos ni inventar que hay entidades oscuras drenándole la energía.
Educando la mente del niño y acostumbrándolo a emitir frecuencias positivas, despertará lo mejor de su potencial. De hecho, todos nuestros niños deberían ser educados bajo esta luz: nuestros hijos, nuestros nietos y todos los que crecen a nuestro alrededor, para que despierten sin traumas esa frecuencia positiva y ese don parapsicológico que muchos portan. Se le suele llamar «paranormal» o «sensitivo» porque fueron las etiquetas que la sociedad les asignó a quienes manifiestan estas capacidades; sin embargo, es un término incompleto: en verdad, debería llamarse simplemente capacidad o don humano. En un análisis profundo, un psicocinético se sitúa en la misma escala técnica de habilidad que un violinista profesional: son dos destrezas extraordinarias que pertenecen al potencial de la mente humana.
La mente no tiene límites; cuando le impones barreras a la conciencia, el individuo queda condenado a habitar una prisión psicológica y emocional asfixiante, y eso no le sirve a nadie. La capacidad mental humana fue diseñada para derribar muros: cuantas más barreras logres romper y comprender elevando tu nivel de conciencia, más relevante será tu paso por la Tierra, mayor respeto profesarás hacia los demás y más fuerte serás para hacer de este mundo un lugar luminoso y justo.
Tengo la certeza de que el ser humano fue concebido para encender todo su potencial y experimentar el máximo de su vitalidad, sin limitarse, intimidarse ni sumirse en la angustia. Cuando un adulto le repite a un niño que es tonto o incapaz, introduce en su joven cerebro una programación nefasta que destruirá su desarrollo, castrando todo su potencial.
Imaginemos por un momento: tenemos cinco sentidos físicos y los usamos bastante mal... Si utilizáramos nuestra capacidad mental con verdadera profundidad y pusiéramos en juego nuestro potencial al máximo, la vida fluiría con una libertad asombrosa. La existencia podría ser infinitamente más próspera; pero depende de nosotros, los adultos que estamos estudiando e investigando, despertar en los más jóvenes lo mejor que habita en ellos: ya sea la facultad de percibir más allá de lo visible, movilizar bioenergía a distancia, sanar a las personas o interpretar con maestría un violín.
Cuando se inculca la creencia de que todo esto es fantasía, que nadie posee estos dones y que todo son «cuentos de hadas», se erige un bloqueo mental que contagia a todo el entorno, impidiendo que la gente conquiste lo que es capaz de lograr. Por eso es indispensable investigar y estudiar con rigor para transmitir la información de forma correcta. Un profesional de la medicina, en principio, solo está acreditado para hablar de medicina convencional porque fue lo que estudió y donde tiene conocimientos. No puede, por ejemplo, sentenciar con arrogancia que el cuerpo humano no emite ciertas frecuencias o energías sutiles simplemente porque jamás profundizó en la parapsicología ni en la metafísica del potencial humano. Muy pocos médicos se atreven a admitir que el ser humano es un ser extraordinario, lleno de capacidades dormidas que puede activar en cuanto se lo propone.
Cuando al ser humano se le encierra dentro de un corral de información restringida, pasa a engrosar la masa manipulada por los medios de comunicación a través de toda esa sarta de mentiras que proyectan a diario: una raza entera viviendo aterrada, autodestruyéndose, comiendo basura, arrastrando un sufrimiento tras otro y sucumbiendo al peor de todos los males modernos: la depresión. Eso es exactamente lo que las cúpulas del poder mundial querían que desarrolláramos.
Jamás desearon que despertaras tu capacidad psicocinética ni que comprendieras que tu mente tiene la potestad de interactuar con la materia y realizar actos extraordinarios. ¡Eso no! El objetivo de quienes mueven los hilos del mundo es que caigamos en un pozo de depresión tan hondo que perdamos todo entusiasmo, alegría y voluntad por vivir. Como me dijo una vez un gran amigo: «Busca el conocimiento, porque en el instante en que conquistes el conocimiento real, saldrás para siempre de la mazmorra donde te mantuvieron encarcelado».

Un grupo de investigadores perteneciente a Dakila Pesquisas lleva muchos años realizando un minucioso estudio sobre las ondas cerebrales. La ciencia tradicional sostiene que en un individuo común estas ondas, en estado beta, se sitúan en una aceleración de entre 12 y 15 ciclos por segundo (Hertz), y que por debajo de ese rango se ingresa en estado alfa. Sin embargo, este equipo de investigadores llegó a la conclusión de que las ondas cerebrales más aceleradas —por encima de los 14 ciclos por segundo y alcanzando hasta los 27 ciclos por segundo— otorgan al ser humano condiciones reales para interactuar bioenergética y directamente sobre la materia física.
Descubrieron además que no bastaba con acelerar las ondas cerebrales hasta agitarlas: debían estar rigurosamente coordinadas y organizadas en el momento de su emisión. Porque las ondas cerebrales de una persona con esquizofrenia también son rápidas, pero son caóticas y desorganizadas, lo que provoca delirios, alucinaciones y conflictos severos. En cambio, una persona con ondas cerebrales elevadas, aceleradas y perfectamente sincronizadas puede expandir su energía de forma consciente hasta alcanzar percepciones mentales infinitamente superiores a la media, logrando interferir y actuar de forma directa sobre la materia.
Al constatar este fenómeno, los investigadores de Dakila profundizaron en sus estudios y descubrieron que, acelerando de forma armónica las ondas cerebrales, el ser humano se vuelve más coordinado, más activo, más vital y que esto constituye la clave para sanar múltiples desórdenes emocionales y desequilibrios psíquicos. Cuanto más activo y vital se mantiene un individuo —realizando actividad física constante y cuidando su salud biológica—, más se eleva su capacidad mental. Así, gradualmente, sus ondas cerebrales se expanden y la persona, además de gozar de una salud de hierro, conquista un razonamiento veloz, una agudeza lógica extraordinaria y la capacidad de percibir y sentir frecuencias sutiles con muchísima mayor profundidad que alguien atrapado en ondas lentas de entre 9 y 12 ciclos por segundo.
Se constató también que, al sostener ondas cerebrales elevadas, la estructura del pensamiento se vuelve sumamente avanzada en todos los órdenes: se cuestiona la realidad con mayor profundidad, se comprende el verdadero propósito de la vida, se busca conocimiento de vanguardia, se crean las condiciones para entender con empatía al prójimo y se entabla un diálogo mucho más constructivo y enriquecedor con los demás.
Por supuesto, para mantener estas ondas cerebrales en un rango elevado, equilibrado y bien regulado, existen métodos precisos: técnicas de entrenamiento físico, técnicas de reconfiguración mental hacia el pensamiento constructivo y disciplinas para no permitir que la mente caiga en círculos viciosos de drama emocional que saboteen tus metas.
Estas comprobaciones de Dakila recuerdan de forma muy gráfica a la célebre serie animada Dragon Ball Z, basada en el manga de Akira Toriyama, donde el protagonista, Goku, elevaba su estado mental y bioenergético transformándose en una nueva persona: un auténtico superhumano.
Si una persona con una capacidad de razonamiento, percepción y energía superior al promedio comienza a destacar, los mediocres dirán de inmediato que es una «anormal». Pero es precisamente ese tipo de personas el que hace que el mundo se transforme en algo mejor. Quienes vibran en un escalón inferior pretenden que el mundo permanezca estancado en la misma rutina mediocre de siempre; si solo hubieran existido mentes conformistas, la humanidad seguiría viviendo en la Edad de Piedra.
El diferente, el que busca, el que lucha por sus metas y experimenta en carne propia, siempre será tildado de loco o de insensato por la masa: es la regla habitual. A veces cuesta entender por qué quienes critican continúan haciéndolo con tanta terquedad, cuando a lo largo de la historia la vida siempre termina demostrando que estaban equivocados. Basta con mirar hacia atrás para ver cuántos pioneros fueron considerados locos en su época, y hoy el mundo entero utiliza sus inventos y descubrimientos. Fueron audaces, prosperaron, crecieron y dejaron un legado extraordinario en la Tierra. Lo mismo ocurre con estos nuevos colectivos científicos que demuestran que el camino no es quedarse paralizado: la propia medicina está en evolución, todo en nuestro universo avanza sin cesar, y cuanto más busquemos transformar nuestra realidad con hechos sorprendentes, muchísimo mejor para todos nosotros.
Ojalá existan muchísimas más personas diferentes en este mundo: con vocación para el estudio, con hambre de innovación y con la audacia de sumergirse en aquello que la ciencia oficial aún no ha explicado. Personas que construyan las condiciones para dar un verdadero salto cuántico. Porque de mentes retrógradas, de gente mezquina y de conformistas que solo repiten lo mismo, el planeta está saturado, y ellos no aportan ninguna evolución a la humanidad. Son los inconformistas, los rebeldes y los diferentes quienes abren el camino: aquellos que tienen visión de futuro, que no conocen el miedo y que se entregan por entero a la verdad.

Nuestro «yo del futuro» somos nosotros mismos el día de mañana. Por lo tanto, el llamado «yo superior» o «yo del futuro» vendría a ser yo mismo mañana. Para que mi yo del futuro sea un ser evolucionado, para que construya la estructura viva de lo que llegaré a ser en el futuro y que verdaderamente marcará una diferencia en la Tierra, tengo que comenzar a trabajar ahora. Este es el momento exacto de preparar el terreno para esa versión venidera.
Sabiendo que mi yo superior necesita un cuerpo sano y una estructura biológica óptima para estar bien y cumplir su misión cósmica, y teniendo claro que cuanto mejor me nutra con minerales, vitaminas y sustancias vivas —eliminando todas las toxinas posibles y desterrando los ultraprocesados de mi vida—, sosteniendo pensamientos elevados, emitiendo vibraciones positivas y estudiando con rigor para incorporar conocimientos sólidos que me impulsen a un salto evolutivo real, estaré forjando, día tras día, un «yo del futuro» superior y plenamente capacitado para cumplir la misión que me fue confiada y superar cualquier desafío que surja en el camino.
Para que mi yo actual se transforme en ese «yo superior», tengo que ponerme a trabajar con disciplina en ese objetivo. Mucha gente pasa la vida trabajando únicamente en sus proyectos laborales inmediatos o pensando qué carrera universitaria va a cursar... Muy pocos se dedican conscientemente a la edificación de su yo del futuro; y cuando alcanzan una edad avanzada —cuando se supone que ya deberían haberse convertido en esa versión superior—, ¿qué fue lo que realmente cambió en sus vidas? Mira hacia atrás y observa a las personas a tu alrededor: ¿cuántas de ellas han cambiado de verdad?
Observa a tus antiguos compañeros de escuela, a los amigos de tu adolescencia, y examina cómo están hoy: ¿construyeron de verdad su yo del futuro? ¿Alcanzaron algún avance evolutivo real? ¿Se transformaron en seres diferentes y lúcidos? ¿Lograron algo verdaderamente trascendente?...
Es facilísimo elegir y observar a cualquier persona a lo largo de diez años para constatar que su yo del futuro no cambió absolutamente nada... ¿Por qué ocurre esto? Porque la persona se queda estancada en el circuito vicioso de sus pensamientos repetitivos y no hace nada concreto para transformar su realidad: se pasa el tiempo quejándose, sumida en la frecuencia de la depresión, la amargura y las discusiones tontas en internet, cosechando enemistades, provocando roces desagradables y creyendo en mentiras que jamás la llevarán a ningún lado. En ese estado, la persona genera una carga energética infinitamente más nociva que constructiva. Piénsalo con honestidad: ¿cuántos amigos verdaderos has cultivado?, ¿con cuántas personas te has enemistado innecesariamente? Si sabes de antemano que tus palabras van a lastimar a alguien, ¿para qué decirlas? ¿Qué sentido tiene desgastarse defendiendo discusiones absurdas que no te aportan nada?
Lo inteligente es emitir una frecuencia que atraiga a tu vida amigos leales: personas que sumen, que te impulsen a evolucionar y que te ayuden a convertirte en un mejor ser humano. Así aprenderás a volverte más fuerte y a forjar un yo del futuro infinitamente más disciplinado. Visualiza con claridad cómo deseas que sea tu yo del futuro, establece una rutina de disciplina inquebrantable y transforma tu vida paso a paso hasta llegar exactamente a donde necesitas estar.
De este modo conquistarás un «yo del futuro» sano, rejuvenecido, alegre, poderoso y con la sabiduría necesaria para perfeccionar tu existencia. Con toda seguridad te librarás de la gran mayoría de las enfermedades que azotan a la humanidad hoy en día: esas patologías que están arrastrando a los seres humanos hacia la autodestrucción por pura falta de planificación consciente sobre su propia vida. Pregúntate con total sinceridad: ¿Quién eres tú?

Este término fue acuñado para describir a aquellas personas que se encuentran uno o más pasos por delante de lo que habitualmente consideramos «nuestro mundo». Son seres humanos con la capacidad de comprender, sentir y percibir la vida desde un ángulo extraordinario, logrando hacer cosas fuera de lo común. Por eso se les llama paranormales: porque están más allá de lo normal. Es una palabra antigua que todavía despierta gran curiosidad y debate cuando se menciona.
Un paranormal es aquella persona capaz de coordinar y sincronizar sus ondas cerebrales, dominar su mente e intervenir directamente en la realidad, provocando acciones controladas y conscientes según su propia voluntad.
Podríamos decir que el creador de una tecnología revolucionaria o de un teléfono celular innovador es un paranormal, porque fue más allá del promedio. Sin embargo, este término suele asociarse a quienes poseen facultades mentales extraordinarias, a pesar de que la ciencia oficial persista en desacreditarlas asegurando con arrogancia que se trata simplemente de trucos de magia o charlatanería.
En verdad, el sistema hace todo lo posible por desmerecer a quienes poseen habilidades mentales despiertas. Y esto ocurre porque hay intereses oscuros detrás: los seres humanos con capacidades sobresalientes, con fuerza mental e independencia de criterio, son considerados «peligrosos» para el poder, porque despiertan al planeta, transforman las estructuras y le muestran a la humanidad un propósito de vida infinitamente superior.
Imaginemos si todos nosotros lográramos manifestar todo nuestro potencial: capacidades físicas extraordinarias, memorización prodigiosa, la facultad de mover objetos con la fuerza de la mente, leer pensamientos o captar frecuencias sutiles en el ambiente. Este tipo de dones ha sido sistemáticamente reprimido y desaconsejado en la población, o encasillado en dogmas religiosos para ejercer un control estricto sobre estas personas despiertas.
Además, es común que se orquesten campañas de desprestigio contra ellas, porque cuando un individuo con facultades superiores habla y actúa, sacude la mente de los demás y los hace pensar... Y las cúpulas del poder mundial no quieren tener en el seno de la sociedad a personas inteligentes, lúcidas y con capacidades mentales por encima de la media.
Para los líderes mundiales resulta mucho más conveniente sostener una gran masa de maniobra fácilmente manipulable, a la que puedan engañar con constantes noticias falsas, memes y distracciones absurdas que enfrentan a un grupo contra otro. Cuanto más repetitiva y alienante sea la rutina diaria, mucho mejor para ellos. El ideal de los amos del mundo es que despiertes por la mañana, vayas al trabajo, salgas al bar y vuelvas a tu casa; y que al día siguiente el ciclo mecánico se repita. Ya sea en la rutina casa-bar-casa o en el circuito casa-trabajo-casa, se trata de una vida vacía y sin sentido... pero eso es exactamente lo que el sistema premia y fomenta.
Resulta escandaloso observar cómo agencias reguladoras como la ANVISA protegen y avalan productos como el cigarrillo, los refrescos cargados de azúcar, el alcohol y tantos otros venenos mortales. ¿Cómo es posible que un organismo que debería fiscalizar y defender la salud de los ciudadanos permita que sustancias comprobadamente cancerígenas y tóxicas se comercialicen libremente en nombre del lucro empresarial? Y lo más indignante es que los productos y terapias naturales sean perseguidos bajo el pretexto de que «no cuentan con aval científico», mientras las investigaciones serias sobre medicina natural se postergan mediante un boicot silencioso. El tabaco, por ejemplo —sobre el cual existen miles de estudios que demuestran de forma irrebatible que mata—, tiene vía libre para llenar los estantes de los bares y tiendas de cualquier rincón.
De igual manera, se estimula el consumo desmedido de alcohol para que la gente beba, beba y beba sin parar. Todo eso se financia y se promueve... pero la vida, la salud real y las cosas que verdaderamente dignifican al ser humano jamás son fomentadas. No se enseña en las escuelas a tratar con respeto y empatía al prójimo, no se enseña a armonizar el hogar ni a entrenar la mente para descifrar nuestro propio circuito existencial. No existe el menor estímulo para que crezcas y te sientas un ser completo y soberano.
Por el contrario, se financia la decadencia. Nosotros deberíamos ser guiados por frecuencias elevadas y por personas que verdaderamente busquen el bien común. Pero los organismos públicos y reguladores solo generan trabas que no benefician a la población. Los pioneros, los exploradores que tienen la valentía de alzar la voz, de poner el grito en el cielo y de mostrar un camino diferente son perseguidos y marginados socialmente. Y esto le sucede incluso a los médicos que piensan fuera del dogma oficial y buscan innovar para salvar vidas. Es muy triste constatar que aquello que nos hace evolucionar sea tachado de peligroso.
Pero a partir del momento en que despiertas y comprendes que puedes vivir de una forma infinitamente más plena —siguiendo un sendero donde no aceptas pasivamente dogmas que contradicen lo que has comprobado por ti mismo—, comienzas a avanzar.
Existen facultades mentales verdaderamente extraordinarias y nuestro organismo está dotado de miles de ellas. Esas capacidades residen en tu interior y, con entrenamiento constante y disciplina, las vas a activar. Busca el entendimiento en aquello que enciende tu alma, toma todo tu potencial latente y demuestrate a ti mismo que vas a realizar cosas extraordinarias en todos los sentidos, porque así lo has decidido.
El dueño de tu vida eres tú: quien la hará crecer eres tú. Solo tú tienes la potestad de llevar tu existencia hacia donde deseas. ¡Toma esa fuerza y utilízala a tu favor!

Nuestro cuerpo físico está constituido por materia y energía. Esa materia se forja a partir de todo aquello con lo que nos alimentamos; y todos los nutrientes que ingerimos se integran a nuestro organismo, creando condiciones de salud óptimas o francamente perjudiciales. Todo tipo de toxina que el cuerpo almacena, consume o experimenta en el día a día —como ocurre con las toxinas emocionales— va componiendo la estructura de nuestro cuerpo físico. Y, con frecuencia, la acumulación excesiva de toxinas en el organismo desata graves desequilibrios biológicos.
Al estar modelado tanto por factores nutricionales como por procesos emocionales, el cuerpo físico genera también determinadas vibraciones y energías sutiles que se somatizan y pasan a formar parte constitutiva del individuo.
Una persona puede lucir un cuerpo aparentemente atlético y sano; pero si no armoniza su energía y descuida el entrenamiento de su mente, terminará atrayendo cargas energéticas nocivas que interferirán silenciosamente en su cotidianidad. Esto perjudicará su rendimiento laboral, su vida personal, su equilibrio emocional y su capacidad de discernimiento.
Llega un punto en el que esa materia energética descompensada comienza a golpear directamente al organismo físico: engendra patrones caóticos de dolores crónicos, tensión en órganos y tejidos, y un desgaste celular acelerado, hasta llegar a interferir de manera decisiva en el funcionamiento del cerebro. Y como la mente tiene la capacidad de actuar directamente sobre la materia —y en este caso actúa sobre el propio cuerpo físico del individuo—, si esa materia biológica se encuentra saturada de toxinas, se crea el caldo de cultivo ideal para las enfermedades mentales más destructivas. Es el instante en que toda clase de obsesiones, adicciones, irritabilidad extrema, desbordes emocionales y fobias encuentran refugio.
Si el individuo consume drogas, alcohol o satura su cuerpo con acidulantes y químicos industriales, genera un patrón vibratorio completamente caótico y desorganizado. Ese patrón distorsionado atraerá a su vez energías desestabilizadoras del entorno... provocando interferencias constantes en su vida diaria y dañando las capas de nuestro campo áurico. El campo áurico envuelve nuestro cuerpo como si fuera una «cáscara de huevo» protectora a nuestro alrededor. Este «huevo áurico» cumple miles de funciones determinantes: sirve para protegernos, para filtrar la energía, para elevar la conciencia y para sostener todo nuestro proceso evolutivo. Y cuando esta envoltura energética es invadida por frecuencias negativas persistentes, comienza a agrietarse y romperse. Este desajuste en el campo áurico, cuando se cronifica, descalabra profundamente la existencia de la persona, llevándola —¡aunque parezca increíble!— hasta el colapso y la muerte física prematura. Por eso es indispensable forjar condiciones para que el cuerpo físico se mantenga siempre limpio y sano.
Un consejo excelente para drenar el exceso de sobrecarga energética del organismo es, de vez en cuando, poner los pies descalzos en la tierra para descargar esas tensiones electrostáticas que flotan en el ambiente. Sostener pensamientos constructivos ayudará al individuo a recuperar el autocontrol. Hacer un autoanálisis riguroso de lo que te está sucediendo por dentro es igualmente fundamental. Y, mientras conserves lucidez mental, debes hacer todo lo que esté a tu alcance para plantar los pies con firmeza en la tierra y asumir el control total de tu propia vida: porque en el momento en que eres dueño de tu destino, comienzas a transitar un sendero de equilibrio real en tu camino hacia la evolución.
Si consumes drogas, alcohol, tabaco o comida ultraprocesada cargada de acidulantes, químicos sintéticos y conservantes... todo aquello que destruye tu cuerpo físico destruirá también tu campo áurico. ¡Despréndete de eso! Líbrate de las toxinas, de las sustancias nocivas y de los hábitos destructivos. Devuélvele el equilibrio a tu mente, y tu cuerpo áurico y tu campo bioenergético recuperarán su armonía. En ocasiones, rearmar este balance toma meses de disciplina.
Y si para los adultos mantenerse en equilibrio resulta una tarea titánica, imaginen lo que ocurre con nuestros niños, quienes lamentablemente consumen enormes cantidades de refrescos y gaseosas industriales. Lo digo con tristeza, porque los refrescos tienen la capacidad de descontrolar la frecuencia del sistema glandular infantil y causar estragos en su biología: desatan resistencia a la insulina, diabetes, obesidad temprana y una sensación constante de pérdida de autocontrol. Por eso es vital detenerse, reflexionar y buscar conscientemente ese dominio. Solo así el campo áurico podrá recobrar su forma armónica, luminosa y protectora.

¿Qué es la transmutación? ¿Acaso un ser humano podría experimentar una transformación total de su conciencia, alcanzando la cúspide de su evolución en una sola existencia?
Teóricamente, existe un ciclo universal denominado ciclo de ondas moduladoras. Este ciclo ocurre cada 5.125 años, según las investigaciones de Dakila Pesquisas (un colectivo de investigadores dedicado a descifrar estos ciclos universales). Estas ondas moduladoras o cósmicas atraviesan la Tierra, facilitando que aquel individuo que ya se encuentra en una búsqueda avanzada de crecimiento y transformación —con el anhelo de alcanzar un estándar superior— conquiste ese estado y logre, de hecho, una evolución total del cuerpo físico, de la mente y del espíritu. La transmutación es la metamorfosis acelerada del cuerpo físico que otorga el control absoluto de la mente sobre la materia. Este proceso se desata cuando el individuo entra en una resonancia energética tan colosal que sus células comienzan a vibrar a una velocidad cuántica infinitamente más intensa, actuando de forma directa sobre toda la materia. Es evidente que, para acceder a esta apertura, el individuo necesita sostener una conciencia elevada, un pensamiento amoroso y una comprensión profunda de la realidad, conquistando la transformación total de su estructura mental.
Sin embargo, cuidar únicamente la parte física no basta. Para alcanzar la evolución transmutativa es indispensable gozar de una salud biológica perfecta y de una excelente capacidad física, libre de grasa abdominal o grasa corporal en exceso, porque la grasa actúa como un aislante energético que bloquea el flujo de las cargas bioeléctricas de abajo hacia arriba y de arriba hacia abajo. Y son precisamente esas corrientes eléctricas las responsables de detonar el gatillo celular para que las células comiencen a multiplicarse bajo un patrón vibratorio superior, permitiéndole al individuo transformar su biología física en vida para modular la energía y acceder a dimensiones y universos más evolucionados que el nuestro.
Esta energía modular transmutativa está impregnando actualmente al planeta entero, pues la época que estamos atravesando —donde toda la humanidad es bañada por esta frecuencia— corresponde al actual ciclo de ondas moduladoras. No obstante, de nada sirve que la Tierra sea bañada por esta energía si las personas desconocen la existencia de este proceso, ignorando que fuimos manipulados durante eras enteras para no percibir estos ciclos de transformación cósmica en los que podríamos alcanzar la máxima realización en todos los planos.
Pero para alcanzar ese nivel, como ya se explicó, es imprescindible conquistar un nivel de apertura consciente y de discernimiento ante el cambio. Una persona tramposa, egoísta, que busca lastimar o maltratar a quienes la rodean y que carece del compromiso de servir a la humanidad, jamás logrará sintonizar esta frecuencia. Porque el juez y evaluador de esta transformación no es un ser exterior venido de otro universo a juzgarte... ¡No!: ¡Eres tú mismo! Eres tú el único responsable de evaluar si tus actos son verdaderamente coherentes con ese nivel de conciencia y si estás preparado para sobreponerte a la ignorancia, la maldad, la estupidez, la arrogancia y a todas las bajas pasiones que arrastra la masa.
Comúnmente no somos conscientes de estas enfermedades emocionales que nos asfixian: pasamos la vida juzgando a los demás, preocupándonos más por la vida ajena que por la nuestra, y codiciando el poder o la conciencia del prójimo antes que trabajar en nosotros mismos... Juzgamos a todo y a todos a nuestro alrededor, colocando siempre al otro como el equivocado y a nosotros como el modelo absoluto de rectitud. En ese punto, nuestra conciencia se vuelve todavía más ciega y atrasada, porque quien juzga suele ser el más ciego: aquel incapaz de mirarse su propio ombligo, sus propios pies y su propia miseria interior. Y cuando no eres consciente de tu propio estado, no cambias, no te transformas ni tomas ninguna acción real.
Vivimos inconscientes de todo, creyendo erróneamente que tener espiritualidad es ser el «santito» ingenuo de la historia que traga entero, se calla ante el abuso y lo aguanta todo sufriendo en silencio; sin comprender que necesitamos una transformación integral en todos los sentidos: en nuestro plano financiero, en nuestro mundo mental, afectivo, biológico y bioenergético.
Un transmutado es una persona con la capacidad mental de atravesar paredes físicas, levitar, proyectarse y moldear la energía a voluntad: un ser completamente diferente. Pero ¿quién, a excepción de los maestros y seres míticos conocidos a lo largo de los milenios, ha conquistado esta proeza dominando estas energías y trascendiendo la condición humana ordinaria? Los sensitivos y paranormales lograron desarrollar destrezas mentales en escalas muy pequeñas, y aun así fueron perseguidos y castigados por el sistema: se les catalogó como brujos, santos, médiums o charlatanes para humillarlos y construir un cerco que ocultara la grandeza de lo que realmente estaba sucediendo en su biología.
Un paranormal que despierta sus facultades mentales no es superior ni más digno que los demás: eso es falso. Es simplemente alguien que, al entrenar sus capacidades, expande su conciencia y rompe con la mediocridad en la que fue sumergida la humanidad. Es un hecho que quien eleva su nivel de conciencia adquiere capacidades extraordinarias porque está transformando su propia estructura atómica; pero este es un viaje solitario e intransferible donde cada uno debe detenerse a reflexionar, sentir y forjar su propio templo.
Si hoy existen fuerzas universales que impulsan esta gran transformación y de las cuales todo ser humano en la Tierra es merecedor según sus actos y su coherencia ética, ten por seguro que quien se prepare sintonizará con esta frecuencia. ¡Qué extraordinario sería que existieran millones de personas conscientes, amorosas, lúcidas y plenas, con facultades totales para beneficiar a la humanidad entera y a este universo, erradicando para siempre las guerras, el odio mezquino y los rencores pregonados a los cuatro vientos por cualquier motivo!
El mundo nos empuja a tener enemigos, cuando la verdadera ley de la vida es conquistar amigos y multiplicarlos por millones para crecer y ser felices juntos. Esta energía transmutativa depende exclusivamente de ti: es un proceso individual en el que cada ser humano busca su evolución día tras día, segundo a segundo, en la transformación diaria, en la disciplina inquebrantable de sus pensamientos constructivos y en la determinación de convertirse en una persona fuerte, libre y evolucionada.

«Para poder comprender verdaderamente lo divino, el primer paso indispensable es tener la valentía de desaprender todo lo que nos enseñaron sobre Él».
Dios no te ama. Posiblemente, esta sea la afirmación más incómoda y desconcertante que vayas a leer hoy; pero antes de cerrar este texto o emitir un juicio apresurado, tómate un momento de reflexión honesta. No se trata de atacar la fe de nadie, sino de cuestionar de raíz una idea infantil que nos fue impuesta desde niños: la creencia de que somos cuidados y protegidos por un padre celestial intervencionista y todopoderoso que maneja nuestra vida a su antojo.
Si ese dios fuera el padre sobreprotector que nos pintaron, ¿cómo se explica el sufrimiento atroz e injusto en el mundo? Cualquier padre humano, aun con todos sus defectos, haría lo imposible por evitar el dolor de un hijo inocente. ¿Por qué ese dios no interviene cuando la gente más lo necesita? Este dilema no expone una falla en la divinidad, sino que deja al descubierto la falsedad absoluta de la imagen antropomórfica que las religiones construyeron sobre Dios.
Cuando piensas en Dios, ¿qué figura aparece en tu mente? ¿Un anciano bondadoso en un trono, un rey soberano o un juez severo vigilando cada uno de tus tropiezos para castigarte o premiarte? La mente humana, incapaz de lidiar con lo infinito y con lo desconocido, recurrió al antropomorfismo: tomó las virtudes, defectos, rencores, celos y necesidades emocionales del ser humano, los multiplicó por un millón y les estampó la etiqueta de «Dios». Creamos un dios a nuestra imagen y semejanza; un pez gigante intentando explicar al ser humano creyendo que todo en el cosmos es un pez que vive en el agua.
Al atribuirle emociones humanas a Dios, caemos en una trampa peligrosa: dejamos de hacer las preguntas que realmente importan. Si ocurre una tragedia, la gente se cruza de brazos y dice: «Fue la voluntad de Dios», o «Dios sabe lo que hace». Nos llenamos la boca repitiendo frases vacías como «Dios proveerá» y pasamos la vida entera esperando a un superhéroe cósmico que venga a resolver los problemas que nosotros mismos creamos. En otras palabras: tercerizamos nuestra propia responsabilidad.
Incluso el amor que conocemos en este plano está cargado de apego, proyección, celos y miedo a la pérdida. Proyectar ese amor humano e inmaduro sobre lo divino es un error garrafal. Dios no es un ser humano con superpoderes ni una figura masculina dictatorial: Dios es el fundamento mismo de la realidad, un campo creativo inmanente, una inteligencia en movimiento y una onda moduladora que lo sostiene y lo permea todo. Dios no tiene género masculino; abarca el principio femenino y el principio masculino como polaridades complementarias: una Pareja Creadora primordial que es el origen de la vida y que no cabe en etiquetas dogmáticas.
Dios opera como las leyes universales: actúa de la misma forma en que actúa la naturaleza. La naturaleza no tiene preferencias, no se enoja, no se venga ni abre excepciones milagrosas para salvar a unos y destruir a otros: es una ley universal exacta. De la misma manera, la divinidad no interfiere para concederte caprichos individuales ni para que tu equipo de fútbol gane un partido o tu político favorito gane una elección. Creer que Dios decide quién nace millonario y quién muere de hambre en la miseria es una aberración del ego humano. Dios no cabe en deseos particulares ni en sentimentalismos: Dios es la existencia en sí misma; el campo de armonía absoluta que permite que todo sea.
El sufrimiento humano, por lo tanto, no es un castigo divino ni una prueba de desamor: es la consecuencia lógica de sostener una postura mental, emocional y biológica que vibra en total desarmonía con la estructura viva del universo. Duele precisamente porque va a contramano de la naturaleza de la vida.
Cuando el relato bíblico menciona que fuimos hechos a imagen y semejanza del Creador, y cuando Jesús afirmó «Ustedes son dioses», no se trataba de una metáfora poética, sino de una verdad literal: una chispa viva de esa conciencia cósmica y de ese poder creador habita dentro de tu propia mente. Eres tú quien tiene la potestad y la fuerza para moldear tu realidad material y energética.
Es absurdo arrodillarse a pedirle a Dios que acabe con la pobreza o la violencia en el mundo cuando somos nosotros quienes cruzamos la calle para no ayudar al necesitado, quienes destilamos odio en redes sociales y quienes aceptamos pequeñas corruptelas a diario. La pregunta honesta que debemos hacernos no es «¿Por qué Dios permite el sufrimiento?», sino: «¿Por qué lo permito yo?».
Basta de usar a Dios como un escudo psicológico contra el miedo a la muerte y a la incertidumbre. Buscar el conocimiento real no es sustituir un dogma viejo por una certeza ciega nueva; es tener la humildad de cuestionar lo establecido, derribar las mentiras del ego, investigar por cuenta propia y asumir con valentía el control total de nuestra existencia.
Dios no te ama bajo la mirada pequeña y posesiva del amor humano; pero tú formas parte indivisible de su campo vivo de creación. Despierta a esa fuerza, sal de la pasividad, toma la responsabilidad en tus manos y busca la mejor versión de ti mismo.

«Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos». ¿Cuántas veces has escuchado esta frase a lo largo de tu vida? Seguramente infinidad de veces. Y cuando no era esa, eran sentencias como: «El dinero es la raíz de todos los males», «Es imposible prosperar honestamente en este país», o «Para que uno gane, otro tiene que perder».
Desde que nacemos fuimos programados sistemáticamente para rechazar el dinero a través de la repetición constante de frases aparentemente inofensivas. Hasta el día de hoy, millones de personas se niegan a prosperar de manera inconsciente porque están encadenadas a condicionamientos infantiles de carencia: en cuanto se topan con una oportunidad real de crecer económicamente, experimentan miedo, culpa y un profundo sentimiento de no merecimiento, saboteándose a sí mismas solo para mantenerse leales a su programación mental de escasez.
¿Y si te dijera que todas esas creencias implantadas en la mente humana son, en realidad, una estrategia deliberada de ingeniería social para mantenernos esclavizados en un sistema económico artificial? ¿Y si te demuestro que el culto a la pobreza es una auténtica herejía contra nuestra verdadera naturaleza creadora?
El dinero no es un pedazo de papel impreso ni un número en una aplicación bancaria: el dinero es una frecuencia viva. Es una energía tan natural en este universo que, si no estás logrando generarla en tu vida, es porque hay un cortocircuito grave en tu estructura mental. Y hoy vamos a derribar una de las mayores mentiras de la historia: aquel personaje histórico que nos vendieron como el ícono absoluto de la miseria y los pies descalzos —Jesús de Nazaret—, de pobre no tenía absolutamente nada.
Hagamos un ejercicio de honestidad histórica: en la época feudal o en el régimen esclavista colonial, ¿qué recibía un esclavo a cambio de trabajar de sol a sol bajo castigos brutales? Recibía un techo precario en la barraca, una comida de pésima calidad apenas suficiente para no desfallecer y unas pocas horas de sueño para recuperar el cuerpo y repetir la faena al día siguiente.
Ahora observa el salario mínimo legal de nuestra sociedad actual: ¿cuál es la diferencia de fondo entre aquel modelo exploratorio y el salario básico del trabajador moderno? El salario mínimo apenas alcanza para pagar una vivienda precaria, comprar comida procesada que no llega a fin de mes y dormir unas horas para volver a marcar tarjeta a la mañana siguiente. El sistema esclavista jamás desapareció: simplemente se actualizó, se legalizó y se disfrazó bajo un esquema burocrático.
Para entender cómo opera esta trampa, recordemos la historia del buey: el buey es un animal inmensamente fuerte y poderoso, pero permanece encerrado dentro de un cerco de alambre porque desconoce por completo su propia fuerza. Si el buey fuera consciente de su poder, derribaría la cerca de una embestida y saldría a vivir en libertad. Pero al carecer de conciencia, permanece en el corral sirviendo a los intereses de los hacendados, hasta terminar en el matadero.
Cuenta la historia que, en una hacienda, los bueyes comenzaron a despertar: se dieron cuenta de que eran miles frente a un puñado de hacendados y que, si se unían, podían desmantelar el sistema en un segundo. Los hacendados, al notar la rebelión inminente, convocaron a una asamblea urgente. El líder de los hacendados propuso: «No podemos soltarlos porque quebraríamos de inmediato; pero tampoco podemos mantener los látigos visibles. Démosles la sensación de libertad: creemos una recompensa mínima —y llamémosla expresamente "mínima" para que graben en su subconsciente que solo merecen lo mínimo—, démosles un día libre para pasear por otros corrales y pongamos a nuestros intelectuales a predicarles que desear más recompensa es pecado, que el dinero es sucio y que quien aspire a la abundancia se irá al infierno de los bueyes». Los bueyes aceptaron fascinados el nuevo régimen creyendo que habían conquistado su libertad, quedando atrapados en una esclavitud mucho más letal: la esclavitud de las cadenas mentales.
Esa misma ingeniería social gobierna nuestro mundo a través de tres grandes grilletes psicológicos:
Analicemos la evidencia histórica y textual que desmorona esta farsa:
Jesús dominaba la estructura atómica de la materia: transformaba el agua en vino, multiplicaba panes y peces, restauraba la salud celular y dominaba la transmutación. ¿Qué dificultad tendría una conciencia de ese calibre para generar oro o abundancia? Ninguna. La escasez jamás formó parte de su mensaje.
Debemos sacudirnos de una vez por todas las narrativas de control diseñadas para castrar nuestro potencial. Tenemos el deber ético y evolutivo de generar prosperidad, porque estamos en esta tercera dimensión para aprender a dominar todas las frecuencias universales.
El dinero es una energía sagrada por una razón fundamental: el dinero compra tu libertad. A través de los recursos materiales recuperas tu tiempo; y solo un ser humano dueño de su tiempo tiene el espacio mental, biológico y espiritual para dedicarse a lo más trascendente de la existencia: la búsqueda y la conquista del conocimiento.
Sintoniza tu mente en la frecuencia de la abundancia, desmantela los grilletes del miedo y la culpa, toma el control de tu economía mediante la acción y el valor real que aportas al mundo, ¡y sé la mejor versión de ti mismo!

Espero que hayas disfrutado de todo el conocimiento compartido en este e-book. Que esta información haya tenido un impacto positivo y haya transformado tu vida en tu búsqueda por convertirte en la mejor versión de ti mismo.
¡Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí!
